domingo, 30 de agosto de 2015

Petro y su combate por conservar la alcaldía: centro de las disputas del ascenso a la presidencia en 2018

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El arca de Enoïn Portada
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Foto: Facebook / alcalde Gustavo Petro

Foto: Facebook / alcalde Gustavo Petro

Viene de: Izquierda y derecha contra Gustavo Petro: la toma de posición de los formadores de opinión

La llegada de Gustavo Petro a la alcaldía de Bogotá, con una votación inferior al 35% de los sufragios, le confirió un mandato ciudadano envuelto en una legitimidad política frágil. Si bien un ligero sobrevuelo bibliográfico de la sociología política nos indica que el concepto de legitimidad política frágil no aparece dentro de su vocabulario, en esta ocasión vamos a cometer la osadía de proponerlo como fundamento teórico, para analizar el vaivén turbulento, al que ha sido sometido el mandato del alcalde bogotano, desde antes de tomar posesión de su cargo el primero de enero de 2012.

En general, la legitimidad política es un concepto bastante ambiguo, cuya definición resulta compleja. Por eso puede prestarse siempre a polémica. Siguiendo los puntos de vista de Giovanni Sartori, Catalina Pazmiño y Mauricio Merino se podría sostener que en una sociedad democrática existen seis elementos que determinan la legitimidad política de un gobernante y su equipo. Estos son:

1) El consentimiento de gobernarlos otorgado por los gobernados;

2) La existencia de un procedimiento que permita la verificación de dicho consentimiento;

3) El otorgamiento del poder a través de un voto de confianza contabilizado en las urnas;

4) La puesta en escena de rituales, la construcción de narrativas universales, y la adopción de símbolos y representaciones, que le permitan a los gobernados apropiarse del discurso del gobernante para legitimarlo cotidianamente;

5) La existencia de un conjunto de creencias compartidas entre gobernados y gobernante; y

6) El reconocimiento en el gobernante por parte de los gobernados de un conjunto de virtudes, que le permitan a éste ejercer un “liderazgo moral” en el seno de la sociedad. La lista podría alargarse o reducirse, pero en esta ocasión –por tratarse de un primer bosquejo- solo vamos a dejar sobre la mesa –con la disposición de abrir el debate teórico- esos seis aspectos.

Retomando las anotaciones de Merino vale la pena resaltar que la legitimidad política es un estado difícil de alcanzar por un gobernante y su conservación por parte de éste nunca está asegurada. Esto se debe a que, como lo destaca Sartori, en las democracias liberales: y según Eduardo Posada Carbó, Colombia es una de ellas, el pueblo es el titular del poder. Sin embargo, el problema de convertir al pueblo en depositario del poder encierra una paradoja: la dificultad de compaginar su titularidad con el ejercicio adecuado y pleno de éste. Por eso en las sociedades democráticas el poder es legitimado, condicionado o revocado en las elecciones. Para Sartori esto conlleva a que los dos primeros elementos a discutir en una democracia liberal sean el principio de la legitimidad de los mecanismos usados para llegar al poder y de los problemas, que rodean su ejercicio por parte del gobernante.

Ahora que tenemos una idea general sobre el concepto de legitimidad política y de cómo ésta se alcanza y conserva, entremos a exponer los aspectos que hicieron que la llegada a la alcaldía bogotana de Gustavo Petro se diera dentro de un contexto de legitimidad política frágil. En este caso, el mandato que le fue otorgado por la ciudadanía al alcalde estuvo envuelto en una legitimidad política frágil, porque el mandatario bogotano:

  • obtuvo una votación inferior al 40% de los sufragios depositados en las elecciones;
  • no llegó al poder amparado por un partido político con una larga tradición electoral y una trayectoria en el ejercicio del poder;
  • El movimiento ciudadano que empujó su candidatura a la alcaldía no obtuvo la mayoría de las curules en el concejo;
  • Desde que se confirmó su elección quedó claro que el alcalde y sus aliados en el cabildo capitalino no podrían constituir una coalición, que les permitiera controlar la dirección de la corporación;
  • Ningún medio de información importante acompañó abiertamente sus pretensiones políticas a la alcaldía y una vez elegido, su mandato y programa de gobierno no fueron apadrinados por ninguno de los medios más influyentes de la ciudad;
  • Los grupos de presión del sector privado mostraron durante su campaña y luego de su elección una oposición férrea a su proyecto de gobierno;
  • Entre los formadores de opinión más acreditados del país fueron pocos los que tomaron o han tomado la pluma para defender sus propuestas.

