domingo, 14 de diciembre de 2014

¿Qué podría decir la inmigración latinoamericana sobre la reforma de la salud del ministro Barrette?

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Foto: Captura de pantalla / YouTube

I.

Preámbulo

Da la impresión que a estas alturas las fuerzas que tenazmente se oponen a la “reforma” de la salud del ministro quebequense, Gaétan Barrette, están ganándole el pulso. El proyecto de ley 10, que sustenta dicha reforma, tiene hoy más enmendaduras que los 19 artículos que lo componen.

Dicho proyecto, depositado en el Parlamento de Quebec el pasado 25 de septiembre de este año, si bien no es realmente una reforma total del sistema, tiende a cambiar dos aspectos fundamentales del mismo: la organización y la dirección. Concretamente, contempla la reagrupación de 182 establecimientos de salud públicos en sólo 28, los que se llamarían Centros integrados de salud y de servicios sociales (CISSS, por sus siglas en francés).

De más está decir que casi todos los colegios y otras organizaciones médicas han rechazado dicha reforma desde el comienzo. Las primeras reacciones vinieron de los 350 sindicatos reunidos en la Federación de la salud y servicios sociales, la FSSS-CSN. Han hecho públicas sus discrepancias personeros de la Fédération des médecins omnipraticiens du Québec (FMOQ) y, desde luego, le Collège des médecins du Québec (CMQ), cuyo director general Charles Bernard declaró:

“La reforma de la salud es como un tren con 19 vagones con un solo conductor, el ministro”.

Abogados, como Jean-Pierre Ménard y líderes y defensores de la comunidad, como Sara Saber-Freedman, presidenta del consejo de administración del centro de readaptación MAB-Mackay, podrían iniciar causas legales contra el ministro. Los voceros políticos opositores amenazan con una interpelación a Philippe Couillard, primer ministro de Quebec.

Para colmo, la opinión pública quebequense, que en sus inicios parecía proclive a dicha reforma, actualmente le está dando la espalda. La más reciente encuesta de la firma Léger, realizada entre el 1 y el 4 de diciembre 2014, arroja que apenas el 19 % de los encuestados creen que el proyecto de ley 10 contribuirá a mejorar el acceso y la calidad de los servicios médicos; y el 49 % cree que la reforma no será lograda.

II.

¿Qué podría decir la población inmigrante latinoamericana sobe este tema?

No tenemos una encuesta al respecto. No obstante, según hemos observado el tema de la salud inquieta sobremanera a una buena parte de los inmigrantes latinoamericanos, especialmente los venidos en los últimos años. Muchos  temen caer enfermos y verse enfrentados al sistema quebequense.

Tal vez sólo sea el temor a lo nuevo. Pero lo cierto es que los problemas que saltan a la vista en el sistema no ayudan a despejar esta mala impresión. Por ejemplo, el déficit de médicos; las fatigantes esperas en las emergencias cuando éstas no son graves; o igualmente las largas esperas para una operación.

Hay otros aspectos, menos inquietantes, pero que decepcionan también a los inmigrantes latinos, como el percibir que a través del sistema, se pierde un tanto el control de su propio proceso médico, incluso tratándose de un simple análisis de sangre. Los  resultados no los ve físicamente el paciente, solo se entera por la intermediación del médico. Se dice que el paciente podría explícitamente solicitar dichos resultados, pero no sabemos si siempre se satisfará al demandante.

La lengua –hablamos del idioma– es también un gran componente del estrés a la hora de ir al médico; el paciente debe ensayar muy bien cómo va expresar los síntomas de su dolencia. Los sentimientos, las emociones y las partes del cuerpo humano son un mar de terminologías específicas y hasta complicadas, que el paciente inmigrante común, si bien sabe lo que lo aqueja, no siempre puede describirlo de la manera más adecuada en un idioma que no es el suyo. Esto podría complicar una evaluación médica.

Ahora bien, como queda dicho, este tipo de inmigrantes latinoamericanos de los últimos años, debido al propio carácter de las exigencias de la inmigración, viene con un perfil mínimo atrayente. Son profesionales graduados, o trabajadores calificados, o empresarios o inversionistas; y todos con experiencias laborales demostrables y con algo de dinero en el bolsillo.

Estos profesionales en sus países conforman lo que se llama la clase media y sus variantes. Por tanto han gozado de ciertas comodidades y privilegios, entre ellos la forma de acceso a la atención médica. La mayoría jamás ha utilizado los servicios públicos de salud en sus países, entre otras razones -salvo excepciones- por las tradicionales crisis en que viven estos sistemas, aquejados por los vaivenes de los presupuestos públicos. Estos inmigrantes estaban acostumbrados, digamos por default, a la atención privada, en parte o en su totalidad.

Todo lo dicho, nos lleva a la conclusión, que una buena parte de estos inmigrantes latinoamericanos estarían  más proclives a aceptar la atención privada que la pública, en lo pertinente a la salud. Por otro lado ellos perciben -y algunos lo han experimentado- que están delante de un sistema que demuestra ser burocrático, pesado y lento; aunque -es justicia decirlo- muy pocos se quejarían de la calidad del servicio a la hora que ya se encuentran dentro de él.

Entonces, la reforma de Barrette bien podría estar siendo vista con buenos ojos por los latinoamericanos inmigrantes, ya que -en primer lugar- ésta pareciera apuntar hacia una ligera apertura al sector privado; apreciación que también la tiene la Fédération des chambres de commerce du Québec (FCCQ), la que  a través de su presidenta y directora general, Françoise Bertrand, le ha dado la bienvenida al proyecto de ley 10, como pocos.

En segundo lugar, los inmigrantes latinoamericanos también apoyarían la reforma de Barrette por que apunta -eso sí de manera explícita- a la organización y la gerencia del sistema. Los inmigrantes están conscientes que hay que hacer algo para desmontar lo que es percibido como un sistema burocrático, pesado y que se mueve lento.

III.

Postdata

Cuando estábamos escribiendo esta nota nos enteramos de un hecho que viene como anillo al dedo, en refuerzo de las preocupaciones que tiene el inmigrante latino sobre el sistema de salud de la provincia. Nos enteramos que una de nuestras jóvenes inmigrantes, y gran amiga de la casa, por quien estábamos muy inquietos, finalmente dio a luz una bella bebé. Pero la madre tuvo que esperar 30 horas en un hospital, para finalmente hacerle una cesárea. ¿Por qué hubo de pasar por este largo sufrimiento?