martes, 26 de agosto de 2014

«Guía» para leer un libro. Con Rayuela lo necesitas y aun así te perderás

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Julio Cortázar 100 aniversario

Leí Rayuela cuando era estudiante universitario, en Chile. Para entonces, leerlo era más que una inquietud literaria, era un deber como joven y como alguien que quería cambiar el mundo.

Rayuela apuntaba en esa dirección. Era contestataria, revolucionaria. Era la antinovela.

¿Que si la entendimos?, qué importancia podría tener.

En el fondo, creo que Rayuela es una novela que no necesita entenderse. Tal vez sólo sentirla. Tal vez sólo verse tocado, excitado o motivado.

Pero sin duda, lo más probable es que cualquiera se pierda en la lectura, muy a pesar de lo poco indulgente que son los «eruditos» de las redes sociales, que califican de ignorantes a todos aquellos que confiesan no haber comprendido la obra.

Diría más bien que es indispensable que uno se pierda, así estaría haciendo más honor a los objetivos de su autor, el genial Julio Cortázar.

Foto: Flickr / Manuel P Báñez (CC)

Foto: Flickr / Manuel P Báñez (CC)

 

Por algo, Cortázar nos proporciona al comienzo de la obra un enrevesado plan de lectura, una suerte de anuncio: «abróchese el cinturón porque pasaremos por el medio de una tormenta».

A mi manera de ver Rayuela debió llamarse algo así como Laberinto. De hecho, Cortázar lo intentó al comienzo, cuando pensó que debería llamarse Mándala, una suerte de simbolismos espirituales ligados al budismo y al hinduismo, que si bien habrían expresado mejor la charada, habrían colocado al lector a una «postura» desde el comienzo.

II.

La revolución causada por Rayuela en el mundo de las letras no se refería solamente a los artificios muy en boga en el boom latinoamericano, de incluir diálogos o frases en inglés o francés (ta gueule), o tratándose de Cortázar, en el más fino argentinismo (comprendé, Ronald… vos sos mucho más que tu inteligencia…).

La verdadera revolución se encuentra en las numerosas novedades de las que el autor hace gala.  Por ejemplo, cuando el lector arriba al capítulo 34, se enfrenta a un desafío como este:

un-trozo-de-la-novela-rayuela

Como ve, la única manera de comprenderlo es leer saltándose una línea.

Otro ejemplo es el que sigue. En este texto no deja de llamar la atención el irreverente uso del lenguaje; aunque si vamos analizando, el mismo parece una copia de los mensajes-textos de hoy en día a través de los celulares.

texto-de-rayuela

III.

En lo personal, Rayuela se acomoda muy bien a mis hábitos de lectura. Leo un libro empezando por cualquier lado, menos por el comienzo. Habitualmente empiezo por el medio y luego me paseo por capítulos sueltos. El aparente caos, finalmente me proporciona una idea general del asunto, sin que muchas veces necesite llegar al final del libro, a no ser que se trate de una novela, la cual podría empezarla precisamente por el final, a fin de  reconstruir la historia al revés. ¿Muy ahorrativo, verdad?

Rayuela, si bien es cierto, tiene una historia lineal al comienzo del libro, es más propio leerlo precisamente de manera saltada; porque cada trozo en sí mismo es una pequeña historia, narrada en el lenguaje poético de Cortázar.

Eso no implica que para la época universitaria en la que leíamos con profusión a los representes del boom latinoamericano, no se escapara por allí el comentario malicioso, dicho en el más puro argot chileno:

– Esto es puras «cabezas de pescao», refiriéndose a que se está hablando incoherencias, o de un modo extraño.

Para los más «profundos» -y una vez más apelando a la misma jerga chilena de entonces-, Rayuela podría calificarse de un genuino estilo «pirofláutico», aderezada con situaciones «circunbirúmbicas». ¿Qué significa esto? Vaya a saberlo…

IV

Nota: Aunque no lo parezca, este artículo es un cálido homenaje al escritor argentino-francés, Julio Cortázar, al arribar hoy a un aniversario más de su nacimiento.

De estar vivo, Cortázar tendría hoy cien años.

Foto: Wikimedia (Dominio público)