Apoyado en estos aspectos los adversarios del alcalde Petro, que son muchos y son además poderosos, emprendieron una articulada campaña política y mediática encaminada a debilitar su gobernabilidad y acorralar su gobierno. Su objeto ha sido el de destruir el frágil mandato que los electores le confirieron en las urnas. Un buen indicador, que podría usarse para analizar la estrategia mediática, que ha buscado mermar la gobernabilidad del alcalde bogotano a partir del deterioro de su legitimidad política, son las encuestas y los análisis que de ella se hacen en los medios. Este fenómeno lo ilustra bien un artículo del portal La Silla Vacía, intitulado “Encuestas CNC y Gallup sobre Petro: muestras iguales, resultados opuestos”.

En síntesis y partiendo de los resultados de las encuestas (esto se puede constatar en el portal de La FM Colombia, donde titularon “Petro se rajó en encuesta sobre el mejor alcalde del país”), los adversarios de Petro, como lo sugiere el portal Ola Política, se han esmerado en crear una verdad aparente: Petro es tan mal alcalde, que le va mal en las encuestas. Quienes parten de dicho supuesto olvidan que las encuestas, si bien sirven para tomarle el pulso a la manera como la población percibe la obra de un gobernante, éstas no representan un indicador sólido, cuando de evaluar los logros de un gobierno se trata, pues la popularidad y su contrario: la impopularidad, son hechos que pueden ser construidos, de manera deliberada, a partir de una buena estrategia de manipulación publicitaria. Esa intención de poner a la administración Petro en el lado donde brilla menos la luz, tomando como único indicador de evaluación el resultado de las encuestas, sale a relucir en titulares como los que siguen: “¿Por qué no quieren a Petro?, El Espectador (01/08/2012), “Petro se raja en gestión, pero va bien en movilidad”, El Tiempo, (05/10/2012).

El agarrón entre Petro y la clase política capitalina: una pelea en la que han tirado trompadas hasta los árbitros

En víspera de su posesión el alcalde Gustavo Petro trató de ampliar la legitimidad de su mandato. Persiguiendo ese objetivo se reunió durante hora y media, en noviembre de 2011, “luego de una dura campaña electoral”, con Enrique Peñalosa, “su principal contendor” en la disputa por la alcaldía. Al final de la reunión Peñalosa le reiteró “que, en la medida en que considerara que sus opiniones y recomendaciones pudieran ser útiles”, él estaría “dispuesto a conversar con él y con su equipo”. Igualmente Petro se reunió con las bancadas del concejo de los partidos Verde y Liberal y buscó el diálogo con los excandidatos a la alcaldía Gina Parody y Carlos Fernando Galán. Cuando comenzó su mandato el alcalde intentó vincular a su administración como asesor a uno de sus contradictores más encarnizados: el exalcalde Jaime Castro. Sin embargo, Castro se negó a participar en el  gobierno progresista, aduciendo que Petro encarna un “modelo político que no es viable ni institucional ni administrativa ni financieramente”.

Esas reuniones demuestran que la tesis que sostienen algunos, como el politólogo César Caballero, que el alcalde Petro no ha “tendido puentes de diálogo y buenas relaciones con todos los sectores de la ciudad” no es tan cierta. Al contrario, la tesis que cobra mayor fuerza cuando se escarban los medios y se deconstruyen los comentarios de la gente en las redes sociales es la de Álex Vernot. Para este abogado, la oposición ferina que ha conocido el gobierno Petro denota la existencia de un pacto –no escrito ni firmado-, orientado a torpedear su mandato. De esa componenda ha participado un sector de “los medios de comunicación”, las élites tradicionales y “algunos contratistas de servicios públicos que se prevalen de métodos ilegales, corruptos o, por lo menos, inmorales, para enriquecerse por cuenta del Estado”. Estos sectores le han apostado –en todos los números de la roleta-  al fracaso de  Petro, porque consideran que su éxito como alcalde “representa una amenaza objetiva […] una amenaza real a ese statu quo que tantos defienden”.

Esto explica por qué, a pesar de los movimientos políticos que hizo el mandatario capitalino al inicio de su gobierno, con el objeto de estructurar una coalición que le permitiera asegurar la gobernabilidad de la ciudad, “los viejos caciques” del cabildo, que no escondían su animadversión con respecto a él por haber destapado el escándalo del “carrusel” de contratos, y los jefes de los partidos políticos nacionales con asiento en la coalición de gobierno del presidente Santos, que lo tenían entre ojos por haber destapado el escándalo de la parapolítica, “tomaron la decisión de armar toldo aparte [ al ]  declararse como coalición independiente”.

