miércoles, 21 de enero de 2015

Reanudación de relaciones Cuba-EE UU: la percepción de políticos, medios y el público hispanoamericano (I)

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El arca de Enoïn Portada
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Foto: Pete Souza – Casa Blanca

Viene de El desbloqueo a Cuba: una mirada del asunto de John F. Kennedy a Barack Obama

El análisis de la posición de los hispanoamericanos frente a la reanudación de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, en tiempo de redes sociales y lectores interactivos, debe tener en cuenta tres polos de opinión diferente: la opinión de los actores de poder; la opinión de los formadores de opinión y difusores de información; y la opinión del público en general, que puede acopiarse a partir de los comentarios que dejan los lectores de periódicos debajo de artículos de opinión, reportajes y noticias. 

1 – El punto de vista de los actores de poder 

En cuanto a los actores de poder, el presidente Evo Morales vio el hecho como una victoria del mundo frente al imperialismo. Según sus palabras, en la confrontación entre los dos países “Cuba ha ganado”. Para él “Cuba enseñó” al mundo cómo enfrentar a un imperio, “por eso un 17 de diciembre se escribirá en la historia de la humanidad sobre cómo Cuba doblegó a Estados Unidos”.  Si nos detenemos en las palabras del presidente Morales un asunto es evidente. Para él no se trata de un acuerdo bilateral entre los dos países, sino de una victoria en el plano político del régimen cubano. Su lectura del asunto no es diplomática, sino ideológica. Sus palabras no se encaminan a resaltar la sensatez de lo pactado, ni a destacar el triunfo de la razón sobre el dogmatismo político. Para Morales la reanudación de relaciones diplomáticas entre los dos países no significa la superación, por la vía diplomática, de un conflicto perteneciente a una era histórica pretérita, ni el inicio de un nuevo tiempo en el ámbito de la geopolítica continental. Él solo quiere destacar que el acuerdo significa la victoria del “pueblo cubano”, así como de “Fidel y de Raúl”, que no se doblegaron “frente al imperio”.

En sintonía con Morales se situó el presidente  venezolano Nicolás Maduro. Para Maduro todo se reduce a “una victoria de Fidel y del pueblo cubano”. Un lenguaje menos militante, pero de igual contenido político utilizó Daniel Ortega Saavedra. En su discurso, que se sitúa en la misma órbita del discurso de Morales y Maduro, Ortega considera que la noticia supone “tiempos de augurios positivos para la noble y brava América nuestra”. Según él, la restitución al “pueblo cubano” de “derechos y reconocimientos” que le “habían sido usurpados por las autoridades norteamericanas” marca el  inicio del comienzo del fin del “ilegal e inhumano bloqueo que durante largas décadas […] penalizó, sin doblegar jamás, a ese gran pueblo: … el heroico y consecuente pueblo cubano”.

En la declaración de Ortega hay también un fuerte contenido de connotación geopolítica. Sobre el particular, el mandatario nicaragüense advierte que hay que entender que el acuerdo entre el gobierno estadounidense y cubano “abre una etapa nueva en la historia de nuestra América y el Caribe”. Según él, esto no hubiese sido posible sin el concurso del “papa Francisco, que viniendo de nuestras tierras, ha sabido propiciar soluciones justas que reparan daños y errores históricos”.

Más diplomática, menos política, y atravesada por una visión más dialéctica de los hechos resultaron las posiciones de las presidentas de Argentina y Brasil. Más militante que su homóloga brasileña resultó la postura de la presidenta argentina Cristina Fernández, que destacó la “dignidad del pueblo cubano”, que resistió tantas décadas de penurias en su enfrentamiento con EE UU y elogió al Gobierno de La Habana por no haber “traicionado” a su gente en este conflicto. Fernández manifestó su emoción por lo sucedido, evocando su condición de “argentina” de “ciudadana del mundo” y “fundamentalmente” de “militante política”. Fernández  finalizó diciendo que pensaba que nunca “iba a ver […] todo esto que ha acontecido”, lo que le da a su discurso un profundo contenido existencial, que denota el significado que tenía en la agenda continental el tema cubano.

Por su parte la presidenta brasileña Dilma Rousseff manifestó su sorpresa a la hora de evaluar el hecho, del que  dijo: “nosotros, luchadores sociales, nunca hubiéramos imaginado la reanudación de relaciones entre Cuba y EE UU“. Rousseff felicitó por igual a Raúl Castro, a Barack Obama y al Papa Francisco. Del último dijo que fue “uno de los factores más importantes en este acercamiento”, que patentiza para ella un cambio importante en el plano diplomático. 

Más parcos -ideológicamente hablando- y de menos contenido fueron las declaraciones de los presidentes de Colombia y México Juan Manuel Santos y Enrique Peña Nieto. En cuanto al presidente de Colombia, país que según la redacción del diario El Espectador funge desde la década de 1970 como el “aliado incondicional de Washington” en América Latina, la parte más sustanciosa de su declaración concierne el guiño sobre los posibles alcances geopolítica del acuerdo. Para Santos el evento resultó ser una “gran noticia para la región y para el mundo”, que patentiza “la audacia y el coraje” del presidente estadounidense, Barack Obama, y del Gobierno cubano, que a través de ese gesto abren “la puerta para que América sea un continente donde haya paz entre todas las naciones y al interior de ellas”.

