jueves, 23 de julio de 2015

Los “commodities” y su impacto en Latinoamérica y Canadá

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Negocios Quebec-Latinoamérica Portada
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Petróleo Canadá Alberta

Foto: Flickr / Jeff Hitchcock (CC)

Los precios de los commodities es una de las variables más importantes para Canadá y para casi todos los países de Latinoamérica. Ya sean commodities agrícolas, minerales o financieros, su impacto desde las grandes multinacionales como en las pequeñas y medianas empresas (pymes) está fuera de discusión, incluyendo el impacto en los presupuestos nacionales y la subsecuente influencia en variables claves como es la inversión pública y privada.

Empecemos por Latinoamérica. El impacto de la caída del precio del petróleo, del cual ya hemos conversado previamente, sigue impactando a los países de la región, pero de distinta manera. Antes que nada vale destacar los efectos del reciente acuerdo entre Irán y las potencias internacionales que levantará las sanciones económicas a Teherán y se espera abra el grifo de la producción de crudo iraní, lo que ampliará la oferta global “en el entorno de entre 500.000 barriles y un millón de barriles” en el mediano plazo.

Varios expertos predicen que el precio del barril de petróleo volverá a los USD 100 dentro de cinco años. Esto puede parecer un futuro lejano, especialmente para países como Colombia y Venezuela, pero el panorama puede no ser tan negativo. Gary Ross de PIRA Energy Group, hace hincapié que la inversión actual en nuevos yacimientos es baja por lo que el “glut” y la baja demanda de petróleo va a hacer que este rebote. En otras palabras, hoy en día no hay capacidad ociosa que permita aumentar la producción de petróleo de forma inmediata.

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Evidentemente, esperar cinco años no es algo fácil. Como mencionamos anteriormente, especialmente para Colombia y Venezuela. Venezuela, por cuestiones que ya son obvias y que además son “autoinfligidas” por su clase política. Según Alejandro Werner, economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), la economía venezolana tendría una contracción de 7% en el 2015. El caso de Colombia es un poco más extraño porque ese país está haciendo las cosas bien pero su economía todavía no está lo suficientemente diversificada.  Por ejemplo, el índice referencial de valores del país se ha hundido 46% en términos de dólares en los últimos 12 meses. Sin embargo, Colombia igual crecerá a un no despreciable 3,2% este año. Pero la tensión económica se reduce al petróleo. La creciente dependencia de las exportaciones de crudo en Colombia en la última década dejó vulnerable cuando los precios cayeron a la mitad en el último año, hizo aumentar del déficit comercial, bajó la inversión extranjera y desató una caída de su moneda. Según Rupert Stebbings, el director gerente de ventas de acciones de Bancolombia SA, “el precio del petróleo afecta a la confianza, que afecta directamente a algunas poblaciones, y que está relacionado con la disminución del peso, obviamente, que tiene una muy alta correlación con el índice de sí mismo”. Cabe resaltar que las perspectivas de crecimiento no son malas para un país que se expandió al menos 4% cada año desde 2010, pero significa un enfriamiento.

Después está Brasil que sigue sumergido en escándalos de corrupción entre políticos del partido gobernante, incluido Lula y varios personajes claves del PT que involucran a Petrobras, que hasta hace poco era el orgullo brasileño. Hoy en día es fuente de escándalos y la empresa la más endeudada del mundo. Si a esto se le suma la fuerte caída de los precios de todos los commodities y la falta de reformas estructurales, la mayor economía de América Latina está en una posición precaria, es más , ya está en recesión. Brasil no suprimía tantos puestos de trabajo formales en un mes desde junio desde 1992, cuando la estadística comenzó a ser recopilada, según los datos divulgados por el Ministerio de Trabajo.  El resultado de junio elevó a 345.417 el número de empleos formales suprimidos por Brasil en el primer semestre de 2015, que contrastan con los 588.671 puestos de trabajo generados por el país en los primeros seis meses del año pasado. La caída del empleo formal y el aumento del desempleo en 2015, sin embargo, indican que el mercado laboral comienza a perder vigor debido a la fuerte desaceleración económica del país. La economía brasileña tan solo creció un 0,1 % en 2014 y las últimas proyecciones indican que este año puede sufrir una contracción de hasta el 1,5 %.

No es, por lo tanto, de extrañar el imprevisto cambio de disposición de la presidenta Rousseff para con los EE UU. Especialmente teniendo en cuenta que Brasil es el principal aliado de Venezuela y también de Argentina, dos países conocidos por tener relaciones bastantes precarias con los EE UU. En su reciente gira por Washington, Dilma dejó en claro su intención de fortalecer las relaciones económicas con EE UU., con el que comparte “muchas cosas” como un gran mercado, inversiones, sociedades democráticas y respeto por la libertad de prensa, dijo Rousseff. La realidad hizo cambiar a la pragmática Dilma, luego de cinco años de enlentecimiento de la economía, habló de una “fase de construcción” para conseguir un nuevo ciclo de “expansión del crecimiento” del país y se manifestó interesada en “trabajar junto con el presidente Barack Obama” para estrechar y aumentar las relaciones comerciales con este país, ante una atestada sala de inversores, con quienes se reunió durante el fin de semana.

La caída de los commodities también está teniendo un fuerte impacto en el resto de los miembros de la Alianza del Pacífico y del Mercosur. El FMI redujo las previsiones de tres miembros de la Alianza del Pacífico, Colombia al 3%, Perú 3,2% y Chile 2,5%, y elevó ligeramente las de Argentina a un crecimiento del 0,1% este año, en un contexto de pronunciada ralentización lastrada por la baja inversión y deterioro de la confianza en América Latina. Como lo habíamos mencionado anteriormente, el dato de Colombia supone medio punto menos de lo pronosticado en abril, la de Perú de seis décimas menos y la de Chile, de dos décimas, de acuerdo con los nuevos cálculos del FMI. En su actualización de las Perspectivas Económicas para la región, el Fondo reiteró la contracción de Brasil del 1,5% para este año y la expansión de México del 2,4%, en ambos casos con revisiones a la baja respecto a los previos cálculos de abril, en cifras ya apuntadas la pasada semana. Como consecuencia, explicó Alejandro Werner, director del Departamento del Hemisferio Occidental, “América Latina encara años de bajo crecimiento por delante”, que el organismo cifra en un 0,5% este año y 1,7% el próximo. La caída de la demanda de China debido a un enfriamiento de su economía (y de la crisis de su Bolsa), junto con la “normalización” de la política monetaria de EE UU, hace que el panorama de Latinoamérica no sea el mismo que hace unos años.

Lo interesante de las situaciones de Canadá y Latinoamérica es que abre la puerta para un incremento de negocios en aéreas menos tradicionales. El desafío, tanto a nivel público como privado, a medio plazo de la región y de Canadá es aplicar reformas estructurales para generar crecimiento. El crecimiento no provendrá de la demanda externa, ni del gasto público porque no hay espacio fiscal, por lo que tiene que venir de inversión y productividad. O sea inversión en educación, infraestructura e innovación. Todas aéreas donde Canadá y Latinoamérica pueden y deberían profundizar sus lazos comerciales y culturales.

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