domingo, 10 de agosto de 2014

Estela de Carlotto encuentra a su nieto: Un recuerdo de la crueldad de los regímenes militares argentinos

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Entre Fronteras
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La aparición del nieto de Estela de Carlotto, la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, en Argentina, nos coloca (no a todos, desde luego) ante un mar de reflexiones y sentimientos encontrados.

Por un lado, la alegría o al menos la solidaridad con una mujer que junto a otras numerosas madres y abuelas, ha dedicado gran parte de su vida (36 años para ser precisos) a tratar de encontrar no sólo al hijo de su hija, sino también a otros cientos de hijos de presos políticos, que fueron secuestrados y entregados en adopciones subrepticias durante los regímenes militares que gobernaron Argentina entre los años 1976 al 1983.

Por otro lado, el hecho nos lleva a reflexionar hasta qué punto el ser humano es capaz de tanta bajeza, al extremo de construir un Estado destinado a la violación masiva de los derechos humanos y la desaparición de decenas de miles de personas, incluyendo, como se indica, la apropiación de los hijos de las detenidas que dieron a luz en cautiverio.

El ser humano, en esencia una débil mezcla de carne y hueso, y apenas un punto en la eternidad del Universo, es capaz de tanta maldad en los pocos momentos que le toca vivir, alzándose cual Supremo Hacedor, como si fuera eterno.

II.

Laura Carlotto, la hija de Estela de Carlotto, estudiante de historia y militante universitaria peronista (ala de los Montoneros), fue secuestrada en noviembre de 1977 y llevada al centro clandestino La Cacha, ubicada en la ciudad de La Plata. Tenía 3 meses de embarazo.

Según algunos testigos, Laura fue trasladada al Hospital Militar Central de Buenos Aires, donde dio a luz a quien ella llamaría Guido. Era el 26 de junio de 1978. Laura parió engrillada y encapuchada, según lo refiere Pagina 12.

A las pocas horas de haber alumbrado, le quitaron a Guido y lo hicieron «desaparecer».

Laura fue devuelta a La Cacha y dos meses después apareció muerta, en una carretera del gran Buenos Aires. Tenía 23 años.

Cuando su padre, Guido, fue a reconocer el cadáver constató que Laura tenía el rostro desfigurado por un disparo; portaba medias verdes y un corpiño negro que le había reglado Alcira, una presa del penal. “Guido la besó, le acarició el rostro y se quedó unos minutos a solas con ella, contemplándola sin pronunciar palabra. Después volvió sobre sus pasos, entró en la comisaría y abrazó a Estela”. Este es el relato de la periodista María Eugenia Ludueña, en su libro Vida y militancia de Laura Carlotto.

En esta historia hay otro protagonista: el compañero de Laura y padre del hijo recuperado.

Hay también otra abuela, que quiere abrazar al nieto aparecido. Se llama Hortensia Ardura, de quien se sabe poco, pero que tiene la otra parte del drama.

Lo que sabemos por ahora, es que a raíz del análisis de los ADN del recuperado nieto «Guido», se supo que el padre y compañero de Laura, era Walmir Oscar Montoya, militante de Montoneros. También «desapareció» en noviembre de 1977. Sus restos mortales fueron encontrados en el 2009 en un cementerio de Berazategui. Allí, Montoya, se encontraba desde el 27 de diciembre de 1977. Lo asesinaron al mes de haber sido detenido.

III.

Como se dice, nada sucede por casualidad, y mucho menos en política. Sin pretender justificar, sino solo explicar por qué ciertos eventos, desde un comienzo perversos, cuentan con el apoyo de la población. El golpe de Estado que inauguró los últimos sucesivos gobiernos militares de Argentina, estuvieron precedidos de un ambiente de violencia e inestabilidad fomentadas principalmente por el grupo guerrillero de la izquierda peronista, los Montoneros.

Para no ir muy lejos, situémonos en el 11 de marzo de 1973. Argentina tuvo ese día una jornada electoral, para restablecer la democracia, que fue transgredida en 1971 por el general Alejandro Lanusse.

Como estaba previsto, por el líder del justicialismo o del peronismo, Juan Domingo Perón, el candidato Héctor Cámpora salió elegido presidente. El plan era que Cámpora eliminara la prohibición de regreso de Perón a la Argentina y luego renunciara. Así se hizo. Cámpora renunció el 13 de julio de 1973 y lo reemplazó interinamente Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados.

Días antes, el 20 de junio de 1973, Juan Domingo Perón ya había hecho su ingreso triunfal a Argentina tras 18 años de exilio. Pero una vez más el signo de la violencia estuvo presente. Ese mismo día, en pleno recibimiento del líder, los sectores del peronismo se enfrentaron con armas, resultando 13 muertos y 365 heridos. Este hecho trágico pasó a la historia como la Masacre de Ezeiza.

Lastiri convocó a elecciones presidenciales y el ex general Juan D. Perón se presentó a la justa, en compañía de María Estela Martínez de Perón, Isabelita, su esposa, como vicepresidenta.

Perón, como estaba previsto, ganó las elecciones y asumió a su tercera presidencia, en octubre del 73.

Perón, entonces, era un hombre enfermo. Lo sabía. Por eso eligió a su esposa para la vicepresidencia, a fin perpetuarse después de muerto. En efecto, Perón murió al año siguiente, el 1ro de julio de 1974.

El gobierno de Isabelita, fue un desastre. Una mujer débil, sin mayores experiencias políticas, pronto cayó en los juegos demoníacos del Rasputín argentino, o también llamado El Brujo, José López Rega, quien, como alguien decía, pasó de servir el café a ministro de Bienestar Social. Lopez Rega, se constituyó en el poder detrás del poder, durante la permanencia en la Casa Rosada de Isabel Perón.

López Rega, desde el gobierno creó y dirigió la temible organización paramilitar la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) para exterminar a figuras izquierdistas, incluyendo las del sector radical del peronismo. Nos encontramos con un gobierno peronista, que persigue a peronistas.

Bajo este ambiente de inestabilidad y violencia, los militares argentinos encontraron el caldo de cultivo para derrocar a Isabelita. El golpe militar sobrevino el 24 de marzo de 1976, con Jorge Rafael Videla a la cabeza.

A modo de conclusión diremos que bajo las circunstancias descritas, probablemente habría sido difícil que un gobierno democrático restableciera el «orden», sin caer en acciones de fuerza o sin disparar ningún tiro. Pero de allí a aceptar un régimen que se ensañe con los «enemigos», que instaure una dictadura del terror, un sistema exprofeso para exterminar, como lo hicieron los militares argentinos, eso es completamente reprochable.

Foto: Captura de pantalla Youtube