martes, 22 de abril de 2014

Sobre la juramentación de los diputados del PQ, la lealtad a la Reina y las paradojas de Canadá

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Stephan Bedard PQ

“Yo, Stephane Bédard, declaro solemnemente que seré fiel y tendré lealtad a Su Majestad la Reina Isabel II…”

Se podría decir que Canadá es una nación noble. Conocido por su apertura y su afán por siempre defender los derechos individuales, el país muchas veces se convierte en una fuente inagotable de paradojas.

Una de ellas tuvo lugar este martes y lo ha tenido en promedio cada cuatro años desde 1970, cuando el Parti Québécois logró elegir sus primeros diputados al parlamento provincial.

Este martes, Stéphane Bédard, líder parlamentario del golpeado PQ, luego del 7 de abril, lideró la ceremonia de juramentación de los 30 diputados pequistas que conformarán la oposición oficial durante los próximos cuatro años.

Las palabras de Bédard, repetidas por cada uno de los diputados, son una gran paradoja viniendo de la boca de políticos cuyo principal objetivo es hacer de Quebec un país, para desvincularse por completo del «yugo colonialista» de Canadá y su jefa de Estado, la Reina de Inglaterra, una figura que desprecian por considerarla anacrónica.

Una paradoja que uno de los diputados, Bernard Drainville, haya juramentado su lealtad a la Reina, quien además tiene el título de dirigir la Iglesia de Inglaterra, faro que guía a la comunión anglicana. Paradoja que la lealtad venga de Drainville, un diputado que pasó los últimos seis meses buscando imponer una laicidad en la provincia que le valió críticas de muchos organismos.

Es una paradoja que se esconde detrás de pequeños detalles. En el hecho de que el PQ no ponga la bandera canadiense en el Salón Rojo de la Asamblea durante la ceremonia. En detalles como la voz con la que los diputados pasan rápidamente la juramentación a la Reina antes de enfocar sus esfuerzos en la segunda parte del texto que leen, con el cual “declaro bajo juramento que seré leal al pueblo de Quebec y que ejerceré mis funciones como diputado con honestidad y justicia dentro del respeto a la constitución de Quebec”.

Una paradoja que se magnifica cuando se mira a la política federal, donde el Bloc Québécois cumple una labor similar a la de su hermano provincial. Bajo el concepto de “defender” los derechos de Quebec en Ottawa, el BQ ejerce sus labores bajo ese aparataje político heredado de los ingleses, participa en los debates antes de las elecciones e incluso, hasta 2011 –año en que fue casi barrido del mapa- contaba con la mayoría de apoyo en la provincia.

Todo a pesar de tener un rechazo total al sistema federal y a Canadá como país, el cual no consideran suyo.

Los diputados del Bloc tienen que ver la maple leaf ondear en todas las esquinas, deben cantar el Ô Canada en numerosos eventos y en su día a día deben recordar que su jefa en el papel es la Reina, la cual consideran responsable de todos los presuntos males que sufre la nation québécoise.

En medio de todo este panorama, de las paradojas, Canadá vive sin perder el sueño, en un statu quo que para muchos es desagradable y para los que les gustan las comparaciones es, insostenible. Pero es un statu quo que al final del día mantiene al país unido, como un ejemplo para el resto del planeta, un ejemplo en materia de diversidad, justicia social y una economía que cruzó la tormenta de manera envidiable.

Un statu quo que parece ser más popular de lo que se cree, al punto que cualquier amenaza de sacudirlo, bajo la forma de un referéndum independentista, le costó el empleo a Pauline Marois y dejó al PQ en terapia intensiva.

Twitter: @PabloJinko – pablo@noticiasmontreal.com

Foto: captura de pantalla / señal de la Asamblea Nacional de Quebec