domingo, 15 de marzo de 2015

El misterio de la fecha de muerte de Hugo Chávez

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fecha real muerte de Hugo Chávez

Foto: Prensa Presidencial Venezuela

El 5 de marzo pasado sobrevino el segundo año de la muerte de Hugo Chávez, presidente de Venezuela durante 14 años.

Los medios hablaron de él, pero ya no con el mismo énfasis de cuando estaba en vida. En realidad lo que era noticia de él era más bien el tono altisonante que usaba, a veces agresivo, a veces chistoso; o el desparpajo con el que se refería a alguien de cierta catadura, que por alguna razón le desagradase (los clásicos: Aquí huele azufreaquí estuvo el Diablo, por George W. Bush; o el Insulso por José Miguel Insulza, secretario general de la OEA).

Por lo demás, en cuanto a calidad de gobierno, administración de recursos, o de la tan cacareada justicia social, es tan desconocida su obra, como desconocida parece ser también la fecha exacta de su muerte.

Como se sabe, no pocas personas dudan que el 5 de marzo del 2013 sea realmente la fecha en que el comandante murió.

Sin embargo, si quienes anidan dichas dudas y aún se rompen las vestiduras exigiendo explicaciones, hubieran comprendido hace tiempo que el gobierno chavista -a pesar de sus incontables “gestas democráticas”- no es más que un régimen dictatorial, ya tendrían hoy resuelto el acertijo.

¿Por qué? Porque en todo régimen dictatorial, y sobre todo los de izquierda, sus líderes “se mueren” el día que al régimen le conviene. Por tanto, Hugo Chávez murió el día que le convino a su gobierno, a fin de asegurar su continuidad en el poder, como en efecto lo lograron y siguen disfrutándolo jactanciosamente.

En los regímenes dictatoriales, entre otras cosas, el secreto de Estado es un asunto de vida o muerte. Sólo unos cuantos privilegiados están al tanto de esos secretos y saben toda la verdad verdadera. El resto debe conformarse con la versión oficial; y a los incrédulos sólo les queda adentrarse en el terreno de las especulaciones o de las investigaciones soterradas.

En esta lógica, Chávez no pudo escoger mejor lugar para morir, como lo fue la Cuba de los Castro, el último enclave de la ex-Unión Soviética, heredera de todos los vicios en el arte de tramar la tramoya. Juntos, los maîtres cubanos y los no menos experimentados pupilos venezolanos, pudieron crear al abrigo del enclaustramiento de la isla cubana, el mejor de los ecosistemas, para que nadie supiera lo que pasaba realmente, incluyendo el día exacto en que murió el comandante, o el día exacto en que fue desconectado, como también algunos piensan que puedo haber ocurrido.

Ahora bien, a más de dos años de esos hechos, ¿tiene alguna importancia seguir insistiendo en que el gobierno reconozca que Chávez no murió en marzo sino en diciembre, como sostiene una de las tesis? La oposición, como siempre, espera una respuesta democrática. Pero no la tendrá, porque el gobierno no es democrático.

En un hipotético escenario en el que dicho gobierno reconociera su supuesta mentira, ¿qué pasaría? Probablemente nada. Si bien mostraría las malas costuras legales con el que está constituido, no significa que caería. Al fin y al cabo, qué más da, una raya más al tigre; y no faltará algún funcionario que salga diciendo: ¡Sí murió en diciembre!…¿Y qué?.

El gobierno chavista se ufana -siempre se ha ufanado- de no hacerle el más mínimo caso a la oposición.

¿Acaso se ha inquietado por aclarar la otra gran incógnita, relacionada con la nacionalidad del presidente Nicolás Maduro, tantas veces puesta en tela de juicio?.

La oposición como siempre espera una respuesta, porque supone que está vigente el juego democrático.

Cuando la noche del 14 de abril del 2013, Henrique Capriles declaró “fraude” en las elecciones que acababan de ocurrir, esperaba del gobierno una respuesta democrática, que no la tuvo.

Capriles debió estar consciente que enseguida que gritó “fraude”, venía una convocatoria a su militancia para que salga a la calle y no se moviera de allí, hasta que les den el gobierno o les garanticen un reconteo voto a voto, como lo pidió verbalmente. Pero Capriles no se imaginó que el gobierno se cruzaría de brazos, o enrumbaría las cosas para favorecerse. Ciertamente, una manifestación de masas, bajo esas circunstancias, podría haber significado un enfrentamiento brutal con las fuerzas enviadas por el gobierno, con resultados catastróficos. Es de imaginar que ese escenario pasó por la cabeza de Capriles y lo hizo retroceder, pidiendo -por el contrario- a su gente que no saliese a la calle.

Éstas y muchas otras situaciones complejas son las que pasan bajo gobiernos al mando de castas, de grupos o partidos políticos, cuya única función -antes que gobernar un país- es la de poner todos los recursos a su disposición y capturar todos los poderes existentes, para garantizar legal e ilegalmente su infinita permanencia en el poder. A estos se les llama gobiernos autocráticos. ¿Tiene alguna similitud con Venezuela? ¿Es posible esperar respuestas democráticas de este tipo de gobiernos?.

He aquí nuevas incógnitas…