jueves, 15 de enero de 2015

Ataque al semanario Charlie Hebdo: 15 claves para interpretar lo sucedido (II)

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El arca de Enoïn Portada
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Je Suis Charlie análisi Enoin Humanez

Viene de: Ataque al seminario Charlie Hebdo: 15 claves para interpretar lo sucedido (I)

8-El lenguaje común de los dirigentes mundiales para condenar los hechos

La solidaridad entre  los jefes de los Estados democráticos y la movilización de la sociedad civil son el mayor antídoto contra el pánico generalizado, que pretenden generar estas facciones radicales.

9-La respuesta de las autoridades policiales

La respuesta de las autoridades policiales tanto en Boston, como en Ottawa y París debe ser un elemento a resaltar. Una acción policial inmediata, articulada, rigurosa y de profundo calado ha cumplido la función de generar sentimientos de seguridad en la sociedad en un momento de crisis. En los tres casos hemos visto la moderación del lenguaje de los responsables policiales, que se han limitado al uso de un vocabulario técnico para referirse a los hechos y han dejado la adjetivación de éstos a los políticos y los periodistas. Por otra parte, el hecho de paralizar una ciudad, como sucedió en Boston, un sector de la ciudad, como lo vimos en Ottawa, y dos regiones de París, como sucedió en el caso Charlie Hebdo, son hechos que mandan mensajes explícitos, que generan tres tipos de sentimientos en la ciudadanía: 1) las autoridades están haciendo lo debido para tomar el control de la situación; 2) los responsables van a ser encontrados y puestos a disposición de la justicia; y 3) no estamos a merced de los terroristas.

10-La solidaridad de la prensa francesa con Charlie Hebdo 

El gesto de toda la prensa francesa, particularmente del cotidiano Liberación, de prestar todo el apoyo logístico y financiero necesario para garantizar la próxima edición del “periódico acribillado” y de impulsar una edición especial de un millón de ejemplares, es uno de los mayores gestos de solidaridad en la historia de los medios de información, en la defensa de la libertad de expresión. Son este tipo de gestos los que le muestran a la sociedad la importancia que tienen para la democracia tres libertades capitales, encarnadas por los medios y los periodistas: 1) la libertad de expresarnos en los términos que nuestro leal saber y entender nos dicte; 2) la libertad de informar a la sociedad sobre lo que sucede, como creamos conveniente de hacerlo; y 3) la libertad de ser informado por el medio de nuestra predilección.

La posición de unidad que ha asumido la prensa francesa y la solidaridad de organizaciones de importancia mundial, como la empresa Google, que donará 300.000 dólares a Charlie Hebdo, se convierten en una manifestación que concretiza ese llamado de Vargas Llosa a que “el mundo libre [no] renuncie a uno de los valores que son el fundamento de la civilización:… la libertad de expresión” que nos permite hacer uso del “humor de una manera irreverente y crítica”. 

 11-Charlie Hebdo somos todos

El ataque  a Charlie Hebdo no se puede justificar con argucias ideológicas, ni bajo el supuesto de que lo que sucedió fue una venganza entre bandas radicales, porque las víctimas eran los portaestandartes de un discurso radical sobre la libertad de expresión, que fue contestado desde una postura radical, que considera que nadie se burla de Dios.

Estoy de acuerdo con aquellos que sostienen que Charlie Hebdo ha sido históricamente una publicación controversial. Sobre eso quien mejor ha versado es el profesor Pedro Javier Cobo Pulido, que en CNN  escribió: “no me gusta la sátira de Charlie Hebdo: es irreverente y en muchas ocasiones extremadamente ofensiva para las creencias, no solo de musulmanes, sino también de cristianos”.

Frente a lo sucedió hay que decir que quienes acusan al semanario de abusar de la libertad de expresión y burlarse de las ideas religiosas, tienen algo de razón. Pero justificar los hechos aduciendo que este periódico satírico provocó su desgracia cuando cazó abiertamente una pelea contra los musulmanes, particularmente los radicales, y tomó abiertamente posición a favor de Israel, es entrar a justificar, como lo advierte Raúl Piña en El Mundo de Madrid, que se dé un “paso atrás brutal”, para complacer a “fanáticos que no quieren que se pueda hablar de todo”.

