domingo, 17 de agosto de 2014

Encontraron un tesoro y ahora enfrentan a la justicia

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Entre Fronteras
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En Francia, tres obreros que encontraron un valioso tesoro en lingotes y monedeas de oro enfrentan actualmente a la justicia y pueden recibir condenas de hasta diez años de prisión.

¿Por qué?

Por el sencillo hecho que no declararon el hallazgo, ni siquiera al propietario de la casona del siglo XVIII en donde estaban escondidos 16 lingotes de oro, de un kilo cada uno, y 600 monedas de 20 dólares estadounidenses de los años 1920. Todo evaluado en 1,2 millones de dólares.

Los obreros guardaron el secreto, vendieron el tesoro y comenzaron a disfrutarlo. Pero fueron puestos al descubierto por el banco donde tenían sus cuentas, debido a sus inusitados depósitos y movimientos bancarios.

En Francia, la legislación si bien establece que «la propiedad de un tesoro encontrado pertenece a quien lo encontró», castiga el hecho que no se denuncie. También la ley contempla que si la persona encuentra un tesoro en la propiedad de otra, debe compartirlo mitad a mitad.

Las reacciones de la gente en los diarios al comentar la noticia se referían a los tres obreros franceses como unos «egoístas», y unos «ignorantes» en materia de la ley sobre tesoros encontrados.

Me llamó la atención esto último. Uno no se imagina que debería estar al tanto sobre esta materia. Pero no está demás saberlo, ya que cualquier día el azar podría llevarnos hacia una agradable sorpresa.

II.

En materia de tesoros encontrados, las disquisiciones teóricas que constituyen el marco de la legislaciones son mucho más abundantes y complejas, y dependen de cada país. Para empezar la definición de «Tesoro». Se considera a todo «bien» u objeto escondido o enterrado, sobre el cual nadie tiene pruebas de su propiedad. Estos objetos pueden ser oro, plata, joyas, piezas ornamentales, títulos, documentos, etc. Se distinguen tesoros en tierra, mar y ríos.

No entran en esta categoría los sitios arqueológicos, ni las riquezas naturales.

Un tesoro no necesariamente se refiere a una cosa antigua. Su antigüedad no es un requisito exigido por la ley.

Algunos legisladores igualan el descubrimiento de un tesoro a la «invención«, para darle una connotación legal al derecho de propiedad del mismo; otros lo relacionan con la propiedad mueble o inmueble y se habla de «ocupación» como un derecho de adquisición.

En la mayoría de los países se reconoce el derecho de propiedad para quien encontró un tesoro. Pero en muchos de ellos se establecen limitaciones o la participación del Estado. También se establecen criterios sobre la «modalidad» del hallazgo o sobre el tipo de piezas halladas, ya que pueden constituir vestigios históricos.

En Quebec, la ley -inspirada en la francesa pero con ciertas diferencias- clasifica a los «tesoros» en la categoría de bienes sin dueño, que pueden ser apropiados por la «ocupación», rigiéndose en este aspecto con el derecho a la propiedad mobiliaria o inmobiliaria. En otros términos «el tesoro, pertenece a aquel que lo ha encontrado«. Y al igual que en Francia, si el hallazgo se produjo en un lugar ajeno, se debe entregar la mitad al propietario de ese lugar.

En conclusión: Lo mejor será que tan luego se haya encontrado un tesoro, y tras apaciguarse la algarabía del hecho, llame a un abogado o un conocedor en la materia, de su confianza, para que lo asesore, ya que en estos tiempos sobran pretextos para echarle mano a su botín.

Email: victor@noticiasmontreal.com

Foto: Captura de pantalla Youtube