domingo, 23 de noviembre de 2014

Mientras Santiago avanza, Buenos Aires retrocede

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Santiago Chile

Foto: Flickr – alobos Life (CC)

Hace una semana que estoy residiendo en Santiago, Chile.

Claro está que a la hora de las comparaciones entre esta metrópoli y otras, me referiré a la ciudad de Buenos Aires, en donde viví casi toda mi vida.

Las veredas de la capital chilena están sanas y limpias, no hay baldosas flojas. En Buenos Aires, es común pisar mal -a causa de una acera rota- y terminar en el suelo. Es más, más de un peatón le ha hecho juicio a la misma comuna por el mal estado de las veredas y, años después, ha ganado la querella.

No hay baches en el asfalto, algo a lo que están acostumbrados los automovilistas porteños.

Mientras las calles de Buenos Aires están repletas de enormes contenedores de basura negros y verdes, estos no se advierten en Santiago. Aquí no hay basura a la vista ni malos olores, algo que se repite constantemente en todas las arterias de Buenos Aires.

Desde la ventana de mi oficina pude ver un choque entre dos vehículos. De uno de ellos  se bajó una mujer y del otro, una pareja. Tras intercambiar los datos de los seguros y de tomar fotos de los daños con sus respectivos teléfonos celulares, todos se despidieron con un beso. No imagino una situación similar en Buenos Aires. Allí, posiblemente, la conversación habría comenzado con una batería de insultos entre todos y hasta podría haber concluido a los golpes.

Ni hablar del metro. El de Santiago tiene 40 años y duplica en extensión al centenario de la capital argentina.

Tampoco son comparables entre sí Cristina Kirchner y Michelle Bachelet. Mientras la primera usa un helicóptero para ir desde su vivienda a la Casa Rosada, la segunda emplea un auto para trasladarse diariamente desde su casa al Palacio de La Moneda. Además, todas las semanas, la señora de Kirchner se sube al avión presidencial para recorrer más de 3 mil kilómetros hasta sus residencias australes. Y una vez allí, otras aeronaves de la misma flota vuelan desde Buenos Aires para llevarle los periódicos porteños a primera hora del día. Este tema ha sido y sigue siendo un escándalo en la Argentina. Sin embargo, a la mandataria poco le importa. Entre otras cosas, encargó que construyan un muro en el aeropuerto de Río Gallegos con la finalidad de que los aviones oficiales no puedan ser fotografiados. La prensa tampoco puede acercarse a la estación aérea cuando la jefa del Estado arriba o parte de la misma.

“Aquí, en Chile, sería impensado que Bachelet u otro presidente haga algo similar. Los ciudadanos no lo permitirían”, manifestaron todas las personas que me consultaron sobre si era cierta esta conducta de la presidenta argentina.

Por último, desde Buenos Aires me preguntan sobre los negocios y las tiendas existentes en Santiago. Las mismas que hay en Montreal o en Nueva York, es mi respuesta. Algo que hace años, sobre todo desde la llegada del matrimonio Kirchner al poder, no sucede en la capital argentina.