martes, 16 de junio de 2015

Inside Out Film Festival Toronto 2015: el cine queer habla español

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Portada Reflexiones en 35 mm
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Cine Queer Toronto Alan Abuchaibe

Foto: Captura de pantalla / YouTube

El mes pasado se celebró por 10 días, en la ciudad de Toronto, la edición número 25 del festival de cine queer Inside Out. Teniendo como casa el TIFF Bell Lightbox, sede principal del Toronto International Film Festival, la ocasión sirvió para reflexionar sobre la evolución de lo que significa ser queer en el último cuarto de siglo y cómo esto se ha reflejado en el séptimo arte. El festival ofreció al público asistente más de 150 filmes entre cortos y largos de todos los rincones del mundo que en su mayoría vinieron representados por personas involucradas en su realización, todo envuelto en un aire de celebración.

Hace 25 años la comunidad queer, que incluye gays, lesbianas, bisexuales, transexuales y otras manifestaciones de identidad sexual, estaba al borde de la desesperación, luego de ser perseguida por cientos de años. Finalmente, a mediados del siglo XX, la comunidad LGBT empezó a rebelarse y organizarse para hacerse respetar y pedir el espacio que como seres humanos les pertenece en el mundo. Hacia finales de los años setenta el movimiento se estaba haciendo sentir fuertemente en Europa y Norteamérica, (¿les suena The Rocky Horror Picture Show de 1975?) y cuando el futuro empezaba a avizorarse próspero para estos individuos, llegó una de las plagas médicas más devastadoras en la reciente historia de la humanidad, el VIH, que en su mayoría atacó a personas con tendencias homosexuales.

A mediados de los ochenta, el SIDA había reclamado miles de vidas y luego de que las autoridades y la ciencia ignoraran la primera ola de muertes, la comunidad LGBT decidió pelear su derecho a vivir, lo que llevó a una de las luchas sociales más importantes del siglo pasado (en este sentido los invito a ver el documental de David France, How to survive a plague, 2012), batalla que ha ganado muchísimo terreno, incluyendo el tratamiento del VIH y la aceptación social de los homosexuales, pero que aún sigue en campaña hasta que en todos los rincones del mundo se reconozca que los seres humanos somos todos dignos,  independientemente de nuestra identidad sexual.

Para comienzos de los años noventa la rebeldía y la fuerza del movimiento LGBT se había convertido en una lucha estable, y el arte, que había tratado de registrar y acompañar el fenómeno, empezó a hacerse presente, primero con un todo underground y rebelde, para luego pasar a un estatus más respetable. Como ejemplos del primer caso podemos citar el trabajo del director norteamericano Gus Van Sant, cuya pieza My Own Private Idaho (1991) se presentó en una sección retrospectiva de la edición de este año de Inside Out; las obras del canadiense Bruce LaBruce, quién también se hizo presente en Inside Out esta vez como DJ de la fiesta de apertura del festival, y los trabajos del español Pedro Almodóvar. En cuanto al segundo caso, el ejemplo más obvio es la multinominada al Óscar, Philadelphia (1993), que le otorgó a Tom Hanks una merecida estatuilla como mejor actor. Es en este contexto en el que nace Inside Out, festival que ha sido testigo de la evolución del cine queer desde los mencionados ejemplos hasta el presente, donde la temática ha pasado de ser rebelde a formar un abanico de filmes que registran todo género posible y que casi ha encontrado la aceptación total por la que tanto tiempo ha luchado la comunidad LGBT.

El programa de Inside Out, ya lo he dicho antes, es uno de los más ricos de cualquier festival de cine en Norteamérica; cortos, largos, ficción, en todos sus géneros, y documentales de todas partes del mundo son curados para el disfrute de los asistentes. Quizás sea la diversidad de géneros sexuales y las temáticas que de esta casi infinita variedad se derivan lo que lleva al cine queer a evadir fórmulas y a explorar nuevos horizontes creativos, sin querer esto decir que el cine queer contemporáneo no explora temáticas básicas humanas como el romance, el horror, la comedia y la acción, al final, sea cual fuese la razón, el cine queer atraviesa sin lugar a dudas un momento fenomenal del que el mundo en español no escapa.

