domingo, 12 de octubre de 2014

Colombia y el mundial de Brasil 2014: el nacimiento de una nueva era en el imaginario nacional (IV)

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El arca de Enoïn Portada
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Celebración Colombianos Montreal Mundial

Foto: Pablo A. Ortiz / Grupo NM

Viene de: Deporte, construcción de unidad nacional y confianza social en Colombia (III)

El día 28 de junio de 2014, cuando el árbitro del juego dio el pitazo que puso fin al cotejo entre Colombia y Uruguay, en el estadio Maracaná de Rio de Janeiro, los colombianos dentro y fuera del territorio nacional se lazaron a las calles a celebrar con un entusiasmo desenfrenado –y casi perdulario– la  victoria de su selección. En Montreal la dispersa y –desunida– comunidad colombiana abarrotó la comercial calle de Saint-Hubert, en el cosmopolita sector de JeanTalon, y celebró: así dejó constancia el periodista  Pablo A. Ortiz, como en casa”.

Ese día los colombianos de esta ciudad canadiense, que poco se frecuentan y poco comparten como no sea en la fiesta del 20 julio, se tomaron las calles emblemáticas de la ciudad con sus camisetas amarillas, sus banderas tricolor, sus sombreros vueltia’os y sus mochilas aruacas, para dejar testimonio público que había ocurrido un evento unificador de la comunidad, diferente a la fiesta patria. La selección se había convertido -durante casi 20 días- en un factor generador de orgullo para los hijos de un país que ostenta una nacionalidad frágil, cuyo gentilicio a veces resulta incómodo de llevar en el pasaporte.

Como lo podría testimoniar cualquiera de los colombianos que ese día celebró en las calles de la metrópolis quebequense, hasta ese momento había dos colombianos a los que se hacía alusión, para bien o para mal, por parte de sus condiscípulos de otras nacionalidades en los cursos de lenguas. Uno era Pablo Escobar Gaviria y el otro era Carlos “el Pibe” Valderrama. De Valderrama se recordaba la magia con la que manejaba el balón y la precisión de sus pases. Del otro no hay que decir nada, pues como lo sentencia un proverbio francés, esa es tela para otro par de mangas y el lector puede imaginar grosso modo lo que de él se dice. 

El Pide Valderrama Selección Colombia unificador nacional

Foto: Wikimedia / Taty2007 (CC)

La imagen que proyectó Carlos “el Pibe” Valderrama en el terreno de juego y la admiración que los colombianos sienten hoy por una pléyade de hombres comunes y corrientes como él, cuyo único mérito ha sido el de saber conducir un balón con los pies, ha convertido al fútbol, después de a mediados de la década de 1980, en uno de los pegamentos que fortalece el espíritu de unidad nacional. Sobre el asunto, un reportaje de la revista Semana (basado en una consulta contratada por el Ministerio del Interior a través de las fundaciones Colombianitos, Tiempo de Juego y Contexto Urbano, la cual fue realizada por el Centro Nacional de Consultoría), pone en relieve que el “94% de los encuestados considera que el fútbol es importante o muy importante para Colombia”.  

La consulta sacó a relucir también que la clasificación de la selección Colombia al Mundial de Brasil “contribuyó a unir a la gente”, en un momento de profunda polarización política. Esto sin contar el relajamiento social que produjo en medio del estrés cotidiano que genera la inseguridad pública. Leyendo el informe se puede concluir que los colombianos de todos los estratos sociales “coinciden en concederle al fútbol esa fuerza de cohesión social”, que no han logrado otras instancias de la vida social del país, como los mecanismos de participación ciudadana, las instituciones gubernamentales y los partidos políticos, sobre quienes recae en primera instancia dicha responsabilidad. Sobre ese punto Jorge Humberto Ruiz Patiño afirma que la selección se ha convertido enun símbolo profundo de lo que significa ser colombiano, es decir, en la definición de la nacionalidad” y hoy es “un suceso cultural que moviliza a la nación y renueva sus relatos heroicos”.  

El aspecto es también abordado en profundidad por un reportaje del periodista Arturo Wallace, publicado por BBC Mundo, titulado “Colombia: el país que se quiere parecer a su selección”. Sostiene Wallace en su nota que “la selección Colombia se ha convertido en una gran representante del país”, lo cual hace de ella hoy una institución que encarna “sus potencialidades y sueños”.

