domingo, 21 de septiembre de 2014

Del futuro al Paleolítico

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New York Buenos Aires

No hace mucho tiempo, estuve de paseo por algunas ciudades de los Estados Unidos.

Al término del viaje, al pisar nuevamente suelo argentino, sentí que había retornado al pasado. A ese pasado en el que –imagino- nadie quiere vivir. En donde el desorden, el caos, el maltrato, la intolerancia, la inoperancia y la viveza criolla, entre muchas otras, son las estrellas cotidianas. Aunque no las únicas.

La mala calidad de vida, la inseguridad, la falta de justicia, la mala educación y los políticos corruptos también integran ese pasado en cuestión, al que me gusta calificarlo de paleolítico, si bien no sé si –salvando las distancias, por supuesto- durante el Paleolítico la gente vivía tan mal con los escasos recursos de los que disponía.

Mientras todos los días la presidenta de la República Argentina, Cristina Kirchner, dice que en este país se vive mejor que nunca y que es el mundo el que se cae a pedazos -¿de dónde habrá sacado que el mundo se cae a pedazos?- cuando uno arriba al aeropuerto Liberty, en Newark, ubicado en el Estado de New Jersey, muy cerca de la ciudad de Nueva York, retira las valijas y sube a un tren fantástico –no fantasma-, aéreo, que recorre la terminal aeroportuaria y llega a la estación de un ferrocarril cuyo destino final es Penn Station, en pleno corazón de Manhattan, desde donde se puede caminar algunas cuadras o tomar un taxi y ya se está listo para disfrutar de esa maravillosa metrópoli. Algo similar ocurre en los aeropuertos de San Francisco, Atlanta, Nueva York (JFK) o Vancouver.

También en Nueva York, una vía de tren abandonada, que atravesaba gran parte de la ciudad y no sabían qué hacer con ella, fue transformada en un parque elevado, una verdadera obra de arte. Se llama High Line y vale la pena recorrerla en toda su extensión.

Grande fue mi sorpresa cuando en Honolulu, Hawaii, me enteré de que el 70% de la energía que se consume allí proviene de molinos de viento, de la radiación solar, de la diferencia de temperaturas que existe entre la superficie marina y la profundidad del océano, y de los biocombustibles. También hay autopistas colgantes que cruzan parte de la isla de Oahu –en donde se encuentra Honolulu- entre volcanes y por el interior de ellos.

En fin, me encantaría contar muchas cosas más, pero la vida en el Paleolítico es demasiado agitada y debo seguir con la agenda.

Ah, me olvidaba, el vuelo de regreso a Buenos Aires vino casi vacío, algo que hacía mucho tiempo que no ocurría. Por lo visto, determinadas plazas latinoamericanas ya no son tan atractivas como antes.

Twitter: @hernanhaines

Fotos: Wikimedia