lunes, 28 de abril de 2014

La Pasión según San Mateo: Como Bach la hubiera soñado

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Orquesta Metropolitana de Montreal

El Sábado Santo, la Maison Symphonique vibró con una obra coral mayor, especialmente compuesta para la Semana Mayor.  Fue una grata sorpresa para los montrealeses la “producción” del oratorio  «La Pasión según San Mateo», de Bach, presentada la semana pasada por la Orquesta Metropolitana,  dirigida por el maestro Yannick Nézet-Séguin. Reforzando el Coro de la Orquesta Metropolitana, la galardonada Coral de la Comisión Escolar English-Montreal, cuya directora es la maestra Patricia Abbott. Y como solistas vocales para el famosísimo movimiento coral, la soprano Suzie Leblanc, la mezzosoprano Julie Boulianne, los tenores Lawrence Wiliford e Isaiah Bell, el barítono Alexander Dobsony el bajo-barítono Philippe Sly.

Los grandes protagonistas,  los coros, dieron lo mejor a lo largo de sus intervenciones, y el ensamblaje de las dos agrupaciones resultó en beneficio para el cometido. El gran coro de entrada, «Kommt, ihr Töchter, helft mir klagen«, que tiene tanto peso, no estuvo, sin embargo, “pesado”. Al contrario, estuvo señorial, solemne y ascendente, tanto por parte del coro como por parte de la orquesta en pleno.  Magnífico el volumen del coro, durante toda la obra.

La dirección orquestal, llena de brío. Desde el comienzo, se estableció la fuerza fluyendo desde el podio de Nézet-Séguin, frente a una orquesta, unos coros y unos solistas que debían expresar con la música toda la tensión humana en los sentimientos de dolor y de espiritualidad propios de momentos cruciales de la vida de Jesús, como son los que relata la obra.

Y me falta hablar de los solistas. 

Con un cambio de emergencia a última hora, debido a dificultades  de la soprano Hélène Guilmette, su papel fue asumido por la conocida soprano quebequense Suzie Leblanc.  Su voz, bellísima, con un precioso timbre, y muy bien manejada.  La mezzosoprano Julie Boulianne cumple muy bien sus difíciles “vocalises”. Resultó muy equilibrado en balance, ritmo, y brillo el conjunto de las dos voces femeninas. Los demás solistas programados se escucharon como se esperaba.

Recio el timbre del barítono Dobson, en el papel de Jesús, y bien manejadas sus intervenciones.   El tenor Wiliford, como el Evangelista, tiene bonito timbre y agilidad vocal, con la debida potencia.  El otro tenor, Bell, también tiene un timbre recio y muy buen desempeño vocal.  El barítono-bajo Sly tiene pocas intervenciones, pero también alcanza a lucirse. El  conjunto de las cuatro voces solistas masculinas resultó una gema preciosa.

Los pasajes de la segunda parte dieron a los solistas grandes oportunidades de destacarse.  No quiero entrar en críticas detalladas, porque la interpretación sólo merece elogios. No registramos ningún desfase, ni faltas de volumen o de brillo en un pasaje o en otro.  Los solistas, en los momentos en que hubieron de llevar el protagonismo en cuanto al volumen, se escucharon con toda la potencia requerida. En los pasajes que no presentan los problemas rítmicos y de concertación de los movimientos rápidos, se alcanzó la conciliación necesaria para una apacible exposición de las bellísimas melodías, con los acentos bien puntuados y los pizzicatti acompasados con las sinuosidades de los temas cantábiles de la orquesta.

En definitiva: las melodías sonaron tal como Bach habría soñado escucharlas.  ¡Qué placer para el espíritu un oratorio tan sublime interpretado de una forma integral y perfecta, en la Semana Santa!

Foto: Cortesía Orquesta Metropolitana