domingo, 22 de marzo de 2015

“Voyons donc”… ¿todavía más pruebas para los inmigrantes?

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Foto: Pablo A. Ortiz / Grupo NM

I.

La propuesta Legault

Además de los ya exigentes requisitos que demanda la administración federal a quienes quieren venir como inmigrantes a Canadá, el partido político Coalition avenir Québec, CAQ, a través de su líder François Legault, propuso adicionalmente un “periodo de prueba” para los que vengan a Quebec. Durante ese período, que puede durar tres años -extensible a cuatro-, el inmigrante deberá demostrar eficientes capacidades para integrarse a la provincia, de lo contrario deberá irse.

Si ya en estos momentos hay muchos inmigrantes que quieren marcharse de Quebec, (otros ya lo han hecho), debido a que no encuentran trabajo, me temo que la medida de Monsieur Legault, no hará más que aumentar su inquietud; y en adelante cuidado que pueda provocar una ausencia absoluta de solicitudes a la provincia por parte de los inmigrantes, poniendo en peligro las proyección económica de la misma. Después de todo, por qué el inmigrante tendría que arriesgarse a pasar un periodo de “inestabilidad“, más allá de los varios años que a menudo dura el proceso migratorio federal.

Debemos indicar que Quebec desde ya goza del privilegio de reservarse la admisión de los postulantes, expidiendo para tal fin el Certificado de Selección de Quebec (CSQ), sin el cual ningún inmigrante podría venir a la provincia. Con la propuesta de la CAQ, se otorgaría primeramente un Certificado de Acompañamiento Transitorio, hasta que un equipo especializado de expertos determine si efectivamente merece quedarse en la provincia o no; es, entonces, cuando se expedirá el definitivo CSQ.

Se me ocurre imaginar qué pasaría si otras provincias exigieran lo mismo que Quebec. Podríamos en un corto plazo tener una especie de diáspora dentro de la diáspora, una suerte de renegados, que errarían de un lado para otro, a pesar de que hayan sido aceptados por Canadá.

II.

Observaciones y sugerencias

No voy a entrar en más detalles sobre los argumentos de la propuesta de Legault. Sin embargo, considero oportuno  señalar lo siguiente:

1.- La inmigración a Quebec -así como a Canadá- es un asunto de “sobrevivencia”. De acuerdo a la estructura poblacional, cada vez habrá menos gente en edad de trabajar y el crecimiento real de la población será negativo. Es por ello que la inmigración se presenta como una necesidad, para suplir los puestos de trabajo que con los años se irán desocupando; y al mismo tiempo para que contribuyan a tornar positivo el crecimiento de la población.

2.- Por lo menos desde hace 15 años la inmigración a Canadá es altamente calificada dentro de los términos razonables; y cada cierto tiempo se van elevando las exigencias, como se hace con los atletas de salto alto.

3.- Encontrar una cantidad de personas dispuestas a venir a estas tierras -ya difíciles a causa del crudo invierno- no es tarea fácil. Además se debe considerar que en gran medida, la oferta migratoria es también producto de las circunstancias. Las dificultes económicas de numerosos países y los conflictos constantes, provocan desplazamientos de gente que busca abrigo, trabajo y estabilidad. Esto quiere decir que la oferta puede ser fluctuante. Si bien en los últimos años no hemos observado bajones de dicha oferta, ha habido tiempos de notoria escasez. Recuerdo haber recibido, hace unos 20 años, una invitación del gobierno de Alberta, para ir a residir con mi familia a sus tierras, en donde podríamos ejercer como empresarios que era nuestra ocupación. En ese entonces, Venezuela no era hostil con sus hijos y los quería dentro de su país, por eso no nos entusiasmamos en venir en esa oportunidad; y también porque mirando las fotos que nos proporcionaron -muchas de ellas de la temporada invernal- si bien eran hermosas como naturaleza, nos acobardó el hecho de vernos allí, bajo cero, y aislados, porque la región que nos ofrecían en ese entonces apenas tenía unas 500 familias.