Resulta quizás un poco irónico que las regiones de habla hispana estén abriéndose cada vez más al mundo queer, considerando, por ejemplo, que el concepto del “macho” que tanto daño ha hecho a nuestra cultura, haya nacido justamente en este ámbito, pero nunca es tarde para rectificar e Inside Out resultó un excelente ejemplo de lo que se está haciendo en el mundo del cine queer en español. Con más de 10 largos escogidos para ser parte del festival, la representación latina en Inside Out formó alrededor del 10% de toda la muestra, mucho más que la presencia de continentes como África y Asia, y no en vano estuvimos representados con tantos filmes, la gran mayoría de estas películas resultaron excelentes. Argentina, Chile, España, México, Venezuela y República Dominicana estuvieron presentes presentando filmes que van desde el drama hasta el horror.

Para quienes aún duden que el cine chileno está pasando por una era dorada, solo hace falta ver En la gama de los grises (2015). El filme del director Claudio Marcone trae a la gran pantalla al galán de televisión Francisco Celhay como Bruno, un arquitecto clase media alta, a quién encontramos al comienzo del filme aislado en un pequeño taller, para ir descubriendo poco a poco que el guapo hombre está separado de su esposa y su hijo en una especie de descubrimiento interno, la trama se complica cuando Bruno acepta un trabajo de una firma constructora que persigue construir un monumento que represente a la ciudad de Santiago como una estrategia de relaciones públicas. En el camino Bruno decide perseguir sus instintos homosexuales en la figura de Fer, interpretado por Emilio Edwards, un joven gay de espíritu libre que le sirve a Bruno como experto en su estudio sobre la ciudad, pero Marcone y su equipo deciden elevar el filme de lo que pudo haber sido un melodrama y se concentra en el viaje de Bruno y en la ciudad de Santiago, que se convierte en un personaje en el filme. Bruno se enfrenta al amor, el sexo, la homofobia, a su familia y sobre todo a sí mismo, mientras la cinta utiliza la historia arquitectónica de Santiago como una metáfora de lo que significa reconstruirse a uno mismo, como si fuese poco, el filme también se jacta de crear un ambiente bastante sensual, todo encabezado por al excelente interpretación de Celhay. Un filme elegante, maduro, sofisticado y sexy al mismo tiempo, otra joya contemporánea del cine latino salida de Chile.

Desde el trópico nos llegan dos cintas sobre mujeres enamoradas de otras mujeres. Una coproducción entre la República Dominicana, Argentina y México liderada por el dúo de directores, Laura Amelia Guzmán  e Israel Cárdenas, basada en el libro homónimo de Jean-Noél Pancrazi, nos llega Dólares de arena (2014), una sutil reflexión sobre el amor en la adultez avanzada, la pobreza y el Caribe. La leyenda del cine, Geraldine Chaplin, ofrece una de sus mejores actuaciones en tiempos recientes como Anne, una mujer francesa que se ha retirado a República Dominicana al parecer huyendo de sí misma, de sus miedos, de su sexualidad y de su familia. Cuando encontramos a Anne, ella está en una relación comercial con una joven local llamada Noelí (Yanet Mojica). Noelí, representa a muchísimas mujeres que viven en el Caribe y que se han acostumbrado a cambiar la pobreza por dinero haciéndole compañía a turistas, esta situación está dada por sentada en estos paradisíacos destinos turísticos donde las mujeres crecen con la idea de ser rescatadas o al menos mantenidas por los visitantes a cambio del disfrute de sus cuerpos, pero Dólares de arena no busca el shock y nos presenta la vida de Noelí con un tono inocente y hasta poético, la chica es la víctima de sus circunstancias, no conoce más nada y su entorno, especialmente su novio, viven de esta economía de cambio de compañía por dinero. La relación de Noelí con Anne es distinta, Anne siente un amor honesto por la chica, pero duda si debe abrazar esta relación completamente, si lo hace esto significaría llevarse a Noelí a Europa, lo que la obligaría a afrontar todas las cosas que está evadiendo en Dominicana, además Anne tiene el tiempo en contra porque a pesar de que Noelí trata de ocultar su noviazgo con Yeremi (Ricardo Ariel Toribio), Anne sabe que en cualquier instante la joven Noelí puede cambiar de opinión. El drama se desenvuelve en las paradisíacas playas y montañas de República Dominicana con una exquisita dirección de arte, poco diálogo y con actuaciones que lo dejan todo en la pantalla, Geraldine Chaplin en particular resulta suprema.

