miércoles, 14 de mayo de 2014

La Orquesta Metropolitana y Viena, la magnífica: ¡Un verdadero logro musical!

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Orchestre metropolitain Noticias Montreal

Un extraordinario concierto intitulado «Viena la magnífica» ofreció la Orquesta Metropolitana, como última presentación del mes de mayo.  El programa fue dirigido por el japonés Tateo Nakajima, el mismo al que se debe la acústica impoluta de la Maison Symphonique, auditorio donde se disfrutó del evento.

Para comenzar, este director japonés de creciente prestigio internacional, escogió tocar uno de los más conocidos y amados valses de Strauss hijo: «Cuentos de los bosques de Viena». Por tradición, los más devotos apasionados de Strauss creen que para tocar un vals de este compositor de manera perfecta hay que ser vienés; sin embargo, esta noche escuchamos una interpretación llena de carácter y de detalles prístinos, cargados de inflexiones puramente autóctonas y de expresiones características del estilo de la época y el estilo personal de Strauss.  Es exquisito sentir toda la esencia del vals, cuando este se escucha tocado por conjuntos tan bien preparados como esta gran orquesta.  El conjunto es capaz de transiciones de energía y volumen progresivas y de esa manera cumple con el desarrollo, no solamente en cuanto a la nota escrita en la partitura, sino también al sentimiento y la emotividad que se deducen de las melodías y de la personalidad del compositor. 

El solo de violín de la segunda parte fue conmovedor.  El concertino se lució como un virtuoso en su ejecución.  Hubo otros dos solos, uno de flauta y otro de cítara, también magníficamente ejecutados.  Dicho esto, vale la pena anotar que la citara es un instrumento usado por Strauss en raras ocasiones.  El público estalló en aplausos.

Siguió la «Kammersymphonie», de Schomberg. Siendo este un compositor muy difícil de interpretar y de escuchar, la ejecución facilitó el ejercicio inteligente de oír y disfrutar a este creador, aunque el gusto del público no esté siempre presto para atender obras de música atonal y mucho menos cuando el estilo dubitativo del compositor entra en cambios drásticos dentro de la misma composición.

A continuación, la orquesta ejecutó la breve Polka de Ana, también de Strauss, y llenó de ritmo y alegría el ámbito del teatro.  La interpretación absolutamente autóctona, con todo el folclor que expresa esta clase de danza, tan querida por los alemanes y austríacos en su época.

La obra principal de la noche fue el Concierto para Oboe, de Mozart. Este inicialmente fue compuesto para oboe y luego traspuesto a la flauta.  Se trata de uno de los más famosos e importantes conciertos de Mozart. Presenta una partitura de extremas dificultades para el solista y de una exquisita inteligencia musical, que no decae en el aspecto estético y melódico, a pesar de la ardua trama compositiva.

La solista fue la quebequense Lise Beauchamp, quien luce, desde las primeras frases, su talento bien educado. Con seguridad, habilidad y brillo, se desempeña, a través de los difíciles pasajes de fusas y corcheas y despliega sus trinos con perfecto control y balance en la emisión y agilidad dactilar. Se notaron el esfuerzo, la dedicación a la práctica, la agilidad y el control muscular extraordinarios de esta gran instrumentista.  Sin embargo, demasiado ocupada en su aplicación al perfeccionamiento técnico, debería trabajar, en el futuro, un poco más en las inflexiones de la expresión interpretativa.

Para concluir la velada, la Sinfonía No 73, de Haydn, con algunos pasajes que fueron un formidable «tour de force», que hicieron afirmar la categoría de excelencia del director y de la orquesta.  Especialmente en el último movimiento, desplegaron todos gran virtuosismo técnico.

¡Un verdadero logro musical!

Foto: Sergio Esteban Vélez