domingo, 16 de noviembre de 2014

El optimismo paradójico de los separatistas catalanes

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Artur Mas Consulta 9N fracaso

Madrid.– Ser positivo es una saludable actitud para remontar cualquier problema que pueda arribarnos.

Actualmente hay numerosas publicaciones y hasta especialidades profesionales dedicadas a cultivar el espíritu positivo entre las personas. Se aplica en la mercadotecnia, en la medicina, en el fomento de liderazgo, etc.

También, desde luego, se aplica en la política. Pero es aquí donde encontramos que la teoría enfrenta sus peores tropiezos en su aplicación práctica.

Hemos visto políticos de distintas ideologías y toldas partidarias, declararse victoriosos ante una derrota, al punto de parecer grotescos, al punto de perder el sentido de la realidad en el afán de ser positivo.

II.

Lo anterior nos lleva a pensar que esto es lo que les está pasando  a Artur Mas, el presidente de la Generalitat de Cataluña y al resto de su equipo, organizadores del referéndum (o consulta) del pasado 9 de noviembre, para decidir su independencia de España.

Según los resultados suministrados por ellos mismos, el 80,76 % de las 2.305.290 personas que concurrieron a votar, aprobaron la independencia de Cataluña.

Mirado desde ese ángulo, los independentistas tendrían sobradas razones para celebrar.

Pero resulta que ese 80,76 % no es más que 1.861.752 personas. Esto viene a representar apenas el 29,91 % del total de los votantes empadronados, que son  6.224.140 personas.

Como se sabe la consulta del 9N en Cataluña fue prohibida por el Tribunal Constitucional de España, por tanto el evento no contó con ninguna garantía de su imparcialidad. Los soberanistas alegan que esta prohibición impidió que más personas se presentaran a las urnas; otros alegan que ese hecho, por el contrario, enardeció aún más a las fuerzas separatistas que recurrieron en bloque a votar, además, como una señal de protesta.

Cifras más o cifras menos es razonable pensar que esos 1.861.752 votos representan a toda la fuerza política soberanista de Cataluña; o al menos es lo que consiguieron el 9N. Esta cantidad de votos evidentemente está muy lejos de ser la mayoría que se necesita para ganar el proceso refrendario.

A pesar de esa evidencia, el presidente de la Generalitat, Artur Mas, y los suyos cantan victoria y celebran los resultados del 9N como si hubieran ganado.

¿No es esto un positivismo a rabiar ante un soberano fracaso?

O tal vez sólo se trate de pura politiquería de políticos.