Dolares-en-Arena

Basada en la obra teatral Last Summer at Bluefish Cove de Jane Chambers y usando como fondo la hermosura y esplendor del Caribe venezolano, Inside Out ofreció la más reciente película de la directora venezolana Fina Torres quien fuese ganadora de la Cámara de Oro en Cannes en 1985 por el filme Oriana. La cinta se titula Liz en septiembre (2014) y tiene como protagonista a Liz, una mujer en sus treintas que abre la película con un hermoso monólogo sobre lo que significa ser homosexual y como aceptarlo con pasión, alegría y sin culpa. Liz está interpretada por la top model venezolana Patricia Velásquez quien después de sus días de gloria a principios y mediados de los noventa en las pasarelas mundiales, se ha dedicado con éxito a la actuación en los Estados Unidos apareciendo en el cine en The Mummy (1999) y The Mummy Returns (2001) y luego siendo recurrente en la pantalla chica en series como Arrested Development, Ugly Betty y The L Word. Velásquez ofrece sin duda su mejor actuación hasta la fecha como Liz, la líder de un grupo de amigas lesbianas que se reúnen en hotel en la playa para celebrar el cumpleaños de la protagonista, quién durante el transcurso del filme nos enteramos sufre de una grave enfermedad. Liz, cuya vida ficticia se asemeja a la de Velásquez en varios aspectos, se enorgullece de ser un alma libre que no cree en el amor, percepción que cambia cuando en una jugada del destino el grupo recibe la visita de Eva (Eloisa Maturén), una hermosa joven que llega cargada de secretos y tristezas para cambiar el destino de Liz. El filme goza de un reparto de personajes divertidos que le dan a la cinta toques de alegría y humor, y al mismo tiempo representan un abanico de variedad en la definición de lesbianas, trayendo una mezcla de historias personales que sirven de fondo para la historia de Liz y Eva. Un hermoso trabajo de todos los involucrados en el filme.

Inside Out es más que dramas y siempre tiene un espacio para otros géneros, especialmente para el horror. España y Argentina trajeron piezas de este tipo, el primer país nos ofreció Amor Eterno (2014) de Marcal Florés, y el segundo, El día trajo la oscuridad (2013) de Martín Desalvo. Con Amor Eterno, cinta ganadora del premio Noves Visions: Emergents, en el prestigioso Festival de Cine Fantástico y de Horror de Sitges, Florés logra una cinta hipnótica acerca de la interacción entre un cínico profesor homosexual de mediana edad, Carlos (Joan Bentallé), y uno de sus estudiantes adolescentes, Toni (Aimar Vega) con quien Carlos establece una relación sexual. Florés ofrece un cargado y oscuro ambiente con una trabajada banda sonora y una fotografía opaca y triste, la cinta nos ofrece el mundo desde la perspectiva de Carlos quién disfruta de sexo casual en los bosques que rodean a la ciudad de Barcelona y quien no cree en las relaciones amorosas, mientras que por su parte, Toni es presentado sin referencias, en un limbo emocional propio de los adolescentes, habla poco pero sabemos que pertenece a una pandilla de chicos y chicas que también visitan los bosques continuamente, la trama se complica cuando un macabro asesinato ocurre en los bosques en los que Carlos y Toni pasan gran parte de su tiempo. El desarrollo de la historia resulta fascinante por el tono siniestro y místico en el que está contada y la cinta termina con un final, que por no decir más, diré que es bastante sorpresivo.

En el caso de El día trajo la oscuridad, Desalvo desarrolla un ambiente oscuro y frío similar al de Amor Eterno, pero en lugar de llevarse a cabo en los bosques de Barcelona, la cinta se desarrolla en una mansión en las costas del sur de la Argentina. Mora Recalde interpreta a Virginia, una joven mujer soltera encargada de la gran casa que comparte con su padre, un doctor, quien parte al comienzo de la cinta a ayudar a su hermano en reestablecer la salud de una de sus sobrinas mientras que deja en la casa a su otra sobrina, Anabel (Romina Paula) para mantenerla aislada de su hermana y hacerle compañía a Virginia. Las dos mujeres se encuentran solas en el medio de la nada, Virginia trata de establecer una conexión emocional basada en memorias de la infancia compartida con su prima, mientras Anabel empieza a desarrollar un comportamiento siniestro que la lleva a escapar de casa en las noches, mientras esto ocurre la audiencia es informada de que la región está siendo infestada por una plaga que al parecer es rabia. El ambiente de aislamiento y la actuación de Recalde, sumado a la tensión sexual entre ambos personajes femeninos, logran una cinta interesante que a pesar de develar su misterio temprano, nos mantiene curiosos del destino de ambas mujeres, entregando un tercer acto que resulta original e inesperado.

