jueves, 5 de marzo de 2015

Vi Twitter. Vi el anuncio. Murió Hugo Chávez

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Happy Square Face
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Prensa-Muerte-Chavez

Hace dos años, a las 7:00 pm, regresaba a casa, en Montreal, luego de estar tres horas en una escuela de las Fuerzas Armadas canadienses (Sí, yo, que siempre he rechazado lo militar). Había sido invitada a una actividad como representante de las comunidades étnicas para “vivir la experiencia” de un cadete y poder “correr la voz” para que más inmigrantes, una vez ciudadanos, se sumen a las Forces.

Llegué a Saint-Jean-sur-Richelieu (cerca del lugar donde ocurrió uno de los atentados en 2014) un poco después del mediodía. Pasadas las 4:00 pm, después de haber dejado mis cosas en la habitación donde estaría las próximas tres noches, esperábamos para tener el primer almuerzo oficial de la actividad, con una sargento de origen jamaiquino de cara bastante seria, encargada de supervisar el grupo. Vi Twitter.  Vi el anuncio. Murió Hugo Chávez. Le escribí a Pablo. Llamé a mamá en Caracas. Sabía que tenía que irme de ese lugar y ponerme a trabajar, pero estaba a unos 40 minutos de Montreal, sin carro y sin tener idea cómo salir de allí.

Pablo le pidió a Sonia que me fuera a buscar, para él quedarse actualizando NM. Le tenía que decir a la sargento. Opté por contarle lo que pasaba, en mi inglés “a little rough around the edges” y la cosa salió más o menos así:

-Lo siento mucho. Me tengo que ir. El presidente de mi país acaba de morir.

Lo lamento mucho, me dijo, en tono de “mis condolencias”. Pero, ¿tu país? ¿Canadá no es tu país?

-Bueno…sí. Pero… Soy de Venezuela. No sé si conoce la situación que vive Venezuela. Hugo Chávez…soy periodista. Tengo que trabajar, murió el presidente de mi país y tengo que escribir al respecto.

-No hay problema. Será en otra oportunidad.

Me despedí de las tres personas que había conocido en las tres horas que había estado en la escuela militar. Les comenté, muy por encima, lo que pasaba y también me dieron sus condolencias. Creo que no entendían el contexto. Soy periodista, tenía que trabajar. Había muerto el presidente de mi país y tenía que escribir al respecto. Escribí 11 años sobre su gobierno, en Venezuela. Seguí haciéndolo en Canadá. Tenía que escribir.

Ocupada, como siempre está, Sonia tardó un par de horas en llegar al lugar. Hacía frío. Los marzos en Canadá son fríos, de varios menosnosécuántos Celsius. Había nieve. Pero no podía quedarme en el edificio. Tuve que salir y esperar en la puerta de la escuela con la idea de que así ahorraríamos minutos para llegar a la casa y sentarme en una computadora. Caminé con mi pequeña maleta, arrastrándola por la nieve, hasta llegar a la puerta. Allí esperé, no sé cuánto tiempo porque quizá tenía la percepción alterada de la ansiedad que sentía. Esperé.

Una hora más tarde estaba entrando a casa. Pablo había cubierto, desde la distancia, lo que más se podía cubrir sobre la muerte de Chávez. Sabiendo que mamá estaba en casa y monitoreando lo que ocurría a través de las páginas web, la ansiedad fue disminuyendo y la racionalidad volvió. Sí, me afectó. Quería analizar lo que vendría. Vi gente celebrar, vi gente con ¿esperanza? Yo pensé en una frase que, si bien no es mi favorita -por no decir que la detesto-, suelo usar (sobre todo para contextualizar el caso venezolano): “siempre se puede estar peor”.

Esa noche, al final, no escribí. Al día siguiente entrevisté a Víctor Armony, un conocido profesor  y director del Observatorio de las Américas en la UQAM. Lo que dijo Armony no le gustó, en líneas generales, a la comunidad venezolana, porque aseguró que “la muerte de Chávez representa una pérdida para América Latina”.

“Es muy difícil predecir lo que va a ocurrir políticamente. Cuando un movimiento está tan centrado en un líder, en una figura carismática, a veces la desaparición de esa figura provoca la fragmentación, las luchas intestinas y eventualmente la desaparición de ese movimiento y, a veces, como el caso del “Peronismo” en Argentina, ocurre lo contrario y se convierte en una manera de hacer política”, dijo entonces el profesor.

Al día siguiente me fui a la sede del consulado de Venezuela en Montreal donde se realizaría una vigilia. Una noche también fría en la calle Peel, en la que se vieron muchos rostros latinoamericanos y quebequenses, pero el acento venezolano era casi nulo, salvo uno que otro trabajador del mismo consulado.

Luego vi un comentario en Facebook de un latino-quebequense que se despedía con un “hasta siempre” del “Comandante”, aseverando, al mismo tiempo, que estaba impresionado por los más de 2 millones de personas que se habían acercado hasta la Academia Militar a despedir a Hugo Chávez.

Pero yo sabía que no todo el mundo lloraba la muerte de Chávez. Sabía que algunos la celebraban y que muchos, entre ellos amigos chavistas que hoy conservo, sí la lloraban. Otros como yo, ni lloraban ni celebraban, más bien, optamos por permanecer en silencio tratando de ver lo que vendría.

Ese mensaje de ese latino-quebequense me hizo pensar en cada escenario que he tenido que enfrentar en Quebec cada vez que me han querido “explicar”, así en su vida hayan puesto un pie en Venezuela, lo “bueno del gobierno de Chávez”.  A la máquina propagandística del chavismo no le fue difícil encontrar eco en esta provincia canadiense y con eso uno se enfrenta en cada esquina. Fue entonces cuando decidí escribir este texto:

Al primer aniversario de la muerte de Chávez escribí este otro:

Hoy, al segundo aniversario, sólo voy compartir algunos puntos:

  • 24.980 homicidios en 2014, según  el Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV).
  • Caracas es la segunda ciudad más violenta del mundo
  • 43 personas fallecidas en protestas en Venezuela en 2014
  • Más de 3.000 detenciones, la mayoría estudiantes; 2.000 con procedimientos abiertos
  • Reportes de tortura
  • La Tumba
  • Presos políticos
  • Más de 95 dólares de cada 100 que ingresan al país provienen del petróleo
  • Inflación 2014: 68,5% (en alimentos, 102,2%)
  • Tres tipos de cambio en el marco de un control que ya acumula 13 años.
  • A menos de un mes de haber anunciado los tres tipos de cambio, el bolívar sigue deprenciándose, y el dólar paralelo se cotizó hoy, 5 de marzo de 2015, a Bs 281,05.
  • El salario mínimo en Venezuela es de Bs. 5.622,48. ($20 a dólar paralelo; $892,45 al dólar a 6,30, ese que pocos ven)
  • Venezolanos hacen colectas en Montreal, Toronto y otras ciudades del mundo para ayudar a otros venezolanos que se quedaron sin dólares para seguir sus estudios.
  • Un aviso de menos de media página, en un periódico canadiense de circulación nacional, a full color, tiene un costo de $8.577, de acuerdo con el media kit del diario.
The Globe and Mail Chávez aviso 5 marzo 2015

Foto: María Gabriela Aguzzi / Grupo NM

Sume usted los puntos que desee a esta lista del fracaso continuado post-Chávez.

Twitter: @GAbAguzzi gaguzzi@noticiasmontreal.com