domingo, 13 de julio de 2014

Redes sociales y política: una mirada somera a la dinámica mundial (I)

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El arca de Enoïn
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redes sociales y reviolución análisis protestas

Después de enero de 2010, cuando se produjo el levantamiento social en Túnez contra el régimen de Zine el-Abidine Ben Ali, como lo advierte un análisis de Larbi Chouikha, las redes sociales comenzaron a ser consideradas como una herramienta de comunicación, que va más allá del inocente ejercicio de compartir noticias personales con amigos íntimos y familiares residentes en lugares lejanos. Dicho aspecto es objeto de una mirada más profunda en un artículo de Jean-Luc Manise, quien sostiene que la de Túnez fue una revolución conducida por blogueros, que se agitó primero en Facebook y después en las calles, lo cual hace de ella la primera ciber-revolución social de la historia.   

Sobre la manera como internet ha revolucionado el activismo social y sobre la forma como “los nuevos movimientos sociales en la era de las redes sociales y el espacio digital” se han valido de los medios virtuales, el analista mexicano Álvaro Hernández Villalobos afirma que desde el inicio de la segunda década del siglo XXI se hizo evidente el surgimiento a nivel mundial, dentro del entorno de los movimientos sociales, de una nueva forma de organizar y dinamizar la movilización social.

Un evento que ha sido fundamental para que el proceso de reconfiguración y cambio de prácticas -y por qué no, de mentalidad- dentro del activismo social se lleve a cabo, ha sido la popularización del teléfono móvil interconectado. Este aparato les ha dado a las personas dedicadas a la acción y movilización social la posibilidad de ocupar simultáneamente, “en tiempo y espacio”, un lugar sin hacer presencia directa en él. Un caso que ilustra bien el rol del teléfono móvil conectado a internet en la movilización social sucedió el 17 de noviembre de 2013 en Bogotá, con ocasión de la manifestación en minifalda, convocada delante del restaurante Andrés Carne de Res, a raíz de una violación que supuestamente tuvo lugar en una de las sucursales de ese reconocido negocio bogotano.

Como no podía participar de la protesta, uno de mis contactos en Facebook, que vive en México, no cesó de movilizar por las redes sociales a sus amigos en Bogotá. En los días previos a la manifestación, que se convocó vía redes sociales, la mujer se ocupó de enviar cientos de mensajes en los que invitaba a la protesta.  El día de la movilización, se dedicó a comentar en las redes sociales los episodios claves del evento, pues los que estaban en el lugar no cesaban de alimentarla con información relacionada con lo que estaba pasando allí a través de mensajes de texto, videos y fotos. De ese modo ella, que no estaba presente físicamente sobre el terreno, estuvo en él virtualmente presente y animó la manifestación a través de un apoyo entusiasta a los manifestantes.

Este tipo de acciones remotas son posibles gracias a las aplicaciones móviles, que permiten a partir de la ocupación del espacio virtual la ocupación y vigilancia del espacio físico. La capacidad de poder influir sobre los individuos presentes en un espacio físico a partir de la presencia virtual ha dotado al ser humano de la facultad de morigerar la capacidad de coacción de los actores de poder, contestando sus acciones de manera eficaz, dentro y fuera del espacio donde el actor de poder opera. Sobre la morigeración que los medios virtuales ejercen sobre los actores de poder podríamos traer a colación varios ejemplos. Sin embargo queremos volver sobre el caso de Túnez donde, según Jean-Luc Manise, el movimiento que contestaba al gobierno encontró una manera eficaz de vadear la censura gubernamental a la actividad informativa alternativa y poner en marcha un sistema paralelo de información de masas, que fomentó la ciber-resistencia y desembocó en la “revolución Facebook”.

Sobre la manera cómo evolucionó el activismo virtual en Túnez, el politólogo Romain Lecomte identifica tres momentos claves:

  • El momento de los ciber-disidentes, que se sitúa entre el fin de la década de 1990 y la mitad de la década de los dos mil. En ese momento emergen células cerradas de discusión política sobre la realidad del país. Integradas por individuos iniciados en las tecnologías informáticas, que pueden vadear los dispositivos de seguridad del régimen sin mucha dificultad, estas células de contestación, por razones técnicas y de seguridad, no tienen mucha influencia sobre el gran público; 
  • El momento de la formación de una red de blogs hostiles al régimen, entre 2005 y 2010, donde un gran número de activistas sociales se improvisa como comunicadores sociales. Recurriendo a un lenguaje sencillo, en el que se emplea la sátira política, la caricatura y la parodia, estos activistas denuncian abiertamente a un régimen que el pueblo identifica como corrompido y autoritario; y 
  • El momento de la emergencia de las redes sociales, particularmente Facebook, que involucra a una masa mayor de público, mayoritariamente joven, en el debate político. Es ese debate permanente el que termina por crear las condiciones de la revuelta social. Lecomte –y en esto coincide con otros analistas– llama la atención que no fue Internet el factor que provocó la revuelta, sino el medio que facilitó la masificación del debate público sobre la problemática. En este momento el debate suscitado en los medios sociales alcanzó la dimensión de debate social nacional, y su dinámica era tan intensa que los medios tradicionales, que habían perdido toda credibilidad por sus nexos con el régimen, no alcanzaron a depurarlo. 

El análisis que Álvaro Hernández Villalobos produjo sobre el libro Redes de indignación y esperanza, del geógrafo Manuel Castells, nos permitió identificar una serie de interacciones entre virtualidad y poder, que son fundamentales para entender el rol que hoy juegan las redes sociales en el control del poder y la dinamización de la política.

Según Hernández Villalobos hay 10 aspectos que salen a relucir en el libro de Castells:

  1. El actor de poder construye y ejerce su poder mediante la construcción de significados en la mente de las personas sobre lo que significa y representa su poder
  2. La edificación y el refuerzo del poder se lleva a cabo a través de la estructuración y manipulación de una simbología que ha sido construida cuidadosamente
  3. Todo ser humano detenta cierto grado de poder y todas las acciones que una persona lleva a cabo llevan implícita una relación de poder
  4. Al ser el poder una condición humana, son las acciones humanas las que le confieren poder a las instituciones sociales
  5. Como la sociedad es un organismo de carácter contradictorio, donde quiera que haya poder habrá contrapoder 
  6. Las acciones de contrapoder las realizan personas, que están dispuestas a contestar el poder y que tienen la capacidad y los medios de hacerlo
  7. Las redes sociales virtuales han puesto en manos de los ciudadanos un canal, que les permite cambiar el significado de las cosas, porque facilitan la contestación masiva de las acciones de los actores de poder
  8. La emergencia de las redes sociales le ha restado poder a los actores tradicionales de poder, que han perdido su capacidad de otorgarle significado a las cosas de manera unidireccional
  9. La capacidad que ha ganado el ciudadano del común con las redes sociales de comunicar sus opiniones, le permite de compartir significados mediante el intercambio de información o de construir nuevos significados sobre los discursos y los actos de los actores de poder
  10.  La virtualidad ha dotado al ciudadano de la calle de un espacio para ejercer su poder y para graduar el poder de los actores tradicionales de poder sin necesidad de movilizarse y sin correr el riesgo de exponerse demasiado.

En conclusión y siguiendo a Hernández Villalobos podríamos decir que a las manos de los ciudadanos ha llegado un mecanismo –casi tan poderoso como el voto–, que le permite participar en política sin dedicarse de lleno a la política y contestar el poder, sin correr los riesgos que esto representaba en el pasado.

Foto: María Gabriela Aguzzi V. / Grupo NM