lunes, 6 de abril de 2015

El trágico vuelo del Germanwings

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Foto: Youtube / BBC World News

I.

La noticia de la caída del avión de Germanwings -propiedad de Lufhtansa– me conmovió enormemente, como a todo el mundo.

Al comienzo no se sabía qué había ocurrido. Se barajaban las clásicas teorías de falla mecánica o error humano, pero jamás el hecho que un suicida copiloto provocase el desastre, que fue lo que nos reveló al muy corto tiempo, la caja negra, que en realidad no es negra.

Mi memoria, cual flash, se dirigió hacia la geografía europea donde cayó el Germanwings, para advertirme que hace apenas unos meses mi esposa y yo volamos en un Lufthansa, un trayecto parecido: Madrid-Múnich; en tanto que el vuelo trágico estaba previsto entre Barcelona (España) y Düsseldorf.

Mi memoria, enseguida, hizo otra escala, hacia una especie de déjà vu, que a estas alturas pueda que ya no sea una gran novedad; sin embargo, no por ello deja de ser digno de mencionarse sobre todo pensando en los menos anoticiados.

Me refiero a Relatos Salvajes.

II.

Relatos Salvajes o Wild Tales, es una película argentina, dirigida por Damián Szifron, que fue nominada a los premios Óscar de enero de este año, en el género de mejor película extranjera.

La cinta fue exhibida hace poco días, en dos salas de cine de Montreal. Inclusive NM, rifó cuatro entradas entre sus seguidores.

Relatos Salvajes se compone de seis distintas historias. La primera es la que nos interesa por ahora, es por eso que vamos a explicarla brevemente; y nos disculpamos aquellos que no les gusta que les cuenten ni comienzos ni finales de películas, porque dicen que les quita emoción al asunto. La verdad es que los atenuantes son muchos, como para perdonarnos esta indiscreción.

Resumamos. Se encontraban a bordo de un avión, un grupo de personas, que habían recibido una invitación para volar, de parte de una entidad X. Iniciado ya el vuelo, uno de los pasajeros, un tal Salgado, crítico de música clásica, rompe el silencio al dirigirse a una joven dama que tenía a su costado. La joven, en el desarrollo de la conversación, le confiesa, que tuvo un novio -al cual dejó- que quería ser un escritor de música.

– Cómo se llama, dijo Salgado.

– No, él no es conocido. Nunca publicó nada. Se llama Gabriel Pasternak

– ¿Pasternak…?, ya lo recuerdo. Le rechacé una obra suya que presentó en un concurso en el cual yo era presidente del jurado. Tuve que sacrificarlo, para salvar al mundo de una obra tan mala.

Al escuchar la conversación una señora que estaba delante, se para y dice: fui profesora de Pasternak. Luego aparece otro: fui su jefe en un trabajo.

A este punto, sorprendido, Salgado se para y pronuncia.

– ¿Alguien más conoce a Pasternak?

Todas las manos se levantaron. Todos lo conocían. Mejor dicho, todos los allí reunidos de alguna manera habían participado en hacerle la vida a cuadritos al “pobre” Pasternak.

De pronto, la azafata aparece agitada exclamando:

– Gabriel Pasternak es el piloto del avión; se ha encerrado en la cabina y no quiere abrir.

La pesadilla comenzó para los pasajeros. El avión inició un descenso en picada y la gritería fue general. El siquiatra de Pasternak, que también estaba a bordo, le rogaba al pie de la puerta bloqueada, que por favor la abriera. Pero Pasternak no decía nada, y el avión cayó como un bólido en el patio de la casa paterna del infausto Pasternak. Fin.

¿No es una aterradora coincidencia?

A raíz del crimen perpetrado por Andreas Lubitz, mucha gente en el mundo ha expresado sus preocupaciones por esta especie de “malos” ejemplos en la pantalla. En Inglaterra, si bien no se prohibió la película, se hizo la advertencia que se trataba de hechos que no tenían nada que ver con la realidad.

Frente a esto, y como gran aficionado que soy a las películas, me defiendo diciendo que prefiero la violencia de las mismas, antes que la realidad de los noticieros; y porque, además, me temo que muchas veces la fantasía es rebasada por la cruda realidad.

La diferencia estriba en que en el cine, el episodio del avión de Relatos Salvajes, narrado en el típico humor negro argentino, arrancó risas y cuasi aplausos de la audiencia. En cambio lo que ha hecho este nuevo Pasternak, Andreas Lubitz, llevándose consigo en su venganza a 149 personas -que posiblemente ni sabían de su existencia-, es para ponerse a llorar de verdad.