domingo, 26 de octubre de 2014

¿Tienen razón quienes dicen que Canadá no debió inmiscuirse en la lucha contra el EI?

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Entre Fronteras Portada
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Harper Trudeau Mulcair

Fotos: Captura de pantalla / YouTube

Está claro que la oposición al gobierno de Stephen Harper, se opuso tenazmente a que Canadá participara en los bombardeos contra las huestes del Estado Islámico (EI).

No obstante, tras los atentados en la colina parlamentaria del pasado miércoles, esa oposición ha sido muy discreta y hasta complaciente con el primer ministro.

Los dos jefes de los principales partidos opositores, Thomas Mulcair del NPD y Justin Trudeau, del PLC, declararon su solidaridad con el primer ministro. Un acto que puede parecer formal,  pero que tiene una significación meridiana, tratándose de un país donde funciona una democracia madura, y sus actores políticos están conscientes del poder desestabilizador de las acciones terroristas.

Mulcair calificó de “vergonzoso” el atentado en el Parlamento, y que estaba “dirigido al corazón de nuestra democracia”. El objetivo era “socavar nuestra confianza utilizando el miedo”. Pero esa tentativa –dijo- ha  fracasado. Al contrario, ello “nos han unido, nos han hecho más fuertes y decididos”.

En tanto que el jefe de los liberales, Trudeau, quien aunque no utilizó el término terrorismo, reaccionó diciendo que “los criminales” no nos indicarán cómo gobernarnos, “ni van a cambiar nuestros valores”. Reconoció que Canadá jamás ha sido inocente ante estas amenazas y “sabemos que no somos inmunes”.

El (o los atentados) han dado pie para que el gobierno de Harper intente endurecer las medidas “antiterroristas”, a través de una ley que se estaría preparando. Ello podría traducirse en una disminución de ciertas libertades civiles y algunos temen que se pueda caer en “abusos” de autoridad.

Estas medidas, según algunos expertos, son políticamente “populares” y electoralmente pueden traer dividendos a los Conservadores, cuando se está a menos de un año de nuevas elecciones federales. Precisamente, recientes encuestan revelan que los conservadores son percibidos como los más aptos para proteger a los canadienses, hoy en día.

II.

De tal manera que si alguien esperaba que los jefes opositores salieran corriendo a recriminarle a Harper: Te lo advertimos… que no deberías meterte en esos líos; o quienes aspiraban que el partido Conservador saliera maltrecho de estos infaustos atentados, deben sentirse bastante decepcionados.

Probablemente el tema se retome al fragor de la campaña electoral y según la evolución del éxito o fracaso de la misión en Irak.

Decepcionados están también un buen número de nuestros lectores, inmigrantes latinoamericanos, según lo hemos podido percibir a través de sus opiniones, a propósito de los recientes atentados.

Estos lectores  habrían preferido que Canadá jamás se involucrara en una aventura bélica, precisamente para evitar represalias como las que han pasado.

Ciertamente para la mayoría de quienes hemos inmigrado lo hemos hecho, entre otras razones, para buscar la seguridad que nos falta en nuestros países de origen. En este sentido, Canadá, ha sido (y lo es) un perfecto paraíso (si acaso hay un paraíso imperfecto).

Pero, si bien los ataques pueden ser una respuesta directa a la participación canadiense en los  bombardeos contra el IE, no es menos cierto que la “amenaza” contra Canadá ya estaba subyacente antes de ir a la guerra. Las autoridades lo habían advertido, así como advirtieron de sus sospechas que muchos de los 130 canadienses que se han ido a Irak o Siria, para ponerse a las órdenes del EI, volverían al país como “graduados” en terrorismo, para cometer sus acciones desestabilizadoras.

Por otro lado se debe recordar que no es la primera vez que Canadá participa en conflictos bélicos. Lo hizo durante largos años, al lado de Gran Bretaña, incluso contra los Estados Unidos, en las guerras de independencia. Posteriormente, ha venido actuando en alianzas multinacionales tanto con su socio comercial que es hoy en día Estados Unidos, como con otros países. Actúa de manera activa o como fuerza de paz.

Canadá participó en las guerras de los Bóeres, que tuvieron como escenario Sudáfrica, entre los años 1880 al 1902, librada entre el imperio británico y los colonos neerlandeses. Participó en la primera y segunda Guerra Mundial; en la guerra de Corea, la guerra del Golfo, la de Kosovo y la guerra en Afganistán.

De tal manera que no es necesariamente por el hecho que Canadá haya participado en una guerra, la causa de los ataques, o por lo menos la sola causa. La razón estriba, tal vez, en el tipo de objetivo militar al que hoy se apunta. El EI no es un ejército regular, es un grupo islamista radical, que combina ideología y religión, con las más inimaginables y crueles formas de ataques, en las que el suicidio y las acciones solitarias en medios poblados son sus más sofisticados procedimientos. Ellos,  siembran en la población, lo que los caracteriza: el terror.