jueves, 20 de noviembre de 2014

Ola de indignación estremece México

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El Mundo
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México protestas estudiantes

Foto: Captura de pantalla / YouTube

Una ola de indignación generalizada se vive en México. En el simbólico aniversario de la Revolución Mexicana, el país se encuentra como en punto muerto. Las manifestaciones han paralizado las universidades más importantes del país, carreteras y aeropuertos.

Mientras tanto, su presidente, Enrique Peña Nieto, esta en el ojo del huracán. Su promesa bandera, la apertura petrolera, se da al tiempo en el que los precios del crudo caen en los mercados internacionales, y las críticas le llueven luego de que se descubriera que la casa de su esposa, la actriz Angélica Rivera aún estaba siendo pagada a una constructora que tiene múltiples contratos con la administración.

Pero más allá de las críticas por posible colusión, son las protestas las que parecen haber puesto en jaque al gobierno mexicano. Desde la desaparición de los 43 estudiantes, múltiples demostraciones se han llevado a cabo, que han terminado con pasos interrumpidos en carreteras, sedes políticas vandalizadas, edificios públicos quemados y aeropuertos tomados por  la fuerza.

Para los expertos la molestia no se limita sólo al caso de los estudiantes normalistas, que mezcla factores como la impunidad y la corrupción. En México están alzando la voz desde los intelectuales, hasta la Iglesia.

En el caso de la Iglesia Católica, los obispos se pronunciaron asegurando que se trata de una “crisis nacional”. Pidieron una acción inmediata del presidente para “recuperar la credibilidad y la confianza social”.

Por su parte el Banco de México, en un comunicado poco usual, advirtió sobre el “deterioro en la confianza de los agentes económicos”.

La patronal viene exigiendo “mano firme” para frenar la ola de violencia. Y mientras tanto, los grandes partidos (incluyendo al PRD -izquierda-) atraviesan una implosión por su apoyo al alcalde de Iguala.

Hasta ahora Peña Nieto ha tomado dos vías -a dos ritmos- para enfrentar la situación. A los violentos, los acusó de desestabilizadores, de “generar desorden social y sobre todo atentar contra el proyecto de nación. Sin embargo, por la solidaridad expresada a los padres de los estudiantes por parte de la comunidad en general, el Presidente ha optado, luego, por la calma.

Desde el gobierno se creó un fondo para las víctimas mientras la Cámara de Diputados aprobó 30 millones de dólares para las 14 escuelas normales rurales de México, siendo precisamente la de Ayotzinapa la más beneficiada.

Altos representantes gubernamentales mantienen comunicación con los padres de los estudiantes desaparecidos e incluso han aceptado sus propuestas, entre ellas, la conformación de un comité de expertos internacionales que tenga acceso a los expedientes del caso, para revisar la investigación y analizar la atención a las víctimas.