jueves, 8 de mayo de 2014

Apoteósica Midori en la Maison Symphonique

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Midori OSM

El miércoles y jueves pasados, la OSM celebró el hecho de tocar por primera vez con una de las violinistas más reputadas del mundo actual: la virtuosa japonesa Midori. El concierto, dirigido por el célebre director de la Ópera de Los Ángeles, James Conlon, fue, sin duda, una formidable sorpresa para el público montrealés.

La velada comenzó con el largo poema sinfónico (45 minutos) La Sirenita, del austríaco Alexander von Zemlinsky (1871 – 1942).   Una obra más espiritual que preciosista, más intensa que melosa; virtuosa pero no azucarada.   Esta pieza presenta una exigencia más sutil, no puramente musical, sino más que todo intelectual, en cuanto a su comprensión, y al enfoque que se le debe dar, expresado por esas sutilezas que se derivan del detalle pero producen el gran conjunto y su poder significante.

La orquesta pasó por distintos matices, según la partitura. Grandes momentos de poder en los tutti, seguidos de pasajes orquestales de fluir sereno y lento, cargados de fuerza soterrada.  Bellos motivos, tristes o dulces, llenos de emotividad, cuya poesía se encuentra no solo en el texto de La Sirenita que inspirara la obra, sino, más aún, en la misma música.  Conlon la dirigió con la elegancia y la gracia que corresponden a Zemlinsky, ese olvidado genio, maestro y cuñado de Schönberg, cuya figura está siendo rescatada por Conlon.

A continuación, el plato fuerte de la noche: el conocidísimo Concierto para Violín y Orquesta de Félix Mendelssohn, quizás el más hermoso jamás escrito y obra preferida infaltable en el repertorio de cualquier solista capaz de lucirse por su técnica.   Se escucha, desde el principio, con gran claridad de diferenciación auditiva entre las secciones: gran fineza.  El sonido del violín de la solista Midori es precioso, y su manejo es absolutamente virtuoso. Su vibrato es puro; sus dobles y triples, claros, y sus inflexiones, expresivas, dulces o enfáticas, según lo necesario.

El maestro Conlon lleva a la orquesta por las distintas variantes de vehemencia. Tono consistente, totalmente exacto, en los primeros compases. La cadenza, con un contrapunto ejecutado con eficacia y bien desarrollada.  Tanto la solista como la orquesta ejecutaron con presteza y entusiasmo el conocido pasaje del tercer movimiento, el de las escalas de fugas en staccato (que recuerda al scherzo de Sueño de una Noche de Verano).

Los contrastes y las ondulaciones agógicas dispuestas cuidadosamente por Conlon le dan un carisma exquisito a toda la interpretación. La solista Midori es obviamente una veterana con mucho talento y experiencia; su impresionante hoja de vida lo muestra.

Si no nos engaña el recuerdo, esta es la ocasión en que mejor dirigida nos ha parecido orquesta alguna en esta conocidísima obra. Y teniendo en cuenta la ovación del público, los asistentes fueron de la misma impresión.

Y así estamos ya en la obra final del concierto:  Variaciones sobre un tema de Haydn, de Brahms. La sección de los violines, cada día mejor. Los pasajes en donde las cuerdas llevan el protagonismo se expusieron con hermosa expresión. Conlon, seguro y eficaz en su liderazgo. Es autoridad, sin ser autoritario. Dirige con rigor, pero sin prepotencia. Los tutti desarrollan un clamor intenso y sublime, que Conlon levanta con plenitud poética.

En definitiva, ¡una fiesta para el oído y para la memoria!

Foto: Cortesía OSM