A la hora de escoger sus directivos, 29 de los 45 concejales se declararon “en rebeldía ante la administración”, invocando su “responsabilidad de hacer los debates correspondientes y apoyar lo conveniente para la ciudad”. El 4 de febrero de 2012, el nuevo presidente del concejo manifestaba que la coalición que habían formado, a instancia de los jefes de los partidos de la coalición del gobierno Santos, no buscaba atravesársele al nuevo alcalde en el camino y debilitar su gobernabilidad. Sin embargo en el ambiente flotaba la sensación de que el concejo, “atrincherado” en una coalición de “independencia”, buscaba torpedear el gobierno del alcalde progresista. La conformación de esa coalición marcó el inicio de una trifulca entre el ejecutivo y el cabildo capitalino, sin precedentes en la historia política reciente de Bogotá. Ha sido tan intenso el zambapalo –por utilizar el término que usaba el peluquero del barrio Sucre de Montería para referirse a una pelea-, que El Espectador tituló, a manera de balance el 19 de junio de 2015… “Petro y el Concejo: la relación que no cuajó”.

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Según este diario bogotano la relación entre el cabildo y el alcalde Petro “siempre fue tensionante”. Por eso, mientras que en el discurso han abundado, de uno y otro lado, los “epítetos”, en el plano administrativo el balance está cifrado por “escasos acuerdos”. Un indicador del tamaño de la desavenencia son los términos usados por Miguel Uribe Turbay, presidente del concejo en 2014, en una entrevista con Luci Nieto de Samper. Según él, Petro “no acepta propuestas” y “trata al concejo como a un enemigo”. Las opiniones del Presidente del concejo generaron una polémica en la página de Facebook del canal Citytv. Allí un gran número de personas, como Mary Muñoz, se preguntan si la pelea no será más bien porque el concejo trata de bloquear a Petro en todo, mientras que por su lado Jorge Andres Moreno Serrano sostiene que la cosa es al contrario: es el concejo el que ha tratado a Petro como a un enemigo.

Uno de los momentos más épicos de ese pulso esta signado por la acción judicial, que dos concejales: Sandra Jaramillo y Lucía Bastidas, instauraron contra el alcalde por “posible constreñimiento, hostigamiento por ideología política, calumnia e injuria”. La última pelea entre la administración distrital y el concejo sucedió el 19 de junio. La pelotera estalló porque el concejal Uribe Turbay llamó  sinvergüenza al alcalde en un debate de control político.

El portal Publimetro advierte que la relación animosa entre el mandatario y el cabildo es la principal razón que explica porque 20 proyectos de acuerdo, de cierta importancia, que la administración de Gustavo Petro ha presentado en el concejo han sido hundidos, muchas veces sin ni siquiera ser  estudiados. Por su parte Alejandro Isaacs Giraldo anota que entre el 1° de enero de 2012 y el 28 de septiembre de 2014, el concejo solo aprobó 17 de 45 proyectos que la administración le presentó. Según este periodista, si bien muchas veces  el concejo ha hundido proyectos con justificadas razones técnicas, en otras la negación de las iniciativas se ha hecho recurriendo a argumentos sin fundamentos. Entre los proyectos hundidos por el Concejo están : el tranvía, la reparación de la avenida Caracas (dos veces), la modernización tributaria(tres veces), la reforma tributaria, la auditoría fiscal, las vigencias futuras por 170 mil millones de pesos para 17 colegios en concesión y el cambio del nombre a la empresa TransMilenio. Curiosamente, muchas de las críticas que llueven sobre el alcalde en los medios se sustentan en la idea de que no ha cumplido su programa de gobierno con relación a estos puntos.

Para Alejandro Isaacs Giraldo la causa de los encontrones entre Petro y el concejo es en gran medida el “revanchismos políticos” por parte de influyentes sectores del cabildo, que no le han perdonado a Petro “las denuncias sobre el carrusel de la contratación” y la incomodidad de ciertos concejales por la poca participación “en la burocracia distrital”. En todo caso, al analizar los pormenores de esa batalla sin cuartel los observadores más perspicaces no han pasado por alto que los concejales, que manifestaron absoluta independencia frente al gobierno Petro, son en su mayoría los que habían conformado “la misma coalición que apoyó a Samuel Moreno” y terminaron involucrados en el escándalo de corrupción, que sepultó a ese gobierno. Frente a las maniobras “marrulleras” –por decir lo menos–  de los adversarios de Petro en el concejo, cabe preguntarse, como lo advirtió el portal Ola Política, si lo del consejo ha sido “oposición o sabotaje” o si la cosa no pasa de ser un plan bien orquestado de “obstrucción” al gobierno de Petro “disfrazada de oposición”, como lo denunció Maritza Serrano en el portal Las 2orillas.