Sin duda Santos pone su mirada en el impacto positivo que pueda tener en la pacificación de Colombia, el relajamiento del conflicto cubano-estadounidense, que alimentó cotidianamente los fogones que calentaban la Guerra Fría a escala continental. Como  lo destaca el editorial de El Espectador, Colombia ha sido uno de los países de América donde se ha sentido con mayor intensidad los choques telúricos, que generó la confrontación entre Washington y Moscú durante la Guerra Fría, que tenían su principal epicentro en La Habana. 

Respecto a Enrique Peña Nieto, sus declaraciones se centraron en tres puntos: 1) reconocer la decisión histórica del presidente de Estados Unidos; 2) recordar el respaldo de México a Cuba a lo largo de su periodo de aislamiento y su voluntad de apoyarla “para que tenga igualdad de condiciones y los mismos derechos que tienen todos los demás países del hemisferio”; y 3) ofrecer su disposición para contribuir a una eficaz normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. 

De todos los gobiernos a los que los entendidos en materia diplomática les reconocen un peso importante en el contexto continental, el gobierno de Chile fue el único que decidió hablar a través de su canciller. Según lo dicho por el ministro chileno de Relaciones Exteriores, Heraldo Muñoz, Chile celebra el histórico anuncio de la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, porque el hecho significa “el comienzo del fin de la guerra fría en nuestro hemisferio, y por lo tanto le hace bien no solo a los dos países, sino que a toda la región“. Las declaraciones del ministro, además de asociar la medida al momento histórico que deja en el pasado este acuerdo, proyecta sus efectos geopolíticos tanto en el presente como en el corto y mediano plazo.

Una posición que se sitúa acaballo entre la postura de Daniel Ortega, del canciller chileno y del presidente Enrique Peña Nieto resultó ser la del presidente peruano Ollanta Humala, un hombre a quien los entendidos en política latinoamericana sitúan en una órbita más cercana a La Habana que a Washington. En su declaración Humala ofrece su “total respaldo a esta histórica decisión”; reitera la tradición diplomática peruana que ha sido -según él- la “de pedir en todo foro internacional la inclusión de Cuba en espacios de integración de América Latina y América en general”; y finalmente se enfoca en destacar el impacto geopolítico que ese “paso clave, histórico y valiente” va a traer consigo. Según Humala la superación de las tensiones diplomático-militares entre los dos países va a “permitir avanzar de manera importante en lo que es el proceso de integración de toda América”.

Menos elaborada y bastante informal fue la declaración del presidente de Ecuador Rafael Correa, quien en su cuenta de Twitter aplaudió el “histórico acercamiento” entre los dos vecinos enemigos. Para Correa, la noticia se inscribió dentro de un “día de buenas noticias para la Patria Grande”, pues se dio “en una jornada clave que también ha conocido el alto al fuego indefinido de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia”. Aunque informal, la postura de Correa no resulta banal. Si le damos crédito al diario El Espectador y al estudioso del conflicto colombiano Alfredo Molano Bravo, la confrontación entre Estados Unidos y Cuba y el conflicto guerrillero en Colombia representan “los dos últimos capítulos de la Guerra Fría en América”.

La posición optimista de la dirigencia latinoamericana marcó un fuerte contraste con la postura asumida por los dos más importantes dirigentes políticos hispanos del momento en Estados Unidos: el senador del partido republicano por la Florida, Marco Rubio, y el senador demócrata por New Jersey, Bob Menéndez. Marco Rubio sostuvo que la medida constituye un “intento peligroso y desesperado del presidente por pulir su legado a expensas del pueblo cubano”. Rubio anunció inmediatamente su decisión de usar su “rol como próximo presidente del subcomité del Hemisferio Occidental del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, para hacer cualquier esfuerzo por bloquear” la medida.    

Por su parte Menéndez sostuvo que la medida hace parte de una “diplomacia secreta”, que no produce resultados “en términos de democracia y Derechos Humanos […] nada acerca de las libertades políticas“. En síntesis, el acuerdo de Washington y La Habana ha generado malestar en los alfiles de la clase política hispana, con asiento en los sillones donde se toman decisiones en Estados Unidos. Por eso no está de más resaltar que tanto en el campo adversario como en su propio campo, Obama no cosecha sino reproches por haber roto las clavijas, que sostenían una medida -que el paso del tiempo- ha mostrado que resultó inocua para tratar el tema cubano. 

Si le damos crédito al portal Cuba Debate el único parlamentario hispano del congreso estadounidense que tomó posición del lado de Obama fue el “representante demócrata por Nueva York ,Charles Rangel, quien dijo: “nunca he estado más orgulloso de ser estadounidense. El pueblo cubano está bailando en la calle” y el optimismo de la gente en Estados Unidos y Cuba “es la mejor cura para una relación que ha sido mala en el último medio siglo”.