Igualmente resulta fuera de lugar la posición que argumenta, desde la perspectiva ideológica, que este ataque es una treta de Occidente, para seguir en su guerra contra los países árabes que no se han plegado a los Estados Unidos. Así lo sugiere abiertamente el periodista Thierry Meyssan y lo ratifican millares de voces en internet, que endosan la teoría que sostiene que “el objetivo” del ataque era el “de provocar un “choque de civilizaciones” y crear una guerra civil entre musulmanes y no musulmanes, inmigrantes contra locales, en Francia. A los que toman esa deriva y nos recuerdan que los ejércitos occidentales matan a miles de inocentes en Medio Oriente para apropiarse de los recursos de esas naciones u organizan guerras para acabar con regímenes que no les son proclives, hay que recordarles que estos grupos, como lo advierte Réda Dali, están pretendiendo imponer su visión del mundo a todo el mundo musulmán. Allí han emprendido desde la década de 1970 una cruzada contra los derechos de las mujeres en los países más liberales. Por eso hay quienes no se miden para decir que hoy que les femmes sont la cible principale de l’islam radical.

Sobre la influencia de Charlie Hebdo en la opinión pública vale decir que este periódico ha tenido siempre una clientela bastante reducida, que se recluta en sectores irreverentes circunscritos al mundo universitario y a sectores intelectuales contestatarios del orden religioso. Si bien puede aceptarse que su lenguaje desborda los límites de la libertad de expresión, no se puede aceptar que la morigeración de éste provenga del mundo de la barbarie. En efecto, como lo dijo Albert Monteys, “desde el humor hay que combatir todos los fanatismos”. Eso indica que “la batalla ahora es reconquistar el espacio de libertad que se ha perdido con este asesinato”.

Frente a lo sucedido es oportuno resaltar que la crítica al estilo virulento de Charlie Hebdo solo debía proceder del mundo de las ideas. Si alguien consideraba que este semanario estaba abusando de la libertad de expresión, la contestación de su discurso debió darse en el plano del debate intelectual y no a sangre y fuego. Sobre este punto más clara no puede ser la posición de Pedro Javier Cobo Pulido, quien sostiene que aquí lo que “hay que defender es uno de los principios sagrados de la democracia: la libertad de expresión”. En tal sentido, quien no comparta las posturas de un medio como éste puede “no comprar, escribir cartas al editor, poner una demanda si fuera el caso de difamación, etc.”.

Sobre lo crucial que resulta la idea de endosar la camisa de Charlie Hebdo en estos momentos, mejor no lo pudo decir Mario Vargas Llosa, al advertir que aquel que no eleve su voz contra esta masacre ha comenzado a aceptar que se “empiece a ejercitar la censura” a ponerse “límites a la libertad de expresión”,  a establecerse  “temas prohibidos, es decir, renunciar a uno de los principios más fundamentales de la cultura de la libertad: el derecho de crítica”.

12-El humor es subversivo y el totalitarismo no lo tolera

Este 7 de enero la humanidad ha confirmado una vez más que el totalitarismo y el fundamentalismo religioso no soportan la sátira y las miradas jocosas sobre sus postulados y prácticas. Como lo dijo la historiadora quebequense, Mira Falardeau, no hay democracia sin humor y no hay humor sin democracia. Falardeau advierte que desde la antigüedad los jerarcas más radicales de los grupos religiosos han buscado siempre la manera de asegurarse que los postulados de la fe que profesan no sean puestos en cuestión por nadie. Esto garantiza que el común de la gente no se distancie del discurso religioso como discurso orientador de la vida. La pérdida de respeto del individuo común y corriente frente a las ideas teológicas es un riesgo que se corre con la multiplicación de las interpretaciones jocosas, que caricaturistas radicales puedan hacer de la iconografía sagrada, como lo han hecho en este caso los caricaturistas de Charlie Hebdo.