Entre los proyectos hundidos por el concejo se encuentra el de la modificación del Plan de Ordenamiento Territorial (POT). Como los concejales hundieron dicho proyecto, el alcalde lo expidió por decreto, lo cual le valió una lluvia de críticas de sus adversarios políticos y los formadores de opinión pública, que intervienen desde los medios. Para frenar la medida tomada por el alcalde, varios gremios económicos, entre ellos la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol), demandaron el decreto 364, que le daba vida al POT por la vía ejecutiva. El Consejo de Estado les dio la razón. Según el Consejo de Estado, el alcalde “no tenía facultades para modificar por decreto el POT”. De ese modo el alcalde se quedó sin una de sus más importantes herramientas administrativas.

Cuando el Concejo le hundió el POT, el alcalde trinó en Twitter: “estos concejales creen que me hacen daño hundiendo proyectos, en realidad se lo hacen a Bogotá y a su propia carrera política”. Según Clara Lucía Sandoval, concejal del partido de la U, hundiendo los proyectos del alcalde Petro, el concejo lo que ha hecho es “salvar a Bogotá de la terrible improvisación”.

De todos los proyectos hundidos por el concejo, el que más problemas políticos parece haberle heredado al alcalde Petro es el POT. El 10 de agosto de 2015, la prensa colombiana informó que la procuraduría ha abierto un “nuevo juicio disciplinario contra Gustavo Petro”. El procurador Alejandro Ordoñez le “formuló pliego de cargos por presuntas irregularidades en el POT”, endilgándole una “falta disciplinaria grave, a título de dolo”. Sobre el nuevo juicio disciplinario abierto por el procurador al alcalde capitalino, en el foro de Facebook de El Tiempo, William Andrés González García sostuvo que ya el establecimiento colombiano “no saben cómo frenar a Gustavo Petro”. González García sostiene  que el POT presentado por el alcalde “era bueno y legal”, por lo que en este caso “la corrupción del concejo y la procuraduría se nota de lejos”.

Por su parte Davis Álvarez sostuvo –allí mismo–  que el POT que hoy tiene a Petro al borde de una nueva destitución “es muy bueno” y que incluso tiene “amigos peñalosistas que así lo admiten”. Sin embargo, Álvarez llama la atención sobre “la legalidad con la que se va a realizar” la implementación del POT. Según él “en eso […] Petro se ha equivocado, porque todo lo quiere hacer al revés ya que es muy terco”. Sobre el mecanismo usado por el alcalde, Johan Gomez advierte que en Bogotá “todos los POT hasta la fecha han sido decretados, incluso el vigente”. Para Gómez lo que sucede es que se ambientó en los medios un discurso falso sobre el POT, que sirvió de pretexto para tumbarlo y abrirle camino a un nuevo proceso disciplinario contra Petro.

En el interregno en que se anunciaba la apertura de un nuevo juicio disciplinario al alcalde progresista en la procuraduría, el gobernador de Cundinamarca, Álvaro Cruz, renunciaba para hacerle frente a investigaciones judiciales por sus vínculos con el “carrusel de la contratación”, durante el gobierno de Samuel Moreno. Al mismo tiempo, el procurador ordenaba la absolución de “12 concejales” involucrados en el mismo escándalo “por falta de pruebas”.

La convergencia de esa serie de eventos llevó al abogado Edgardo Arroyo Otero a sostener en su muro de Facebook, que “mientras que a Petro le abren pliego de cargos por aprobar el POT de la capital mediante Decreto, la Procuraduría guarda total silencio frente a una acción idéntica llevada a cabo por la alcaldesa de Barranquilla sobre la misma materia en el año 2014. ¿No se llama eso arbitrariedad y una flagrante persecución política por parte del Camarlengo, quien desde su cargo usa guantes de seda para los amigos del establecimiento corrupto, y dirige todo su veneno contra los opositores, que no comulgan con sus ideas clasistas, excluyentes y despóticas?” Arguye Arroyo Otero que, “mientras Álvaro Cruz, gobernador de Cundinamarca, se dio el lujo de gobernar por decisión propia hasta el 18 de agosto de 2015, en virtud a su renuncia voluntaria para enfrentar el proceso penal que se avecina en su contra por el escándalo del “carrusel de la contratación”, nadie se explica ¿cómo el Procurador desde que estalló el escándalo hace más de cuatro años con nombres propios, se abstuvo de abrirle pliego de cargos? A Gustavo Petro en ese mismo lapso le ha abierto proceso disciplinario en dos oportunidades, con destitución e inhabilidad por 15 años. ¿Quién entiende eso?”, se pregunta este abogado.

