miércoles, 22 de abril de 2015

Crónica de la llegada a México, de la inmensidad del estadio Azteca y el reto del Impact de Montreal

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Estadio Azteca Impact Montreal

Foto: Pablo A. Ortiz / Grupo NM

“¿Motivo del viaje?”, fue la pregunta, la misma que se hace miles de veces por día en el aeropuerto Benito Juárez de la Ciudad de México. “Soy periodista y vengo a cubrir el juego de Liga de Campeones entre el Impact de Montreal y el América”.

El oficial de inmigración sólo sonrió, sin decir nada mientras sellaba el pasaporte. Por horas me quedé pensando sobre si fue una sonrisa de burla, de real alegría por ver la atención que genera el juego de hoy o si se trataba de un seguidor de Cruz Azul o de Pumas que cruza los dedos por una sorpresa de Montreal.

Lo cierto es que en México, el fútbol se respira desde que te bajas del avión.

Sin embargo, la inmensidad de la capital mexicana, su ruido y su constante movimiento pareciera ahogar en parte la expectativa ante un juego de este calibre. Esta noche el Impact y el América protagonizarán el primer capítulo de una final que podría ser histórica. David contra Goliat. La tradición contra la rebeldía del joven que quiere ser tratado como adulto.

La respectiva charla con el taxista toma también un giro particular. “Antes veía el fútbol, pero ya no”, me dice un decepcionado exfanático de las Chivas. “Antes jugaban con corazón, ahora sólo lo hacen por el dinero”, explica.

Liga Campeones Scotiabank Concacaf

Mi primera compañía parecía más interesado en explicarme por qué las “cosas iban tan mal en México”, el por qué “ni Peña Nieto ni ningún otro van a arreglarlo, pues todos son iguales” o preguntarme sobre “lo duro que la están pasando los venezolanos” (reconoció mi acento) y también se vio interesado en el frío canadiense. “¿Es verdad que cae nieve como por cinco meses?”.

El Coloso de Santa Úrsula

La diversidad canadiense te identifica fuera de las fronteras del país. Los taxistas que reciben al grupo de periodistas, en el que hay varios con “caras de gringos”, sonríen cuando escuchan a algunos hablar español, pero sus gestos cambian a sorpresa/curiosidad cuando la conversación se convierte en una mezcla de español con francés, inglés y hasta italiano.

Así fue el camino hacia el Azteca, cuna del fútbol en México, campo de algunas de las batallas más épicas de la historia de este bello deporte. Del “Partido del Siglo” entre Italia y Alemania en el 70, hasta la Mano de Dios en el 86 y el golazo de Maradona que lo convirtió en leyenda.

Estadio Azteca

Foto: Pablo A. Ortiz / Grupo NM

Es un estadio difícil de digerir. Su grandeza te confunde por momentos. Sus gradas de colores parecen sencillas y hasta íntimas en su parte baja, la más cercana al campo, pero al alzar la vista se siente el vértigo que genera su tamaño, en los puestos más altos, que se alzan en un ángulo casi completamente vertical.

Sus esquinas son rectas, con cemento ocupando cada centímetro y con las rejas de metal que separan a los diferentes grupos los días de partido. Una imagen que se repite a lo largo de Latinoamérica.

Sin embargo, a diferencia de sus pares en el sur del continente, el Azteca es un estadio que se ha sabido renovar, sus pasillos se han ido modernizando para hacerlo más útil y efectivo. Sin embargo, cualquier movimiento requiere una larga caminata, que se empieza a sentir en los pulmones de quienes no están acostumbrados a los más de 2.200 metros de altura de la Ciudad de México.

Un club de sorpresas

Impact Montreal Estadio Azteca

Foto: Pablo A. Ortiz / Grupo NM

En todo este entorno es que el Impact de Montreal busca hacer historia. En inglés existe una palabra perfecta para describir al club canadiense en este momento: underdog, término para describir al pequeño, al que está abajo en las apuestas, del que poco se espera pero que siempre atrae el cariño de quienes disfrutan romper el statu quo.

Montreal es la Cenicienta que no quiere despertar del sueño que está viviendo. Un club que tuvo que sufrir para derrotar al FC Edmonton para avanzar en la Copa Canadiense que finalmente ganaría para poder estar en la Liga de Campeones de Concacaf.

Un club que consiguió a un joven de 21 años que salió de la universidad para marcar un gol en el último segundo que eliminó a Pachuca e hizo avanzar al Impact.

Un club que terminó último en la liga de la MLS la temporada pasada y que hoy podría dar un paso histórico, quizá el más grande en la historia del fútbol de Estados Unidos y Canadá, y sin duda el más grande en la historia del fútbol canadiense, hasta ahora ocupado por la clasificación de la selección al Mundial de 1986, el cual se jugó… en México.

“Dios nunca duerme”, dice el técnico Frank Klopas. Veremos.

Twitter: @PabloJinko – pablo@noticiasmontreal.com