domingo, 18 de mayo de 2014

Trenes sudamericanos, un servicio añorado

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Trenes en Suramérica

En China, acaban de anunciar la construcción de una línea de tren para enlazar las ciudades de Pekín y Washington a través de Rusia, Alaska y Canadá, con un viaje que duraría unos dos días.

Mientras tanto, en Europa, sus habitantes están acostumbrados a atravesar el continente en ferrocarril, incluso, con trenes de alta velocidad. Los hay en todas las direcciones, hasta debajo del Canal de la Mancha o entre Dinamarca y Suecia, por caso.

Los trenes canadienses y estadounidenses, por su parte, no precisan descripción alguna. Tanto Amtrak como VIA Rail ofrecen un distinguido servicio a lo largo y ancho de ambas naciones.

Esta misma semana, nuevamente China firmó un proyecto de varios miles de millones de dólares para montar una línea de ferrocarril que unirá el puerto de Mombasa (Kenia) con Uganda, Ruanda, Burundi y Sudán del Sur, es decir, a través de África oriental.

En la Argentina, Uruguay y Paraguay, en tanto, el tren se ha convertido en un servicio cada vez más añorado. No porque sea una prestación onerosa sino porque con el correr de los años ha sido desmantelado por sucesivos gobiernos. Y si bien actualmente alguna página web puede engañar a algún turista desprevenido, creyendo que podrá recorrer estas naciones en ferrocarril, mejor no subirse a un tren aunque pase por la estación.

Anecdótico fue lo que ocurrió en septiembre de 2011, cuando la Argentina y Uruguay anunciaron el “tren de los pueblos libres”, un proyecto político que terminó en una vergüenza: el ferrocarril que partió de territorio argentino nunca llegó a destino y unos meses más tarde se discontinuó.

Si se revisa la historia del continente, el tema de los trenes resulta paradójico. En el siglo XIX, formaciones inglesas surcaban Perú, Paraguay y la Argentina, entre otras naciones latinoamericanas. Un siglo y medio después, el ferrocarril es una expresión de deseo para Paraguay, Uruguay y la Argentina.

Dos perlitas más. Unos meses después de alcanzar la primera magistratura, la presidenta argentina, Cristina Kirchner, anunció la construcción de un tren bala entre las ciudades de Buenos Aires, Rosario y Córdoba. Proclama a la que le sumó ferrocarriles de alta velocidad entre Buenos Aires y Mar del Plata, y entre Buenos Aires y Mendoza, y que repitió tantas veces como le fue necesario, pero que nunca concretó.

Unos meses más tarde, también en 2008, la mandataria argentina comunicó que soterraría el tren conocido como Sarmiento, que enlaza Buenos Aires con el oeste de esa metrópoli. El túnel, que tendría unos 35 kilómetros de longitud, uniría un gran centro urbano con un municipio tranquilo y de baja densidad de población.

Si bien investigué profusamente, no encontré en el mundo entero un metro, un subterráneo o un subway que se haya construido bajo tierra para unir una gran urbe con un descampado. Habitualmente, suele ser al revés, a medida que se alejan de las ciudades, los ferrocarriles son aéreos o al ras de la tierra.

Mientras tanto, seguimos esperando que pase el tren.

Twitter: @hernanhaines

Foto: Flickr / Galio (CC)