domingo, 29 de marzo de 2015

Las operaciones de Angelina, ¿ejemplo o desesperanza?

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Foto: Youtube

I.

A riesgo de ser linchado por la foule, no seré de las personas que se una al coro de aprobación que ha desatado la actitud -dizque corajuda- de la bella Angelina Jolie.

Algunos medios hablan de ella, como el “ejemplo” a seguir.

Algún médico opina que lo que acaba de hacer es lo mejor y lo más recomendable.

Me resisto, pues, a creer que nos espera una generación de mochos, que tenemos que amputarnos antes que el mal se declare.

¿Qué ha pasado, entonces, con los grandes avances médicos, con el desarrollo de la electrónica, de la genética, de la biología, de la clonación, de la células madres, de la nanotecnología, etc. etc.?

Por el contrario, el ejemplo de Angelina, me hace sentir desesperanza.

Si últimamente se viene polemizando sobre el suicidio asistido, que después de todo procede cuando ya no hay nada que hacer, imagínense ahora si la opción es despedazarnos de a poco. Una vez más, estamos  asimilando lo menos malo de lo malo.

II.

Abramos un paréntesis para el explicar el caso Angelina.

La famosa actriz hollywoodense, modelo, filántropa, directora y embajadora de buena voluntad del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Angelina Jolie, sorprendió al mundo en el 2013 cuando se extirpó, con fines preventivos, sus dos senos.

Esta semana Angelina, nos volvió a sorprender con otra cirugía preventiva. Se extirpó los ovarios y las trompas de Falopio.

Con estas operaciones intenta ganarle a la eventualidad de contraer el cáncer que padeció su madre, su abuela y al parecer también una tía. De hecho, se dice que la actriz es portadora de mutaciones de los gens BRCA1 y BRAC2, susceptibles de provocar el cáncer de sus ancestros. Pero hasta hoy -si no hay gato encerrado- ella no tiene el cáncer. Sólo tiene la posibilidad de tenerlo; en realidad, como todo el mundo.

En este punto del relato, es importante destacar que Angelina Jolie -como pasa con muchas estrellas y algunas que no lo son- ya ha pasado por el quirófano varias veces; pero antes con fines estéticos. La prensa people nos refiere que se ha hecho la rinoplastia (nariz), la malarplastia (para aumentar sus pómulos) un lifting facial o una otoplastia, para borrar una mancha.

A propósito de esto, dicen por allí, que las cirugías también se convierten en adicciones. De hecho, hay algunos que han llegado a deformarse de tanto abuso del bisturí, entre estas podemos citar a Mickey Rourke,  a la recientemente fallecida Duquesa de Alba y al mismo Michael Jackson, que casi se hace desaparecer la nariz.

Si las estadísticas determinaron que Angelina se extrajera algunos órganos para evitar que se enfermaran, las estadísticas también harían presumir que ella podría ser parte de ese grupo de adictos.

Sin embargo, creo que no es el caso.

III.

Se me ocurre que el caso de Angelina es una buena ocasión para explayarnos en varios comentarios  sobre la naturaleza del ser humano, aún cuando sólo estemos dando palos de ciego.

Veamos. Hablando de las partes intimas que le fueron retiradas a Angelina, un médico se refería a ellas como algo que “ya se puede desechar”. Después que has tenido tus hijos, ya puedes deshacerte de tu útero y tus trompas, daba a entender el galeno.

Comentarios parecidos se hacen de la próstata, en el caso de los hombres; y ni hablar de la pobre apéndice. De esta comúnmente se dice que no sirve para nada, y al menor pretexto, saz que la extraen y la botan.

La ciencia médica, con su sabiduría, ha llegado a esas conclusiones discriminatorias.

Sin embargo, en mi opinión de vulgo, quiero destacar que el ser humano es una de las maquinarias más perfectas del mundo, y cada una de sus piezas, hasta la más insignificante que pueda parecer, juega un rol importante. Por tanto, no se vale aquello de: “esto sirve” y  “esto no”; será más bien que no sabemos para qué sirve.

El ser humano -insisto- es como el Universo. De hecho, es un universo en sí mismo; es un cosmos. Atrévase usted a retirar una parte del Cosmos, sino ocasiona un cataclismo universal. Si retiramos un planeta, un satélite, el Sol; o derogamos, si se pudiera, aquella famosa ley de la gravedad universal; entonces, espérese a lo que se avecina. Pero no hay que ir muy lejos. El famoso recalentamiento del planeta es producto de esa alternación. El hombre, en su afán no organizado de desarrollo, ha logrado abrir un pequeño hueco en la capa de ozono. Pequeño, decimos, respecto a la inmensidad del Universo, pero de consecuencias que serán aún más catastróficas, si no se sigue trabajando para controlarlo.

Por otro lado, y a pesar que el cosmos humano es una totalidad como ya lo dijimos (cuerpo, mente, emociones, espíritu), la medicina -la tradicional- lo sigue atendiendo de manera parcial o sectorizada. Unos se ocupan del cuerpo físico y otros de la mente; de las emociones, algo trata la sicología; y del espíritu, sujeto aún más etéreo, se lo deja a manos de la religión, o de la charlatanería. Frecuentemente, hay una tenaz oposición de la medicina tradicional a aceptar que las emociones a menudo son la fuente de las enfermedades.

Quizá la verdadera revolución de la medicina ocurra cuando al ser humano se lo trate tal como es, una integridad. Cuando recibamos pastillas que nos curen tanto el cuerpo, como el alma. Y esto que no hemos hablado que también entre una persona y otra hay diferencias. Una es distinta de la otra. En este aspecto digamos, que la medicina tradicional ya viene trabajando, aunque siempre con su enfoque sectorizado. Se dice que utilizando la información genética que proporciona el ADN, se podría llegar a elaborar medicamentos personalizados.

Ahora bien, es verdad que a veces es inevitable deshacerse de una parte de nosotros. Cuando eso sucede, siempre será un faltante, un desbalance. La ciencia, sin embargo, ha avanzado mucho en cuanto al reemplazo o la reparación de algunos órganos; y el futuro en este dominio es aún más increíble. Por ejemplo, a través de minúsculas maquinarias (los nanorobots que se filtrarán en los más recónditos lugares del ser humano) se podrá reparar tejidos y hasta órganos enteros; y por otro lado, con las técnicas de clonación, se abre la posibilidad de regenerar piezas completas del ser humano.

Pero en materia de la curación del cáncer, si bien hay avances sustanciales, parece que es el futuro incierto el que dará mayores o definitivas respuestas. Mientras tanto, soluciones como las de Angelina, ocuparán su lugar.  No hay duda que tomar una decisión de este tipo es muy dura y necesita de mucho valor; pero a la vez, queda en el ambiente un gran desaliento. ¿Cómo podemos concebir un ejército de mutilados, sin siquiera haber librado guerra alguna?

victor@noticiasmontreal.com