domingo, 18 de enero de 2015

“Me duele que en mi obra se despidan del país”

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Foto: Flickr / David Hernández (CC)

Foto: Flickr / David Hernández (CC)

Así titula el diario Panorama de Venezuela la entrevista que hiciera al excelente artista cinético de ese país, Carlos Cruz-Diez, y que publicara a comienzos de este año. Y no es para menos. Los emigrantes venezolanos de estos tiempos comienzan su travesía tomando sus fotografías de despedida sobre la “Cromointerferencia de color aditivo”, obra del artista sobre el piso del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar. 

La experiencia que miles de familias venezolanas vivimos hoy día no es nueva en nuestra América. Colombianos, ecuatorianos, bolivianos, chilenos y muchos más de Centroamérica y del resto del continente han pasado por ésta y tienen historia. Pero nosotros estamos, aún, en ese proceso de construir esa historia como inmigrantes. Quizás con algo de dificultad si tomamos en cuenta que el venezolano estaba acostumbrado a recibir “visitantes” y no a ser “visitante”. Desde finales de la II Guerra Mundial y hasta mediados de los años ochenta, miles y miles de “visitantes” fueron recibidos y aceptados para compartir la cotidianidad de cada una de nuestras ciudades y pueblos. 

No hace falta que exprese las razones por las cuales los venezolanos somos ahora los “visitantes”. De sobra son conocidas. Lo que expresa Cruz-Diez es el reflejo del dolor que sentimos, no sólo por tener que salir del país, sino por ver partir a seres queridos.

Según inferencias estadísticas, tomadas a partir de la cantidad de venezolanos que se registraron fuera de Venezuela en 2012 para participar en las elecciones presidenciales de ese año, unos 105.000, se estima que hasta esa fecha habían emigrado en poco menos de 10 años cerca de un millón de venezolanos. Lo complicado de esa migración: el elevado porcentaje de profesionales. Lo que conocemos como fuga de talento. 

La situación actual ha hecho que ese número haya crecido y siga creciendo exponencialmente. Que no se detenga esa fuga de talento es sumamente grave para un país como Venezuela, si tomamos en consideración la duda que resulta de la necesidad de poder contar con el recurso humano necesario para poder reconstruir el país en un momento que todos aspiramos sea próximo.

Si el talento no está en casa, ¿regresará? Es una pregunta que sólo la historia podrá responder. 

Mientras tanto nos corresponde estar atentos no solo a la preocupación, sino invitar a nuestros jóvenes en nuestros países y en donde estamos ahora, como nos sugiere el maestro Carlos Cruz-Diez en sus ya más de 90 años, “a entender su tiempo…a entender lo que están viviendo…a ver nuestras vidas con el color del porvenir”.