domingo, 13 de abril de 2014

Perfil típico del gobernante sudamericano

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Elecciones Votación

Administrar una nación no es una tarea para cualquiera. Si bien no hace falta contar con un título universitario, tampoco es suficiente tener una buena llegada a los encargados de confeccionar una boleta electoral.

Vale la pena aclarar que en algunos países las listas de candidatos se arman a dedo, se ejerza más presión o se provoque más miedo.

Pocos líderes políticos latinoamericanos tienen en cuenta que el candidato ideal para conducir un Estado debería poseer cierto sentido común, criterio, inteligencia, capacidad, idoneidad, sagacidad, picardía, honestidad, moral, ética, un pensamiento amplio y crítico, y ser solidario, entre tantas otras virtudes.

Está claro, entonces, que con un diploma de abogado, médico, contador o ingeniero no es suficiente.

Imaginemos, por caso, lo que significa manejar una familia numerosa o un edificio de departamentos y fantaseemos con extrapolar esa pequeña célula a una nación de, digamos, unas 40 millones de personas.

Sin embargo, hay quienes están convencidos que están habilitados para ser presidente por el solo hecho de que el destino los depositó en una banca de legislador, o porque pasaron sin pena ni gloria por un cargo de gobernador, o porque le declararon fidelidad eterna y absoluta a cierto caudillo o tuvieron la fortuna de haberse casado con cierta persona.

El poder enamora, atrapa y enceguece, no hay dudas.

Pero para ser presidente hace falta más. De lo contrario, ocurre lo que sucede desde hace años en, por lo menos, media docena de naciones sudamericanas. Y aquellos que a menudo afirman que fueron ungidos por la voluntad popular en elecciones democráticas, seguramente no habrían sido electos si hubieran tenido la valentía de someterse a una elección interna en su propio partido.

Y cuando finalmente llegan a ese sillón tan codiciado se rodean de personas a las que no les permiten opinar, pensar ni planificar. Sólo tienen que obedecer órdenes y sostener cualquier argumento, por más ridículo que éste sea. En la Argentina, por ejemplo, esta situación es ampliamente conocida.

Mandatarios que no tienen un plan de gobierno más allá de hoy o de mañana, y que cuando los problemas estallan en todos los frentes acuden a la cadena nacional de radio y televisión para ajustar el huso horario o para entregarle un premio a una figura que ni siquiera vive en el propio país. Aprendieron rápido a acusar al mundo entero cada vez que tienen problemas internos y/o externos.

En fin, sólo piensan en sí mismos.

Twitter: @HernanHaines

Foto: Flickr – Prensa SantCugat (CC)