Las constantes acciones del contralor capitalino, del personero  de Bogotá y del procurador general de la nación contra el alcalde Gustavo Petro y sus funcionarios; esto por no traer a colación las intervenciones de altos funcionarios del gobierno nacional en los temas bogotanos, muestran, como lo sostiene Jairo Mendoza, la disposición de aquellos que tiene el poder disciplinario dentro del Estado “de atemorizar a todos los funcionarios y servidores públicos”, con los que no concuerdan ideológicamente. Es esto lo que nos lleva a considerar que el acoso permanente, al que ha sido sometido el gobierno Petro desde las instancias de control del Estado, parece haberse convertido en una pelea política, en la que han tirado trompada hasta los árbitros del combate.

El trato de los medios al gobierno Petro: ¿fiscalización de los actos del gobernante o defensa desde la deriva ideológica de intereses creados?

La hostilidad de los medios hacia al gobierno de Petro ha llevado a algunos analistas y al mismo mandatario a sugerir la hipótesis de la configuración de una matriz informativa, de orientación negativa, para restarle visibilidad a las noticias positivas producidas por su gobierno y exagerar aquellas de carácter negativo. En ese sentido, tal como lo anotó Nicolás Barbosa López, sobre el gobierno Petro, los medios han construido un doble racero para evaluar sus acciones.

De la misma opinión parece ser Juan Fernando Giraldo y Carolina Montealegre. Luego de analizar las columnas de opinión publicadas entre el 1° de mayo y el 7 de julio de 2012 en los principales medios bogotanos sobre el alcalde Petro, Giraldo y Montealegre concluyeron que los “líderes de opinión son más duros con Petro que las encuestas”. Según estos analistas durante el periodo estudiado, “los líderes de opinión expresaron en sus columnas un 74,92% de posiciones desfavorables hacia al alcalde, 19,5% favorables y 6,5% ambiguas”. Sostiene Giraldo y Montealegre que el tratamiento que los medios le dan a las noticias relacionadas con un gobierno tiene una importancia fundamental en la manera como la opinión pública lo percibe, porque los “líderes de opinión movilizan las opiniones de los ciudadanos a través de los medios masivos de comunicación, las deliberaciones formales y las conversaciones informales”. De ese modo la élite social instala en la “población subalterna” su concepción del destino de la sociedad. En tal sentido, si los líderes de opinión continúan destruyendo la imagen del alcalde y desconociendo sus logros, resulta muy difícil que éste “logre repuntar una imagen favorable en la opinión ciudadana”.

Sobre este particular, el bloguero Wladimir Uscátegui anota que “pocos gobiernos en el mundo habrá más cuestionados, debatidos e incluso saboteados que el del actual alcalde de Bogotá, Gustavo Petro”. Para Uscátegui “esos cuestionamientos obedecen a las denominadas matrices de opinión creadas por los grandes emporios de la comunicación (propiedad, como se sabe, de los grandes magnates)”. De ese modo, advierte este bloguero, se abren “debates” orientados a visibilizar u ocultar, de manera cuidadosa, “las ambiciones por el poder territorial”, que “develan también una cierta lucha ideológica que va más allá de las simples y siempre equívocas denominaciones partidistas”. Es dentro de ese contexto que se ha montado un dispositivo informativo, alimentado por “la opinión según la cual el gobierno de Petro ha sido un fracaso”. Hoy dicha tendencia de opinión ha tomado tanta “fuerza, hasta el punto de que” Uscátegui  mismo dice estar “dispuesto a compartirla” si se la exponen de sopetón.

Para ilustrar la opinión de Uscátegui traemos a colación dos artículos, repescados en El Espectador  y El Tiempo, encaminados a presentar el gobierno Petro como un completo fracaso. El fracaso de Petro”, columna del economista Salomón Kalmanovitz, es una nota en la que el autor critica las medidas de la administración Petro en materia de movilidad. Basado en eso concluye que la “alcaldía de Petro consolida el fracaso de la izquierda en la administración de Bogotá”. Paradójicamente, Enrique Peñalosa, uno de los contradictores más encarnizados del alcalde Petro, quien es reconocido como experto en temas urbanos por propios y extraños, sostuvo un mes más tarde que de ser elegido alcalde conservaría muchas de las medidas de Petro en el campo de la movilidad. En el portal Pulzo se retoma la opinión de Kalmanovitz y se concluye, sin mediar ningún análisis, que “Petro es el fracaso de la izquierda en Bogotá”. Por su parte  Lucy Nieto de Samper, mas con la intención de desviar la atención pública sobre un premio otorgado a Petro en Londres y una postulación como mejor alcalde de América Latina, que le hicieran en México, armó una lista de problemáticas de la ciudad y la tituló “Los fracasos de Petro”.

