domingo, 14 de septiembre de 2014

Ni la ley de Lavoisier se salvó en América Latina

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Nada se pierde, todo se transforma, dice la ley de conservación de la masa, más conocida como la ley de Lavoisier, un pilar fundamental en todas las ciencias naturales.

Uno podría preguntarse si esta ley se cumple en países como Venezuela o la Argentina. La respuesta posiblemente sea no. 

¿A qué conclusión llegaría hoy el químico francés que, casualmente, nació y vivió en París durante el absolutismo y el reinado de María Antonieta, si visitara estas naciones?

Todo se pierde y todo se deforma, podría ser la adaptación latinoamericana y contemporánea de este fundamento científico.

Comenzando por la destrucción del poder adquisitivo del salario, siguiendo por el aumento de las tasas de inflación, desempleo y pobreza, la caída de las exportaciones y la pérdida del valor de la moneda. Ni hablar del mercado libre de cambios, con un dólar oficial a un valor irrisorio y al que nadie puede acceder, y una divisa paralela cuyo precio sube sin pausa.

Seguramente, muchas otras leyes, principios fundamentales de la ciencia, también hayan dejado de cumplirse en estas naciones. Leyes que van más allá de los respectivos parlamentos nacionales, es decir, que sostienen el funcionamiento del mundo y que logran explicar cientos de fenómenos.

De lo contrario, ¿cómo se entiende que haya hambre en países capaces de producir alimentos y energía para centenares de millones de personas o que, con los recursos naturales disponibles, escasee el acceso a los servicios públicos esenciales?

¿Cómo han logrado los presidentes Kirchner, Chávez y Maduro, entre otros, semejantes fenómenos?

El clientelismo político, la demagogia, la soberbia, la voracidad, la ira, el resentimiento, la mentira y la incapacidad de estos funcionarios públicos han logrado modificar los principios básicos de las ciencias exactas.

Twitter: @hernanhaines

Fotos: Wikimedia (CC)