En una onda completamente opuesta nos llega el coming-of-age film español A escondidas (2014) de Mikel Rueda, una hermosa historia que tiene como fondo la triste realidad de la constante migración de norafricanos a España y el rechazo y racismo que existe en contra de estos inmigrantes. Dos chicos, uno inmigrante ilegal marroquí, Ibrahim (Adil Koukouh), y el otro español de clase trabajadora, Rafa (Sergio Kouh), se encuentran y desencuentran en las calles de Bilbao. Ibrahim se jacta de no tener amigos y es forzado a permanecer en un hogar para jóvenes con la ilusión de ser ayudado por el gobierno y poder obtener sus papeles para quedarse en España, mientras que el líder de una banda de chicos, también inmigrantes ilegales marroquíes que se dedican a la venta de drogas, lo recluta y trata de convertirlo en un criminal partiendo del principio de que nadie lo querrá en el país en el que se encuentra. Por su parte, Rafa parece tener una vida ideal, pasa su tiempo entre videojuegos, la escuela y los deportes, mientras está siempre rodeado de sus amigos, liderados por un obtuso adolescente racista y homofóbico. Las presiones sociales están a la orden del día para ambos chicos. Ibrahim, es constantemente empujado de un lado a otro de la escala moral ¿juega el juego del gobierno y el sistema social o se revela y se dedica a la vida criminal? Mientras que Rafa lucha con el entorno de mente cerrada y su claro entendimiento de su sexualidad, tema incómodo especialmente cuando una de las chicas populares trata de empezar una relación con él. Rafa se da cuenta inmediatamente de su atracción por Ibrahim y busca exitosamente establecer una relación con el chico. Ambos consiguen en su mutua compañía un escape a las presiones que los agobian, y al mejor estilo Romeo y Julieta tratan de evitar que sus respectivos bandos se den cuenta de lo que ocurre. Hermosos montajes de los dos chicos compartiendo y descubriendo su sexualidad resultan deliciosos e inocentes, ni un beso es intercambiado por la pareja durante todo el filme, pero no fuese ficción si no ocurriera algo que amenazara la relación, y en el tercer acto Ibrahim debe salir de España antes de ser deportado y Rafa decide hacer todo lo posible para ayudarlo, mientras que ambos deben a su vez enfrentarse a los amigos que los han traicionado por no poder entender lo que ocurre entre ambos. Rueda logra expresar en pantalla ese momento en el que el deseo y las hormonas se unen al amor cuando apenas empezamos a entender la vida y a nosotros mismos, y al mismo tiempo nos ofrece un retrato de la injusta realidad en la que se encuentran los emigrantes y los habitantes de los países a los que éstos deben mudarse para sobrevivir, todo de la mano de dos jóvenes actores que ofrecen interpretaciones estelares.

Foto: Captura de pantalla / YouTube

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El maestro de los filmes homoeróticos argentinos, el director gay Mario Berger, ha establecido una carrera creando filmes de alto contenido de tensión sexual entre hombres que pueden o no ser homosexuales bajo la premisa de que el sexo es flexible independientemente de la identidad sexual, su discurso es validado por su trabajo que le ganó el Teddy en el Festival de Cine de Berlín en 2011 por el filme Ausente (2011) donde Berger establece una relación sexual profesor alumno dándole un giro al cliché y poniendo al alumno como el predador. En Inside Out se presentó su más reciente filme, Mariposa (2015), en el que Berger eleva su juego y narra el filme en dos realidades paralelas, en la primera una bebé llamada Romina es abandona por su madre y es recogida y criada por una familia clase media, mientras que en la otra realidad la madre decide no abandonar a la beba cuando observa a una mariposa aletear. El filme salta a la adolescencia de Romina (Ailín Salas) y establece su relación con Germán (Javier De Pietro) quien en la primera realidad es hermano de Romina y en la segunda empieza un romance con ella cuando se conocen accidentalmente. Debido a una edición limpia y a la ausencia de puntuación cinematográfica a propósito, el filme requiere de una alta atención del espectador, el factor queer queda relegado en este filme al trabajo previo del director y a su propia sexualidad, ya que en el filme el tema se trata superfluamente con la historia del personaje secundario Bruno (Julián Infantino) quién en la primera realidad es el novio bisexual de Romina y en la segunda es el mejor amigo gay de Bruno. El tratamiento del filme es un ejercicio más de forma que de fondo, la cinta logra una tensión sexual entre los protagonistas que en el caso de la primera realidad se transforma en incesto, y se ancla en las actuaciones de un sólido elenco de jóvenes que cuesta reconocer en ambas realidades debido no solo a intensos cambios de apariencia, sino también al desarrollo de cada personaje a nivel actoral.

