domingo, 21 de septiembre de 2014

¿Qué es la confianza social exactamente y cómo influye el deporte en su generación? (II)

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El arca de Enoïn Portada
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Alemania campeón 2014

Viene de: Deporte e identidad nacional: una mirada desde la euforia del Mundial de fútbol (I)

Con el objeto de bien precisar lo que significa la confianza social, tanto a nivel individual como colectivo, y con el propósito de avanzar de manera adecuada, pienso que es necesario detenerse un poco sobre tres conceptos que van y vienen, por diferentes vías, en el análisis de The Economist sobre el impacto de la selección brasilera en la vida colectiva del país: confianza, sociedad y nación. Allí se habla de confianza nacional; estado de ánimo del país; narrativa nacional; aglutinante social y confianza en nosotros mismos.

La presencia continua –y asociada– de esos conceptos dentro de un artículo de dos páginas me motivó a volver sobre la teoría de la confianza social, una noción con la que he tenido una relación tangencial en mi actividad académica. Sin ser exhaustivo y sistémico he intentado articular –un poco desordenadamente- a través de ella los puntos de vista que gravitan en este artículo. Para proceder de manera ordenada, creo que vale la pena hacer un sobrevuelo general del concepto de confianza social. Esto nos permitirá de saber grosso modo a qué nos referimos cuando hablamos de ese tema y cómo vincularlo con la actividad deportiva.

Sin entrar a dar muchos detalles conceptuales, Robert Grimaldi sostiene que la confianza social es “la llave para derrotar la ansiedad social y vivir mejor”. El enfoque de Grimaldi centra el asunto de la confianza social en el terreno de lo individual. Esto se debe a que su trabajo es básicamente una guía “para ayudar a las personas a superar la timidez y la ansiedad social […] provocando un cambio positivo en la calidad de vida”. Sin profundizar mucho, la aproximación de Grimaldi al tema podría considerarse como netamente psicológica, ya que él busca “ayudar a los individuos a vivir mejor” dominando su timidez.

Otro enfoque de la confianza social es el de la sociología. Desde aquí se aborda el asunto desde el ámbito social, económico y político, tratando de establecer sus conexiones con la economía social, en lo económico, y la cohesión social, en un terreno que se sitúa entre lo social y lo político. Desde esta perspectiva y según Jorge Baeza Correa, la confianza social se divide en dos grandes corrientes: la confianza particularizada y la confianza generalizada. La primera consiste en fiarnos “de personas que conocemos o son similares a nosotros”. La segunda atañe a la confianza que depositamos en la mayoría de la gente.

Un documento producido por el observatorio del tercer sector de Vizcaya (España) nos ofrece, desde la perspectiva socioeconómica, una idea más ajustada sobre lo que puede ser entendido a nivel colectivo como “la confianza social”. Según este organismo, la confianza social “es como un hilo fino que une a las entidades con la sociedad. Esta confianza social es muy difícil de conseguir y, paradójicamente, muy fácil de perder”. El observatorio enfatiza que la construcción de la confianza social en toda sociedad gravita sobre dos pilares: “la transparencia” y “la rendición de cuentas”.

Desde la perspectiva económica pura y dura se considera que la construcción y conservación de la confianza social es esencial para construir riqueza material, porque ella juega un rol fundamental en la consolidación de los procesos, que desembocan en la construcción de capital social, un elemento fundamental para la producción, reproducción y conservación del capital monetario.

Alain Peyrefitte sostiene en su libro “La sociedad de la confianza”, luego de hacer un análisis comparativo de los trabajos de Marx, Schumpeter y Weber, que en el fondo la esencia del capitalismo es la confianza. Según Peyrefitte, el medio empresarial selecciona a sus miembros mediante un proceso de filtración basado en la confianza. Por su parte el empresario proyecta sus negocios a partir de la confianza que suscita en él la sociedad. En tal sentido, cuando se trata de construir riqueza dentro de la perspectiva de largo termino, la confianza social es un elemento necesario, porque el capitalismo como sistema económico no puede funcionar sin la existencia de este bien colectivo.