La entusiasta movilización social que ha desatado la selección colombiana contrasta con el desinterés y la apatía de los colombianos por la política y los asuntos públicos. Ese desencanto se patenta en una alta tasa de abstención electoral, que ronda el 50% en cada elección. Sobre ese aspecto el politólogo Alejo Vargas sostuvo, en un artículo intitulado (sugestivamente) identidad nacional fútbol y violencia, que en Colombia son pocos los eventos que le han hecho sentir a su población que hace “parte de un proyecto común”, que representa un “nosotros” que simultáneamente nos una y nos diferencia de “los otros”.

Dentro de ese contexto la “Selección Colombia de fútbol […] aparece como un punto importante de coincidencia”, que ha convertido a los futbolistas “en referentes de identidad y orgullo nacional”, en medio de un clima social tenso, donde “otras pasiones, especialmente las políticas, tienden a dividirlos”. 

Mensaje Colombianos Montreal Selección Mundial

Foto: Pablo A. Ortiz / Grupo NM

La apatía frente a la participación en política y el entusiasmo respecto a la actividad futbolera podría explicarse, de acuerdo con el portal Gol y fútbol, a partir de un hecho: en Colombia el fútbol ha resultado, para ciertos sectores sociales, un escenario más efectivo que “la [escena] política” para romper “barreras sociales”, pues a la larga -con el desprestigio de la política– patear un balón se ha convertido en “un camino más elegante que la política para ascender socialmente”. Según María Jimena Duzán eso se explica porque “el fútbol tiene algo que no tiene la política colombiana: capacidad de convertir al enemigo en adversario”.

Sobre el rol social que hoy cumple la selección de fútbol en el seno de la sociedad colombiana, Arturo Wallace afirma que es evidente el “potencial unificador del fútbol y la selección nacional en un país dolorosamente dividido por años de luchas políticas, violencia y muerte”. Para él, el desempeño de la selección “dentro y fuera del terreno de juego” ha llevado al país entero a elevarla al puesto de referente de la unidad nacional. Esto se evidencia en un hecho concreto: desde el Presidente de la República hasta los jefes guerrilleros que negocian el proceso de paz en Ña Habana con el Estado visten públicamente, en la fecha de cada partido, la camiseta de la selección. 

El factor unificador que ha adquirido la selección de fútbol nacional en Colombia fue el tema central de la película Golpe de estadio, realizada por Sergio Cabrera, uno de los cineastas más talentosos del país. Igualmente, el fútbol ha sido la vía que le ha permitido a la población negra hacerse de un espacio (o a un espacio) en un país donde el racismo, tal como lo patenta el reportaje del portal Las 2 Orillas:El negro que quiere ser general y no lo dejan, aunque no se acepte, existe.

Ha sido tan eficaz el fútbol como ascensor social para la población negra colombiana que hoy hay foros que se organizan en Yahoo entorno a preguntas como: ¿si Colombia es un país con una mayoría étnica blanca o trigueña por qué en la selección Colombia la mayoría de los jugadores son negros? ¿Por qué si en los demás gremios predominan los blancos, en el fútbol no? ¿La selección Colombia era buena cuando no había tantos negros?

En todo caso el espacio social que han ganado los afrodescendientes colombianos por la vía de ese deporte es un asunto que preocupa a algunos como COLOMBIWAR,  que en unos de esos foros sostuvo, que hoy hay una “montonera de negros en la selección”, asunto que también disgusta a Orlando E. Para este comentarista de foros virtuales resulta vergonzante que la selección haya visibilizado a la población negra, sin tener en cuenta que “el 90% de los colombianos somos blancos”.

Selección Colombia análisis del rol del fútbol en la sociedad colombiana

Foto: Federación Colombiana de Fútbol

Pero la selección Colombia y el fútbol no solo han abierto la vía de inclusión –y aceptación– social de la población negra en el imaginario nacional. También –al igual que el ciclismo– han llevado a los colombianos a tomar conciencia del territorio nacional. Gracias a los futbolistas el pueblo colombiano ha terminado por incorporar dentro del imaginario colectivo nacional regiones periféricas, que hasta antes de la aparición de un futbolista talentoso tenían valor solo para los geógrafos y los estrategas militares. Los futbolistas han contribuido a la valorización sentimental por parte de los colombianos de lugares como Tumaco, Buenaventura, Turbo, Quibdó, Necoclí, o el barrio de Pescadito en Santa Marta.