Irónicamente, las dos cintas que decepcionan de toda la muestra latina en Inside Out son los dos filmes que traen el mayor pedigrí. El director chileno Sebastián Silva escribe, dirige y protagoniza el filme en inglés Nasty Baby (2015). Silva, quién es gay, se hizo famoso por su cinta La Nana (2009), considerado un clásico del cine latino contemporáneo que llegó a ser nominada a los Globos de Oro como mejor filme extranjero, pero después de este agudo filme, que combina humor negro y crítica social, Silva se ha dedicado a dirigir comedias independientes que rozan en lo absurdo en su mayoría producidas en inglés en los Estados Unidos. Los resultados han sido recibidos con críticas mixtas, y Nasty Baby es otra entrega más de la misma tendencia. En la cinta Silva interpreta a Freddy, un artista gay latino que vive en Nueva York con su pareja, Mo, interpretado por el multifacético artista Tunde Adebimpe, y quién está tratando de ayudar a su mejor amiga Polly, la comediante norteamericana Kristen Wiig, a quedar embarazada. El filme resulta una interesante vista del mundo del arte en Nueva York y la vida de los adultos que lo habitan, pero cuando la cinta empieza a mutar en un filme de horror, la sensación es como si un episodio de la serie de TV Looking hiciese un especial de Halloween. Nasty Baby encuentra momentos sumamente interesantes e inteligentes, por ejemplo cuando Freddy y compañía visitan a la familia de Mo y enfrentan a una hermana que no entiende cómo van a traer a un hijo en semejantes circunstancias, o cuando Freddy visita la galería en la que espera exponer su trabajo con extraños resultados, pero estos momentos son dejados a un lado para desarrollar la forzada dinámica de horror que se apodera del filme en su tercer acto. Silva tiene una agudeza natural en su visión del mundo, pero al parecer su rebeldía es más fuerte que su instinto.

El otro filme que vino con grandes referencias se titula Eisenstein in Guanajuato (2015), su director, el inglés Peter Greenaway, ha llevado una respetada carrera en la que destacan los títulos The Cook, the Thief, His Wife & Her Lover (1989) y The Pillow Book (1996), y Eisenstein fue nominada al Oso de Oro del Festival de Berlín este año, pero el filme, que se presenta como un biopic del afamado director ruso Sergei Eisenstein (Elmer Bäck) y que se enfoca en la visita que el director hiciese a México en 1931 mientras trata de producir material para su nunca terminado filme Que Viva México!, usa al personaje y una supuesta relación homosexual con su guía mejicano Palomino Cañedo (Luis Alberti) como excusa para poner en los labios de sus actores infinitas reflexiones filosóficas que van desde supersticiones rusas, hasta la mortandad, pasando por moscas y revoluciones. El texto, la opulenta puesta en escena y una edición inspirada en el trabajo original de Eisenstein resultan tediosos para una cinta que apenas usa tres o cuatro sets durante todo el filme y deja la sensación de que luciría mejor como una pieza teatral. El film logra establecer el punto de que Eisenstein era homosexual, especialmente cuando expone algunas de las ilustraciones dibujadas por el artista con alto contenido homoerótico, pero más allá de esto, la cinta resulta más bien arrogante y tediosa.

Algo que comparten todos los filmes que he mencionado en esta entrada y que llama poderosamente la atención, además de tener temática queer y estar relacionados con el mundo de habla hispana, es como en todas y cada una de las cintas el entorno tiene la fuerza de definir a los personajes y las historias, ya sea la ciudad Bilbao, Nueva York, Guanajuato o Santiago de Chile, o la naturaleza, los bosques de Barcelona, las costas argentinas, las playas de República Dominicana y Venezuela, o una simple mariposa, nuestra naturaleza latina nos obliga a mirar alrededor. Somos definidos por nuestra relación con el entorno, excelente excusa para disfrutar de contextos hermosos que son usados al máximo por todos los directores incluidos en este escrito.

La calidad y variedad de los filmes impecablemente curados por el equipo de Inside Out nos revelan que a pesar de ser una cultura con fama de homofóbica, el mundo en español se abre cada día más a entender la variedad de la humanidad, y con piezas de texturas impredecibles, variadas, y hermosas que buscan en lugar de juzgar o educar sencillamente crear historias, los directores y actores latinos brillan alrededor del mundo, por eso doy gracias a cada uno de ellos y a Inside Out Toronto por estar alertas de lo que ocurre en nuestras tierras y por otro año de excelentes películas, que se sean otros 25 años de éxitos.

Twitter: @alanabumi

Inside Out Toronto Festival

Foto: Facebook – Inside Out LGBT Film Festival