sábado, 10 de mayo de 2014

Monica Lewinsky está de vuelta, esta vez dispuesta a enterrar el pasado. ¿Lo logrará?

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Entre Fronteras
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En los años 1995 al 1996, Monica Lewinsky era una becaria en la Casa Blanca. Tenía alrededor de los 22 años.

Secretamente Lewinsky mantuvo una «relación inapropiada» -como así quedó registrado en algunos archivos oficiales- con el presidente de entonces, Bill Clinton.

El escándalo Lewinsky ciertamente marcó la vida tanto de los Clinton como de la joven Monica. A costa de ello, todos han pagado un alto precio.

Bill Clinton, después de negar y negar la supuesta relación, -siempre con la frente bien en alto como todo infiel que se respete, como así lo escribió el célebre García Márquez- terminó por aceptarlo, para su desdicha.

Un fiscal,  llamado Kenneth Starr, lo instigó tanto que lo llevó al extremo de declarar en contra de sí mismo.

Como también lo decía García Márquez, al fiscal solo le faltó colgar del cuello de Clinton la letra A, de Adúltero, como en las escenas de la novela de Nathaniel Hawthorne, La Letra Escarlata, que se desarrolló en la puritana Nueva Inglaterra, de principios del siglo XVII.

Pero todos sabemos que Bill Clinton logró poner en evidencia otras cualidades que tenía: y nadie duda (o pocos) que administró y dejó un país en general próspero y estable. Hoy en día es capaz de hasta tirarle las orejas al propio Barack Obama.

Hillary Clinton, la esposa engañada, supo remontar con un estoicismo sorprendente los tormentos de la traición, el escándalo de la interpelación pública al marido y la vergüenza de estar en la boca de todo el mundo.

Hillary ocupó el cargo de secretaria de Estado y tal vez pronto la veamos como la primera mujer presidenta de los Estados Unidos, salvo que el cierto marasmo y desgaste de la administración actual, encaminen a los republicanos de retorno a la Casa Blanca.

Chelsea Clinton tenía apenas 15 años y siempre estuvo muy apartada de la prensa por la protección de sus padres y amigos. Sin embargo, cómo evitar las burlas de los adolescentes en el colegio, que como dicen muchos, parecen a veces ser más fuertes que la de los propios adultos.

II.

Llegamos ahora a Monica Lewinsky, la protagonista principal; la «mala», «la otra», la pobre, la díscola, la que ha llegado a los 40 y no tiene pareja estable, y ni siquiera se le conoce que la tenga; la muchacha que ha desperdiciado su vida, zigzagueando de una ocupación a otra.

Esto y mucho más es lo que se dice de Monica Lewinsky.

Me temo que la sociedad ha sido demasiado dura con esta jovencita, que tuvo la fortuna o el infortunio de cruzarse en el camino con el jefe de Estado de la nación más poderosa del mundo. Muchísima gente ha colaborado para empujar a Lewinsky justo hasta el borde del precipicio en el que parece que a veces se equilibra su vida.

Pero, justamente Monica Lewinsky está de vuelta, como han titulado muchos periódicos tras haber aparecido en la edición de junio de la revista Vanity Fair.

Pero esta vez, según ella misma ha declarado, viene para deshacerse del pasado.

-«Estoy dispuesta a tener un final diferente a mi historia», dice

Dieciséis años después del gran escándalo, Monica acepta que «es hora de quemar la boina y enterrar el vestido azul«. Sólo que de nuestra parte agregaríamos: ¿Por qué no quemar también el vestido?

Monica declara que «lamenta profundamente» lo que pasó entre ella y Bill Clinton. Y remarca:

-«Déjenme decirlo de nuevo: Lo siento. Lo siento profundamente».

Foto: Youtube