Sin embargo, el vínculo entre confianza generalizada (o social) y capitalismo es objeto de una fuerte controversia ideológica. Así se puede colegir a partir de un meticuloso análisis del periodista polaco Maciek Wisnieswski publicado en La Jornada de México. Argumenta Wisnieswski que el recurso a la confianza en el capitalismo moderno no pasa de ser una mera perorata ideológica, pues la ética de la “inversión a largo plazo” ha sido remplazada “por la ganancia cortoplacista, especulación, volatilidad de mercados, “casino banking” y transacciones engañosas”. Según este periodista, “en el capitalismo tardío la confianza no es un valor premiado, ni caracteriza las relaciones de trabajo o de mercado. Es un concepto vacío –parte de la mitología capitalista– y una herramienta ideológica en tiempos de crisis”.

En contra partida Peyrefitte sugiere que el afán de ganancia rápida basado en la especulación destruye la confianza generalizada (o social), que hace posible la estabilidad de las economías capitalistas. Esto explica porque a los periodos de especulación, en los que se ha tratado de acumular riqueza de manera rápida y evadiendo las reglas legales, han sobrevenido periodos de crisis, que se caracterizan por una desconfianza generalizada de la población en el sector financiero y empresarial.

En todo caso, la confianza que los demás nos depositan es un gran bien económico. Así lo sostuvo mi profesor de economía uno, en el pregrado de Ciencias Sociales. Según él “pagar nuestras deudas, no endeudarse demasiado, así tengamos con qué pagar, y mantener sin mácula nuestro historial crediticio es un capital de mayor importancia que el dinero en efectivo, porque eso aumenta la confianza de la sociedad en uno y pone a nuestra disposición el recurso del crédito”.

Jorge Baeza Correa sostiene que la importancia de la confianza generalizada es un elemento fundamental para mantener la cohesión social y la existencia de esos dos aspectos son fundamentales para el funcionamiento de las sociedades democráticas modernas. Baeza Correa y Francisco Herreros Vázquez coinciden en un punto: “la confianza social o confianza generalizada se define como confianza en desconocidos”, sobre “los que se carece de información respecto de si son o no dignos de confianza”. Ese aspecto hace de la confianza social “un tipo de confianza muy sensible a los comportamientos oportunistas”.

Es ese hábito de confiar en los otros el factor que permite a las madres dejar que los niños jueguen solos en el parque, que un conductor voluntario nos lleve a casa –en nuestro propio carro- cuando nos emborrachamos, o que un banco le otorgue un crédito a un estudiante a partir de un certificado de garantía emitido por el Estado, para que éste le pague cuando comience a devengar salario. En fin, “la confianza social es para muchos autores un ‘juicio moral’, que lleva a los individuos a pensar que la mayor parte de la población es digna de confianza” y sobre eso se construye un elemento básico del capitalismo: el crédito.

Aunque no tenemos elementos teóricos que nos permitan explicitar de manera más evidentes los lazos entre “la fortaleza de la identidad nacional”, la confianza social y el éxito deportivo”, Eduardo Valenzuela en su análisis de los resultados de la “Encuesta latinoamericana de cohesión social”, nos ofrece algunas pistas, para establecer cierta conexión entre la confianza social y la identidad nacional. Igualmente, un estudio de Olga Segovia sobre la ciudad de Santiago (Chile) resalta que “una población con bajos niveles de confianza, que desvaloriza lo colectivo y que vive con una alta percepción de inseguridad”, tiende a tener bajos niveles de identidad con la sociedad y el espacio donde reside.

Por su parte el analista social y activista político dominicano Cándido Mercedes argumenta que la confianza social resulta esencial para desarrollar una “conciencia cívica”, que legitima “los poderes públicos” por parte de los ciudadanos. Esto genera “una fuerza potencializadora capaz de derrotar cualquier adversidad, cualquier obstáculo económico, social y/o natural” a partir de una “conciencia histórica”, que atraviesa la “conciencia colectiva” y favorece la “convivencia y cohesión social” de los habitantes de un país.

Canada 2014 Mundial Femenino Sub-20 Corea Norte Alemania Brasil Montreal

Selección femenina sub-20 de Alemania – Foto: Pablo A. Ortiz / Grupo NM

Los puntos de vista de Valenzuela, Segovia y Mercedes nos ofrecen elementos que nos permiten de considerar que en los lugares donde la confianza social péndula, los niveles de identidad de los habitantes con el lugar donde residen no tienden a ser muy altos.