Sobre el tema de la matriz de opinión implementada contra Petro, el analista Mario López sostiene que esa matriz informativa se evidencia a través de un patrón bien claro. Éste consiste en descalificar “de entrada cualquier iniciativa” del alcalde, “por elemental que esta sea”, amén de exigirle “solución inmediata a problemas que arrastra la ciudad desde hace varios lustros”. Dentro de esa lógica, cuando los medios “quieren editorializar” sobre cualquier tema relacionado con el gobierno Petro o la ciudad, lo hacen usando de manera permanente “el famoso ‘los expertos dicen que’”. Acto seguido, traen a colación los “testimonios de visibles opositores y enemigos políticos, muchos de ellos comprometidos con el carrusel de la contratación y titulan siempre por la negativa”.

Un ejemplo concertó de “titulación por la negativa” lo encontramos en el informe de El Tiempo sobre la lista mundial de las mejores 140 urbes del mundo para vivir. Para ligar el hecho de manera sutil con la política local, el periódico titula “Bogotá solo les gana a Guatemala y Caracas en calidad de vida”. De manera deliberada se pasa por alto que en el informe no se menciona a otras capitales nacionales de países de América Latina, como San Salvador, Managua, Brasilia, Tegucigalpa, Puerto Príncipe, La Paz, Santo Domingo y La Habana. Esto sin contar una de las ciudades emblemáticas y más populosas del continente: Río de Janeiro.

El titular de El Tiempo generó un importante flujo de comentarios en la página Facebook del diario.  Al leer dicho informe algunos comentaristas, como Juan Camilo Lee Penagos resaltaron un hecho: “evidentemente el titular está sesgado”. Esto se debe a que a través de él se esconde un asunto concreto: Bogotá “es la ciudad que más ha mejorado en los últimos años” en todos los indicadores evaluados por los realizadores del informe. En la misma dirección ahonda Jaime Eduardo Rodríguez. Para desvirtuar los comentarios de César Rincón Martínez, quien culpa a Petro por el hecho de que Bogotá solo haya superado a Caracas y Ciudad de Guatemala en dicho escalafón, Rodríguez advierte que a la hora de evaluar dicho resultados no hay que dejarse “llevar por los titulares” de los medios. Si se mira bien, advierte este comentarista, “hay una tabla de ese mismo estudio que muestra los cambios en la puntuación de las 140 ciudades de 2009 a 2014”. Durante ese lapso la “ciudad que más puntos subió” en dicho grupo, “aunque no lo digan en el titular” de El Tiempo, “fue Bogotá”.

Foto: Captura de pantalla / El Tiempo

Foto: Captura de pantalla / El Tiempo

Finalmente, El Tiempo volvió a titular sobre el mismo informe: “La inseguridad rajó a Bogotá en medición mundial de calidad de vida”. El reporte del tiempo sostiene que “a Bogotá no le va bien”, pues “solo está por encima de 31 ciudades que son las peores en calidad de vida”. Concluyen en el periódico que a la ciudad “no le va bien no porque no tenga cosas que destacar, como su oferta cultural, sino porque en temas de seguridad salió mal calificada”. Frente a las conclusiones de El Tiempo, uno no puede dejar de preguntarse ¿cómo se exige que Bogotá obtenga calificativos excelentes en seguridad, si Colombia: así lo informó El País de Cali, se clasificó en 2014 en el top de los 10 países más violentos del mundo, según el escalafón de la Organización Mundial de la Salud? ¿No es de suponer que las autoridades de Bogotá:  la ciudad más poblada del país, están haciendo su tarea en materia de seguridad si se tiene en cuenta que Cali, Medellín, Cúcuta, Pereira y Palmira (los alcaldes de la tres primera integran el pódium de los mejores alcaldes del país, en el que no se encuentra el alcalde bogotano), han hecho parte en los últimos cuatro años del grupo de las 50 ciudades más violentas y peligrosas del mundo, a pesar de ser ciudades que están expuestas a un flujo menor de público y tienen una población más homogénea?