4.- La administración del Estado canadiense debe estar consciente del enorme beneficio económico y de ahorro de recursos de todo tipo que significa traer a personas ya criadas, educadas, con formación profesional en universidades o centros superiores, con idiomas (los que vienen a Quebec, muchos de ellos con tres lenguas, incluyendo la suya), con experiencia laboral, algunos con niños y con algún dinero en el bolsillo. Por tanto y a modo de sugerencia, pienso que los actores de la política quebequense, en lugar de levantar  barreras, deberían enrumbar sus energías para ir en una especie de contrasentido -que al fin y al cabo es para beneficio mutuo-, y primero compenetrarse de la problemática real de los inmigrantes, sobre todo de aquellos que han llegado en los últimos años. Tal vez se sorprendan de los puntos de vista de los cuestionados. Uno de ellos, por ejemplo, es la famosa “falta de capacidad” para integrarse al trabajo. La impresión que se tiene es más bien que se trata de una “falta de oportunidades”; tal vez aquí entran en juego el papel de los colegios y asociaciones profesionales.

Por otro lado se debe sensibilizar, o concientizar, como se le quiera llamar, a la población local quebequense. Estoy seguro que la mayoría ignora las peripecias de las fases de la inmigración. Deben comprender que la inmigración no es una amenaza, que no viene a quitar puestos de trabajo, aunque en principio pueda parecerlo, sino que en su busca de mejoras para su vida, están contribuyendo con los planes económicos nacionales y provinciales ya comentados.

Es por ello, me permito recalcar, que en lugar de desperdiciar las capacidades que con tanto esmero se exige como requisitos para venir a Canadá, se deben crear “las condiciones”, suficientemente aderezadas, para que esas capacidades se sigan utilizando y evitar que se pierdan lastimosamente. Con ello también se estará contribuyendo a fortalecer el ánimo de muchos inmigrantes, que ya están pensando estar en un lugar de ilusiones perdidas.

III.

La inmigración y la causa “soberanista” de Quebec

Esta misma semana, y al poco tiempo que François Legault vertiera sus opiniones que acabamos de comentar, otro destacado miembro del empresariado y la política quebequense, Pierre Karl Péladeau, candidato con mucha chance a la jefatura del Parti québécois, agitó el ambiente político y de los sectores sociales de la provincia hablando sobre la inmigración.

Péladeau expresó que tanto “el envejecimiento de la población” (lo que decíamos sobre el mapa demográfico de Quebec y Canadá), como “la inmigración” están socavando la causa independentista de Quebec. “Cada año perdemos un comté (circunscripción electoral)”, se quejaba el candidato pequista.

A pesar del revoloteo que causó no hay nada más cierto en las opiniones de Péladeau. Pero es natural que eso suceda, el inmigrante viene antes que nada a Canadá, el país. De hecho, siempre me ha llamado la atención que algunos pocos -ciertamente muy pocos-, abracen ardorosamente la causa soberanista local. Es un contrasentido. ¿Cómo se podría venir a un país, con los auspicios del mismo, para dividirlo? ¿Qué clase de perniciosa inmigración sería esa?.

Ante las preocupaciones del candidato pequista se propondría una especie de “revisión” de las condiciones de inmigración a Quebec. ¿Pero qué se podrías exigir? ¿Acaso una casilla a marcar: apoyo la independencia de Quebec?. Ciertamente eso sería un contrasentido, algo completamente extraño. La administración federal jamás lo apoyaría. Es como pretender que Canadá se haga el haraquiri.

Sin embargo, y ya para finalizar, creo que la preocupación de Péladeau es algo exagerada. Si tomamos en cuenta la distribución poblacional de Quebec por su lengua materna, veremos que la inmigración a Quebec, si bien se va fortaleciendo cada año, apenas representa el 12,3%, según las cifras del 2011. En cambio, la población francófona es del 78,1 %. Esto quiere decir -un análisis a grosso modo- que si el total de personas en Quebec es de 8.155.340  (2013), entonces 5.798.447 deberían estar dispuestos a votar por la independencia para preservar su lengua, como es una de las razones para dicha independencia. Con esta cifra sería suficiente para ganar un referéndum, sin contar incluso con los anglófonos (7,7 %, en el 2011), ni con los indígenas (0,6 %).

Me temo entonces que el culpable de minar las esperanzas soberanistas no viene del exterior, está en casa y tendrá sus buenas razones para ello.