martes, 14 de abril de 2015

Para qué voy a votar, si todos son iguales

Publicado en:
Blogs Portada
Por:
Temas:
Elecciones Votación

Foto: Flickr – Prensa SantCugat (CC)

 

Con esta expresión, común en todas partes del mundo, manifestamos nuestra inconformidad cuando en nuestra ciudad, provincia o país las cosas no funcionan bien. Cuando hay alto desempleo, mal manejo de la economía, pésimo estado de la vialidad, sistema educativo con fallas, servicios de salud ineficientes, entre otras, acusamos a nuestros dirigentes.

Recientemente, con agradable sorpresa, acompañando a un amigo que quiere ser electo diputado provincial en Calgary, me he encontrado a muchos de los electores que nos han dicho, al preguntarles si van a votar en las elecciones provinciales del próximo 5 de mayo, que sí. Una de ellas, de manera enfática, dijo: si no voto, no tengo derecho a quejarme después. 

Y no se trata solamente de poder quejarnos. Se trata de tener la posibilidad de expresarnos. 

Muchos de ustedes deben tener recuerdos de las cosas que pasaban en nuestros países, recuerdos, quizás, poco agradables sobre cómo se manejaba lo público, nuestro dinero, o con claro abuso de poder y violación de derechos humanos. A pesar de ello, decidíamos no votar, no expresarnos. 

A finales de los setenta, Venezuela siguió la tendencia de muchos países de acercar a los funcionarios electos con sus electores al establecer procesos separados para la escogencia de sus autoridades municipales. En los ochenta, con esa misma intención y dentro del proceso de reforma del Estado que vivió, se decide elegir a los gobernadores y diputados provinciales de manera directa. Se acercaba aún más al elector la posibilidad de decidir quiénes eran sus concejales, alcaldes, diputados regionales y gobernadores. A pesar del esfuerzo, la tendencia de abstención continuaba en aumento.

De ninguna manera queremos expresar en este artículo que a mayor participación electoral, mayor democracia o eficiencia en la gestión del gobierno. Lo que queremos significar es la importancia de la participación en la toma de decisiones de quiénes nos deben gobernar, el primer paso para la búsqueda de respuesta a los problemas que nos aquejan. Hay múltiples y variadas formas de participación ciudadana, la primera de ellas, el voto. 

La historia de los últimos 30 años de Venezuela es conocida. Baja participación electoral, dejar que otros decidieran por nosotros; llega la elección de 1998 y se escogió por una importante mayoría al candidato que con traía consigo un pasado golpista. La gente estaba cansada. Sólo el 63,45% cambió la historia. A pesar de lo que ha ocurrido en los últimos 10 años, peor aún, en los últimos dos años, la abstención podría ser alta otra vez en las posibles elecciones parlamentarias de este 2015. 

Lo interesante es que no es un problema exclusivo de Venezuela ni del resto de los países latinoamericanos. En Alberta, donde celebraremos una elección provincial muy pronto, se estima que la participación no será mayor al 30%-35%, muy baja si se consideran algunos factores como las medidas anunciadas recientemente por el Premier, en donde se aumentaron impuestos y servicios que afectan a familias con ingresos anuales de $50.000 en pagar unos $2.500 más por año.

El descontento existe. La rabia e incomodidad se siente. Pero ello no termina de convencer a la gente que debe participar. 

Este año habrá, como en Alberta, varias elecciones provinciales. En octubre tendremos las elecciones federales. Como hispano y canadiense voy a expresarme a través del voto. Voy a decirle al gobierno provincial y al federal lo que pienso. De esta manera, yo también tendré derecho a quejarme.

Twitter: @JosueIRamirez.