Analizando el ataque desmedido que se ejerce sobre la administración Petro desde los medios, Joaquín Robles Zabala sostiene que frente al gobierno de Gustavo Petro, la prensa se ha comportado como “una piña bajo el brazo”. Para Robles Zabala la antipatía hacia al mandatario capitalino es evidente en especial en el canal privado RCN. Allí, las figuras más prominentes del equipo de trabajo no esconden su animadversión hacia Petro “y casi nunca pierden oportunidad” para mostrar aquello, que ellos consideran como lunares de su administración. Esa misma impresión tiene Carmen Palencia. En una de sus columnas en El Espectador, esta curtida dirigente social sostiene que en materia de medios, los ataques contra el mandatario capitalino han sido una constante desde que asumió su mandato. Según ella, “caerle con toda al alcalde de Bogotá Gustavo Petro parece ser el deporte nacional” más popular de los últimos tiempos. Por eso son pocos los aplausos que Petro recibe en los medios por sus aciertos al frente de la alcaldía. Al contrario, el alcalde recibe cotidianamente “el suficiente garrote como para acabar vivo con cualquier político que como el burgomaestre, tiene un proyecto de país, distinto al que ha venido desarrollándose en Colombia y que ha favorecido a unos pocos y maltratado a muchos”.

Sobre el tratamiento que los medios le han dado al gobierno Petro, el analista Jorge Iván Cuervo advirtió en El Espectador que –si bien es cierto que muchas de las cosas que se dicen sobre Petro en los medios son verdad-, “algunos medios han perdido el equilibrio y han optado directamente por tomar partido en contra de Petro. Medios con periodistas con conflictos de interés por tener relaciones afectivas o de amistad con empresarios que han sido afectados con las decisiones del alcalde han renunciado a informar con serenidad y objetividad, haciendo de la noticia un constante editorial contra el alcalde”. Cuervo cita como ejemplo la carátula de la revista Semana (edicion1655) en la que, en tono agitador, se le grita al alcalde: ¡No más balcón!, y se le critica por haber “puesto en marcha una maquinaria jurídica de proporciones nunca antes vistas para neutralizar la destitución que le impuso la Procuraduría”. Igualmente resalta el caso de Darío Arismendi, director de noticias de Caracol Radio, donde los “editoriales- diatriba” contra el alcalde han sido la “constante”.

Los elementos señalado por Cuervo nos remiten al punto de vista del analista mediático Germán Ayala Osorio, para quien frente a la administración Petro los medios se han comportado como “actores políticos”. De este modo han contribuido, a través de “tratamientos periodístico-noticiosos”, a una “polarización política e ideológica”, que busca diezmar la legitimidad del mandatario capitalino –y por esa vía su gobernabilidad-, lo cual les permite de garantizar los intereses de “los conglomerados económicos”, a los que pertenecen “como empresas” informativas “los medios masivos” más importantes de Colombia.

Según Ayala Osorio, ese enfrentamiento es apena el eco de una pelea ideológica de mayor calado y alcance: la pelea entre los partidarios de un modelo de Estado austero, mínimo y débil, que favorezca la privatización de lo público, y los seguidores de un “Estado fuerte, responsable y capaz de cumplir con las obligaciones que le impone la nomenclatura constitucional Estado Social de Derecho”. Una opinión parecida tiene Wladimir Uscátegui, para quien en Bogotá se está llevando a cabo la confrontación entre dos modelos económicos y sociales bien delimitados y opuestos. El primero, el denominado “desarrollo a escala humana” (como lo denominó el Nobel alternativo Manfred Max-Neef) o “desarrollo sostenible”, [que] pone el énfasis en, huelga decirlo, el componente humano (es decir, la gente) y tiene como meta el aumento de la “calidad de vida” de esa gente (amén de una consideración sobre el impacto ecológico); el segundo, en cambio, pone énfasis en lo monetario y mide esencialmente el “ingreso”, sea per cápita o nacional”.

En síntesis, y partiendo de lo dicho por Ayala Osorio y Uscátegui, podría decirse que durante el mandato del alcalde Petro, los bogotanos han asistido a una batalla ideológica de talla mayor, entre dos maneras distintas de concebir el Estado y su administración. En la arena se están enfrentando dos maneras diferentes de percibir las políticas públicas, que la municipalidad debe implementar para cumplir su función social. Esto explica, según John Mario Gonzáles, porque los ataques viscerales contra Petro provienen de aquellos sectores que han perdido “cautivos y jugosos negocios en la capital”. Hoy esos sectores sienten “nerviosismo […] con las decisiones de Petro”.  Sus críticas no responden “a una auténtica preocupación por la efectividad de las políticas públicas” implantadas por el alcalde. Se fundamentan más que todo en prejuicios ideológicos, que alimentan preocupaciones “por la trascendencia nacional que la primera administración de auténtica izquierda en Colombia pueda tener”. Por eso, “para distorsionar la realidad” han decidido montar una campaña de desprestigio contra Petro, “sin escatimar en acusaciones temerarias”, con las que buscan “una especie de linchamiento” político del mandatario bogotano.

