viernes, 13 de febrero de 2015

La Whitney Houston de mis recuerdos

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Foto: Canción I Wanna Dance With Somebodyyoutube / Video Youtube

Foto: Canción I Wanna Dance With Somebodyyoutube / Video Youtube

I.

Diría que era el año 1986 o tal vez 1987. Me encontraba vacacionando con mi familia en St. Kitts, una de las dos islas que componen Saint Christopher and Nevis, pequeño país de apenas 39 mil habitantes, miembro de la mancomunidad de Gran Bretaña.

Saint Christopher and Nevis está ubicado en donde las aguas del Atlántico se unen con las del mar Caribe. En efecto, uno puede disfrutar de las playas tanto de un lado como del otro y se podría decir que las diferencias entre ambas literalmente son de un océano a otro. Las aguas del Atlántico son muy agitadas que contrastan con las reposadas y cristalinas del Caribe.

Una tarde fuimos caminando del Royal St. Kitts en dirección a la playa, cuando el ambiente empezó a tornarse gris y, mientras más avanzábamos, un viento extraño empezó a soplar. Más caminábamos, más gris y extraño se hacía el ambiente. Alguna gente volvía a pasos largos y otros montados en sus carritos tipo golf. Pero nadie nos decía nada y nosotros seguíamos avanzado.

Casi enseguida llegamos a la playa que era una ensenada. Lo que vimos era extraño, el mar estaba retirado, se podían ver las piedras de la playa; a lo lejos, en la cresta de las olas, un bote daba tumbos. Ahora sí la gente corría de un lado para otro. Los pescadores -que habían algunos- amarraban sus embarcaciones lo más que podían y de repente todo el mundo desapareció, menos nosotros. Todo se puso negro y un viento endemoniado empezó a bufar. Su fuerza descomunal nos lanzó a la arena, bocabajo, y luchábamos con todas nuestras fuerzas para que el viento no nos elevara. La arena se levantaba como polvo, en remolinos, que no nos dejaba ver.

Permanecimos así, estoicos, asidos al piso, hasta que cesó de soplar. Entonces varias cabezas empezaron a asomarse y todos sin más trámite empezamos a desocupar el lugar. A medida que corríamos un nuevo fenómeno se nos presentó. Sobre nuestras cabezas se posó una nube y empezó a bañarnos sin piedad, corríamos y corríamos, pero luego de un rato todo pasó. Cesó de llover y de soplar y una calma indescriptible sobrevino.

Pero ya no volvimos nunca más a esas playas atlánticas.

II

Dentro de los innumerables eventos que nos ofrecía el hotel Royal St Kitts, teníamos las fiestas después de la cena, con baile y música en vivo. Una de esas noches bailábamos con mi esposa y mi hija mayor, que entonces era pequeña, metida al medio de los dos. El grupo musical de esa noche nos animaba con salsas, merengues y mucho calypso. En un momento nos sentamos a descansar en torno a la mesa, cuando de enfrente viene una señora. Se dirige a mí y me dice:

–           ¿Bailamos…?

Me quedé maravillado por su espontaneidad; no a cada rato una mujer me sacaba a bailar. Después entendí, ella era canadiense. Ustedes saben, la liberación femenina y todo eso. Por supuesto, que en ese momento, jamás me imaginé que muchos años después vendría a vivir a Canadá. Cómo imaginarme una cosa parecida bajo esas circunstancias, una noche de 30 grados sobre cero, contrastables con los 30 grados bajo cero del invierno quebequense.

La más brava por haberme sacado a bailar esa canadiense, era mi hija, que no podía meterse en medio de los dos para seguir bailando.

Pues bien, la fiesta continuaba animadamente, cuando el maestro de ceremonia anunció la presentación de nada menos que de Whitney Houston. Expectación general. Aparece en escena una tremenda morenaza, con unos tacones enormes, vestida con un taller blanco ajustado y enseguida se lanza a cantar Saving All My Love For You, el segundo sencillo de su primer álbum. Luego empató con How Will I Know. Los presentes parecíamos parte de su coreografía y por supuesto no pudo faltar en el repertorio el romántico Greatest Love Of All.

Teníamos ante nosotros a la Whitney Houston de St. Kitts. Una hermosa joven enfermera que en sus tiempos libres ejercía como cantante. Nada tenía que envidiarle a la original. Realmente tenía una bella y poderosa voz y una enorme capacidad histriónica para lograr la imitación. Sus inflexiones de voz, esas que eran la marca registrada de la Houston, se perdían en la inmensidad de esa noche cálida de cielo abierto y estrellado.

Desde entonces mis recuerdos de la diva americana –tan fresca y espontanea como lo era entonces; famosa, pero aún en los albores de su carrera- quedaron íntimamente asociados a esta otra cantante, la Whitney Houston de St. Kitts.

III.

Escuchemos a la diva cantar: How will I know