Sobre el lugar que hoy ocupa el deporte en los procesos que conducen a la construcción de la identidad nacional y la confianza social colectiva de un país, el analista dominicano César Pérez sostiene que las victorias deportivas internacionales son fundamentales para construir los procesos configurativos “de las identidades colectivas”, pues “actualmente, más que los solemnes y didácticos actos de recordación de epopeyas nacionales, son las victorias deportivas en competencias internacionales los más impactantes momentos para la formación de las identidades nacionales, regionales y locales”.

El asunto también ha sido abordado, en un artículo publicado en el periódico Panamá América, por el abogado Silvio Guerra Morales, cuya lectura nos da a entender que “deporte, orgullo, confianza y dignidad nacional” son cosas que en nuestro tiempo van de la mano.Eso explica porque durante los días del mundial abundaron en redes sociales y periódicos testimonios y gestos de toda suerte, que podrían ser útiles para mostrar el vínculo entre los resultados del mundial y la construcción de la confianza social colectiva de la población de los países participantes.

No pocos analistas amateurs y reconocidos asignaron la victoria de la selección teutona a una confianza social de los alemanes, que se fundamenta en la pujanza económica de este país, en la ingeniosidad de su población, que se refleja en una historia cultural, científica e industrial excepcional, que le ha permitido superar el lastre de dos guerras mundiales y la vergüenza del nazismo.

Sobre la victoria alemana y los vínculos entre pujanza económica, confianza social y éxito deportivo, Robinson Bruno Oviedo, uno de mis contactos en Facebook, sostuvo que “la economía o mejor el bienestar de la sociedad de un país se manifiesta en su desarrollo o nivel deportivo y el fútbol no es la excepción”.

La nota de Bruno Oviedo nos transmite la idea que en el mundial de 2014 salió a relucir en los “resultados la relación” entre el nivel de confianza social de la sociedad, que para él está asociada a los niveles de calidad de vida de la población y la pujanza económica del país. La combinación de esos aspectos, de acuerdo con la opinión de Bruno Oviedo, se traduce en logros deportivos.

Al cruzar los logros deportivos con el estado de la economía este comentarista –de ocasión– concluye que las naciones que están en crisis económica mostraron un bajo desempeño sobre el terreno de juego. Su punto de vista gira en torno a la hipótesis que los embates de estas crisis afectan también el rendimiento de los jugadores, lo cual ponen en evidencia sobre el terreno de juego el estado de ánimo general de la sociedad.

Esto explica –según Bruno Oviedo– porque fueron eliminadas rápidamente de la copa mundo naciones con una larga tradición futbolera y porque Alemania y Holanda, que tienen modelos sociales y económicos que han soportado con éxito la crisis, terminaron imponiéndose –en casa– a las dos potencias suramericanas del balompié, cuyas sociedades sobreaguan para superar recurrentes crisis sociales, que les impiden encarrilarse definitivamente por el sendero del desarrollo.

La opinión de Robinson Bruno Oviedo encuentra cierta concordancia con la opinión de Guillermo Maya, quién afirma que “Alemania, el país con mayor diversificación productiva del mundo”, no solo se coronó campeón por su buen fútbol, sino porque en ese país se protege la economía nacional y se redistribuye la riqueza a partir de los salarios, lo cual contribuye a crear confianza nacional.

Citando a personalidades reconocidas en el medio del fútbol, como Jorge Valdano y Gustavo Alfaro, Bruno Oviedo sostiene que los resultados en el “deporte más masivo” del mundo, cuando se trata de selecciones, los triunfos y derrotas van a estar “influidos por los estados de ánimo de la sociedad”, pues los “jugadores” también –y a pesar de todo– hacen parte de un conglomerado social y por lo tanto no pueden sustraerse al “estado de la situación socioeconómica y psicosocial”, de la sociedad de la que provienen.

Mundial Colombianos Montreal

Foto: Pablo A. Ortiz / Grupo NM

En lo que toca con el impacto de los triunfos deportivos en el estado de ánimo de la población de un país Adriana Osorio advirtió en el diario La Patria (de Manizales Colombia) que los “logros del deporte aumentaron la confianza en Colombia”. Según ella los logros de los deportistas colombianos en el 2014 han desatado una ola de “patriotismo y de amor por el país”, que se ha reflejado en la mejoría de las cifras comerciales y el desempeño de la economía.

Citando la opinión de Bruce Mac Master, presidente de la Asociación nacional de industriales, Osorio destaca que ese sentimiento de confianza y optimismo social se debe a que en el deporte se resaltan valores de cohesión que el país necesita.