sábado, 6 de diciembre de 2014

Sobre la hija de Amir Khadir, las secuelas de la huelga estudiantil y el surrealismo canadiense

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Yalda Machouf Khadir Quebec

Foto: Radio-Canada

Viernes en la noche tranquilo. La nieve terminó por llevarnos a casa temprano, así que mantuve la tradición de ver los noticieros de las 11 como la mayoría de los días de la semana.

Y vino el primer golpe: la comisionada de ética del Parlamento mostró su preocupación frente a los regalos que están recibiendo algunos diputados federales. Se trata, en realidad, de vitaminas –sí, vitaminas- enviadas por la Canadian Health Food Association, la cual, es cierto, busca hacer lobby ante los miembros de la Cámara de los Comunes.

Surrealismo canadiense.

Segundo golpe: la ya común noticia en la que un alce abandona el bosque para aventurarse en la ciudad, obligando a un despliegue policial. Finalmente el animal suelto por un suburbio de Calgary murió de varios disparos, debido a la inefectividad de los tranquilizantes disparados por la policía.

Surrealismo envuelto en un gran cliché canadiense. Lo único que faltaba era algo de maple syrup.

Pero el verdadero golpe fue el tercero. ¡Bam! Directo a la lona con la boca abierta en sorpresa.

Yalda Machouf-Khadir, hija del diputado provincial Amir Khadir, se encuentra en problemas legales por su participación durante las protestas estudiantiles de 2012. La joven se declaró culpable de protagonizar actos de vandalismo en contra de las oficinas de la ministra de Educación de la época.

Sin embargo, la defensa pidió que el caso sea descartado con ciertas condiciones, con la finalidad de no dejar antecedentes criminales en los archivos de la joven. ¿La razón? No romper su sueño de convertirse en abogada.

En una carta que leyó ante el juez, Machouf-Khadir admitió que los ideales de la huelga estudiantil eran “nobles”, pero que las acciones que protagonizó eran erradas. Las acciones a las que se refiere son ataques contra la propiedad del Cégep del Vieux-Montreal, la Universidad de Montreal y las oficinas de la antigua ministra Line Beauchamp.

Hasta aquí la historia todavía tiene lógica. Una joven de 21 años que dice estar arrepentida e intenta reducir al mínimo las consecuencias a pagar. De ahí a que el juez lo acepte es otro debate.

Lo que llevó la historia a un nivel de surrealismo difícil de digerir fueron las muestras de apoyo que recibió la hija del diputado de Québec Solidaire, específicamente el perfil de las personas que salieron en su defensa.

Entre ellos estuvo el alcalde del distrito de Plateau-Mont-Royal, Luc Ferrandez, quien se tomó el tiempo de involucrarse en el conflicto judicial, firmando una carta en la que, junto con otras personas, pide al juez descartar el caso.

“Los daños que le son imputados no son exutorios (…) de una naturaleza delincuente, sino el resultado de una mala dosis entre sus ideales, su justa rebelión ante la injusticia y la elección de medios para hacer avanzar la sociedad”. Esas fueron las palabras que escribió Ferrandez, alcalde del Plateau. Ferrandez, concejal municipal. Ferrandez, representante del gobierno que tuvo que lidiar por meses con el caos –justificado o no- que generaron las protestas de 2012.

Constantemente se le pide a los políticos que sean más abiertos y honestos, pero lo que hizo el alcalde Ferrandez raya en el absurdo. Una cosa es mostrar compasión y comprensión ante los “errores de una joven”. Pero otra completamente distinta es poner el pecho por una joven que cometió un crimen, el cual admitió y por el que debería asumir las consecuencias que dicta la ley, por muy mínimas que puedan ser.

Además, cómo quedará la imagen del diputado Khadir si al final su hija termina recibiendo un trato especial y sus pedidos son aceptados. Así el diputado de Mercier no haya hecho ni dicho nada para involucrarse en el caso, una sombra lo seguirá por mucho tiempo. Una duda sobre si realmente pudo más su prominencia que la ley.

Twitter: @PabloJinko – pablo@noticiasmontreal.com