13-La retención en el lenguaje y el tacto para no estigmatizar a la población inmigrante de confesión musulmana

En este campo el mejor ejemplo lo ha dado el presidente francés François Holland, que ha utilizado un discurso cuidadoso orientado a evitar la estigmatización de la población inmigrante musulmana radicada en Francia. En un debate reportado por el portal Atlántico. Philippe d’Iribarne; Roland Hureaux y Ghaleb Bencheik, han dicho que si bien la población musulmana no puede sustraerse a los hechos, convertir a todos los musulmanes en sospechoso es un hecho que no le conviene a un país como Francia. Para minar la xenofobia y facilitar la apertura del diálogo intercultural y religioso, es importante permitirle a las figuras legitimas de la confesión musulmana tomar la palabra y rechazar a los actores violentos, que se amparan de la fe para aterrorizar al mundo, tal como lo han propuesto en los debates radiales algunos actores académicos.

14-La integración de los inmigrantes una clave para prevenir el fenómeno de los lobos solitarios

En los países de inmigración es imperativo que los Estados adopten programas robustos de integración, orientados a facilitar la movilidad social de los inmigrantes de primera, segunda y tercera generación. Como se ha venido constatando ataque tras ataque, muchos de estos lobos solitarios reclutados por los grupos islámico son hijos de inmigrantes mal integrados, a los que la pobreza, la soledad y la falta de oportunidades concretas han convertido en individuos vulnerables socialmente, que puedan ser presa fácil del odio social. Estos adolescentes y jóvenes, animados por un sentimiento de injusticia respecto a sus padres y a ellos mismos, pueden alimentar hoy en internet, de manera fácil, su odio hacia Occidente. Es allí donde beben de esta ideología y donde se enrolan en los grupos de fanáticos religiosos de orientación mesiánica o libertaria, que luego de entrenarlos les dan la orden ‘Golpea como puedas’ y ‘mata cuando creas’. En ese orden de idea no le falta razón a Santiago Cruz Hoyos, que en El País de Cali anota que la exclusión de los musulmanes e Francia es un terreno abonado para que florezca el terrorismo, pues los jóvenes musulmanes de primera y segunda generación padecen los efectos de una exclusión social, a la que son sometidos sistemáticamente.

15-Sacar a los jóvenes del aislamiento

Una tarea urgente es romper el aislamiento y la marginalidad de un alto porcentaje de jóvenes, que hoy deambulan por la sociedad sin referentes concretos. Los estudiosos del tema ha venido demostrando que por dedicarse al trabajo y afanados por el éxito personal, un porcentaje amplio de padres de familia han terminado abandonando la responsabilidad que les concierne como padres: ocuparse de la orientación de sus hijos. Sin referentes concretos a seguir, estos jóvenes terminan revoleándose contra el mundo y buscando orientación sobre temas cruciales de la vida, donde en primera instancia no deberían hacerlo: el internet. Allí se encuentran con todo tipo de referentes. Al no tener los buenos referenciales en materia de valores pueden terminar siendo reclutados por el crimen organizado, los explotadores sexuales y por los grupos terroristas.

Finalmente, vale precisar que estas 15 claves no son la única ruta posible para iniciar un proceso de interpretación de los hechos. En todo caso, cada lector podrá establecer sus propias claves de interpretación y agregar o suprimir de su lista aquellas que le parezcan  improcedentes. A las personas que estén interesadas en continuar el análisis de lo sucedido las invitamos a compartir con nosotros sus opiniones, pues consideramos que la principal obligación que hoy tienen tanto los medios como los formadores de opinión es la de proseguir el debate que, de manera violenta, ha abierto sobre la libertad de expresión la masacre de la planta de personal del semanario Charlie Hebdo. Examinar lo sucedido desde todos los ángulos posibles es  un imperativo al que no se le puede sacar el bulto, así haya quienes ya se precipitaron a decir: Je ne suis pas Charlie (Yo no soy Charlie).