miércoles, 18 de febrero de 2015

Dejarse ayudar

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Mamá en Montreal Portada
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Foto: Flickr / Bridget Coila (CC)

Foto: Flickr / Bridget Coila (CC)

Una de las primeras cosas que aprendí como mamá y como inmigrante, es que eso de pretender ser perfecta no sirve para nada. En general, en la vida, no es demasiado rentable lo del perfeccionismo, pero en estos dos aspectos en particular creo que resulta una aspiración absurda.

Toda mamá sabe que, como dice ese refrán “it takes a village” (algo así como “se necesita una aldea”) para criar un niño. Y aunque la mayoría de nosotras lo hace sola, siempre necesitamos una mano. Una mamá, una suegra, una hermana, una amiga con experiencia, alguien que, más allá del papá, que la ayude.

Cuando tuve a mi hija ese papel lo encarnó maravillosamente mi suegra. Estuvo allí con nosotros, haciendo literalmente de todo. Y nunca sabré tener suficientes palabras de agradecimiento para con ella por eso. Recuerdo que el día que se devolvió a su casa (ella vive en otra ciudad y se instaló en nuestra casa durante las primeras tres semanas de vida de mi hija), lloré. Ella me dijo: “vas a poder. Tranquila”. Y tuvo razón, claro. Pero el hecho de que haya estado allí con nosotros durante ese tiempo hizo una gran diferencia.

Cuando te vienes a vivir a otro país, salvo en afortunadas excepciones, no está tu suegra. Ni tu mamá, ni tus amigas. Algunas mamás afortunadas cuentan con la visita de sus familiares durante las primeras semanas, pero la mayoría no puede hacerlo.

En rigor, no hay nadie más. Son tú y el papá (cuando está, porque a veces tampoco está). Solos. Con un bebé en las manos y un mundo más o menos desconocido fuera de las cuatro paredes de tu casa. En otro idioma. En otro mundo.

Cuando llegué a Montreal me pregunté cómo sería la vida de esas mamás inmigrantes que daban a luz a sus bebés aquí, sin poder tener a nadie cerca. Y la respuesta que encontré me impresionó para bien. Porque aquí la ayuda existe. Y además está institucionalizada.

Este es un lugar en el que se entiende que las mamás necesitan apoyo. Y se ha creado una interesantísima red para cubrir esa necesidad. Una red compuesta por organismos gubernamentales y no gubernamentales, pero sobre todo por mamás. Por mujeres que saben lo difícil que son esas primeras semanas de vida de un bebé y se han aprestado a ayudar a las demás.

No son pocos los problemas que tiene una mamá cuando acaba de recibir a su hijo. Adoloridas, agotadas, a veces en condiciones complicadas cuando el parto no fue tan sencillo como se esperaba, sobredemandadas, en muchas ocasiones con síntomas de depresión, en otras ocasiones enfrentando esa sombra que es la depresión posparto y, para colmo, completamente perdidas. Estas son sólo algunas de las cosas por las que pasa una nueva mamá. Súmese a esto los problemas que la mayoría tenemos para amamantar, la cantidad de preguntas sobre la salud y el bienestar de ese frágil ser que ahora es enteramente responsabilidad nuestra y las otras tantas sobre los no pocos achaques del posparto, que vienen en una amplia gama. Es duro.

Pero aquí hay donde recurrir. Lo importante es saberlo y actuar.

Los grupos de mamás que se reúnen para compartir impresiones, dudas y recomendaciones son de gran ayuda y están por toda la isla. También lo son los centros de ayuda a las mamás que amamantan, donde se les presta apoyo para resolver esos problemas tan comunes como que el bebé no se prende bien al pecho, no come suficiente o la mamá no produce la cantidad de leche necesaria.

En Montreal existe además el servicio de “madrina”, una mujer que te acompaña durante esas primeras semanas en todo lo que necesites. Desde cargar al bebé para que puedas darte un baño, hasta una cita con el pediatra. Te ayuda con el idioma, te da confianza en que lo vas a lograr, te cuenta sus experiencias como mamá. Y, lo más importante: no te juzga, porque ella también sabe lo difícil que es.

Si tu bebé necesita ropa, juguetes, un coche o algo que simplemente no puedes pagar, estos centros te ayudan a conseguirlo por muy poco dinero o a veces hasta gratis, gracias a la generosidad de otras mamás que han donado las cosas que sus nenes ya no necesitan. Si necesitas apoyo porque te sientes triste o desesperada, estos grupos te ayudan a conseguir ayuda profesional.

Es un mundo fascinante, sobre todo porque plantea dos realidades que a mí me han impactado: la primera, que aquí cada quien acepta sus límites y sabe que aceptar ropa usada o el consuelo de una desconocida no tiene nada de malo ni de denigrante. La segunda, que hay un montón de gente que lo ha entendido y está haciendo algo al respecto.

Les prometo seguir extendiéndome sobre este tema en este espacio. Por lo pronto, les dejo unos enlaces que considero útiles si ustedes están en busca de ayuda. Y también las invito a escribirme, contándome lo que necesiten y a ayudarlas a buscar. La ayuda está. Dejémonos ayudar.

Enlaces (en francés):

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