martes, 16 de junio de 2015

La muerte de Charlie o la normalidad rota

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Mamá en Montreal Portada
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Charlie García Montreal muerte

Foto: Flickr / Hugo Marcelo Mendez Campos
(CC)

Actualización: Hoy conocimos una noticia que alivia en medio de tanto dolor. La Embajada de Venezuela en Canadá y el Consulado de Venezuela en Montreal colaborarán con 3.000 dólares con el traslado de los restos de Charlie. Asimismo, muchas personas respondieron al llamado de ayuda y han hecho aportes que ayudarán a la familia a cumplir con el objetivo pronto. Gestos que se agradecen y nos recuerdan que queda siempre alguien dispuesto a ayudar, cuando todo parece tan sombrío.

Martes 16 de junio

A veces, viviendo en otra parte, tu vida empieza a “normalizarse”. Te acostumbras a que las cosas sean más o menos predecibles, te llegan las noticias del lugar de donde vienes y te angustias, te preguntas si puedes hacer algo, pero te vas acostumbrando también a llevar esta vida “normal”.

Por eso cuando pasa algo terrible, te toma doblemente por sorpresa. Porque sí, aquí también pasan cosas terribles. No todo es tan “normal” como crees, como se ve desde allá, como esa idea de que el que emigra escapa te ha vendido como verdad.

Hace unos meses, a través de mi blog www.mamaenmontreal.com, me escribió una venezolana residenciada en Montreal. Como me pasa a menudo con distintos lectores, ella no era mamá, pero me leía porque encontraba en mi blog una especie de compañía en esta experiencia tan particular que es haber emigrado desde Venezuela a esta ciudad francófona y helada. Me pedía consejos sobre temas profesionales que yo no me atreví entonces a darle, pero nos escribimos varias veces. Yo le daba datos, ella me hacía preguntas. Nos acompañamos durante un trecho, digamos.

Habían pasado meses desde nuestra última comunicación, pero yo la asumía “allí”, en ese lugar en el que están mis lectores, a los que llego a querer mucho a veces, porque son el reflejo que todo escritor necesita para saber por dónde va y si lo que hace tiene algún sentido. Su nombre me resultó inolvidable desde el principio, porque me recordaba a uno de mis cantantes preferidos. Ella se llamaba Charlie García, la versión femenina del nombre de aquél flaco del rock argentino de “conozco esta ciudad/no es como en los diarios, desde allá”.

Y no puedo ni creer que esto que estoy escribiendo es la despedida para una persona a la que no conocí en el sentido total de la palabra. Una persona cuya voz nunca escuché, pero con quien llegué a intercambiar unas líneas, a quien le hablé de mi vida y ella contó de la suya. Una persona con la que tuve una conexión en un momento y hoy ya no está. Porque algo terrible pasó. Algo terrible sucedió allí mismo, en el lugar sagrado donde están mis queridos lectores. Aquí mismito.

La noticia de su muerte me ha tomado por sorpresa, pero leer que se trata de un homicidio me rompe algo. Algo que yo creí que ya se me había roto para siempre con tantas noticias de tantas muertes trágicas que he recibido de mi país, de gente conocida y desconocida, viviendo allá y viviendo aquí. Algo que no pensé que se me fuera a volver a romper y mucho menos aquí.

Sé que suena muy tonto que lo diga, pero es que a uno se le olvida, si no lo malo, al menos lo terrible. Uno decide, medio consciente y medio inconscientemente, poner una línea de cal entre aquello y esto. Uno se va normalizando. 

No sé qué pensar ni qué sentir. Una parte de mí dice que no la conocía. No sabía de ella más de lo que sus líneas me contaron voluntariamente. Otra parte dice que sí la conocía, como conozco también a tantas otras personas a las que nunca he visto, porque nos leemos mutuamente, porque nos contamos cosas que nos preocupan a todos los inmigrantes (cómo consigo trabajo, cómo me integro mejor). Lo único que siento es eso. Un vacío, una ruptura, una vuelta horrible a la realidad, que se empeña en no dejarnos demasiado tiempo en paz.

Me duele que su cuerpo sin vida esté aquí cuando su familia se la quiere llevar al lugar donde nació y ofrecerle el ritual que uno espera para que el alma del otro descanse en paz. Me duele no poder hacer nada más que escribir esta nota, una despedida cuando nunca hubo un saludo apropiado, un llamado para que alguien ayude, como pueda, a que las cosas terminen su ciclo. Me duele que las autoridades del país de donde vengo no estén haciendo más para repatriar sus restos y que sea su familia y organizaciones locales las que deban encargarse de todo.

Pero lo que más me duele es que la vida de una mujer venezolana que estaba tratando de integrarse a esta sociedad, viniendo de aquella, que es tan dura, se haya cortado de esa forma tan abrupta, tan absurda.

No hay consuelo posible cuando sucede algo así. No hay nada que hacer, más que buscar la manera de que el cuerpo encuentre su lugar de reposo y desear que el alma alcance la paz. Desear que haya justicia y que las circunstancias de esa muerte se aclaren, que quien deba pagar por ella lo haga, aunque el precio de una vida nunca pueda ser costeado por nadie.

Y seguir con la vida que uno tiene, sin olvidar que nada se “normaliza”. Nada debe darse por sentado.

Para quienes conocieron a Charlie, o no la conocieron pero esta historia les ha dicho algo también y quieren colaborar con su familia para ayudar a repatriar sus restos a través de gofundme o haciendo un donativo a la cuenta de Rafael Rivas, bajo el número 94616018610, en el TD CANADA TRUST BANK. Pueden contactar igualmente a un amigo cercano de Charlie en Montreal, Jesús Hernández, a través del correo jesuschaguazul@gmail.com.