Un testimonio fidedigno, que nos transmite el eco de esa batalla ideológica, nos los dio Luis Carlos Sarmiento Angulo, el hombre más rico del país, dueño de una gran porción del sector financiero y propietario de El Tiempo, el diario más importante de Colombia. En entrevista concedida a Caracol, Sarmiento manifestó que “Bogotá está en su peor época”. Sobre el punto de vista de Sarmiento, el alcalde sostuvo que no entiende cómo el hombre más rico del país pueda considerar que Bogotá pasa por su peor momento, sin reparar que en los últimos tres años medio millón de personas han salido de la pobreza en la ciudad.

Ataques contra Petro: una antesala de la pelea por la presidencia en 2018

Luego de revisar columnas de opinión, reportajes de prensa, entrevistas a personalidades políticas y declaraciones de analistas políticos, comentarios de lectores de periódicos y debates de individuos comunes y corrientes en redes sociales, se advierte que la pugnacidad con la que la clase política tradicional ha actuado frente al gobierno del alcalde Gustavo Petro y la actitud beligerante, que han asumido sectores bien concretos de los medios de información frente al gobernante progresista, tienen propósitos políticos bien definidos: evitar que Gustavo Petro llegue con posibilidades reales de ser elegido a los comicios por la presidencia de la República en 2018.

Tres aspectos quedan claro cuando se hace un balance somero de dichos comportamientos. De un lado hay sectores ultraconservadores, que ven en el ascenso de Petro una amenaza a la continuidad del estatus quo en el largo término. Eso se advierte en la columna “El otro Bogotazo”, del vallecaucano Mario Fernando Prado. El temor de Prado es que, de seguir teniendo vigencia política luego de su paso por la alcaldía de Bogotá, Petro empodere a nivel nacional a esa “turba enardecida”, que aún no olvida los incidentes del “9 de abril” de 1948. Para los que ven las cosas a través de los ojos de Prado, esa “turba” parece haber  encontrado en Petro a un “líder y héroe”, que le recuerda “a Gaitán”. En síntesis, para aquellos que piensan como este columnista, más que “otro Bogotazo”, lo aterrador seria que se reviva en el país la atmósfera política que precedió al asesinato de Gaitán, cuando la “turba enardecida” encontró un “caudillo” que la guiaba con un discurso claro.

Foto: Captura de pantalla / El Espectador

Foto: Captura de pantalla / El Espectador

De otro lado están los sectores que resultaron damnificados políticamente con los escándalos de la parapolítica y el carrusel. Estos  temen que Petro sea reconocido por haber hecho “un buen gobierno” en la capital “y que puede llegar aún más arriba”, convertirse en presidente de la República y desde allí continúe dando las luchas, que dio en el congreso y que ha dado en la alcaldía de Bogotá contra las mafias de toda suerte, que imperan en la capital colombiana.

Finalmente está los eventuales competidores de Petro, en una probable campaña por la presidencia en 2018. Estos sectores tienen dos campos de acción. Por un lado los intelectuales de estos grupos desvirtúan el trabajo de Petro en la alcaldía. Esto se puede apreciar en artículos como los de Luis Carvajal Basto, Alejando Gaviria o Carlos Castillo Cardona. Alli se presenta al gobierno de Petro como un gobierno que no le dejará a la ciudad ningún saldo positivo.

En el otro campo están las acciones que despliegan sus adversarios desde los cargos públicos para librarse de un competidor aguerrido en las presidenciales. Este punto mejor no lo pudo resumir el secretario de planeación de Bogotá, Gerardo Ardila. Para él, los obstáculos que se le han colocado al gobierno de Petro desde la Procuraduría, algunas superintendencias, el Ministerio de Vivienda y el consejo capitalino, ponen en evidencia una estrategia concreta por parte de quienes “quieren participar en la próxima contienda por la presidencia”. Ésta cosiste en impedir que el alcalde Petro pueda “estar allí”. Según Ardila esto es particularmente visible en el comportamiento del procurador Alejandro Ordoñez y el vicepresidente Germán Vargas Lleras.

Por su lado Guillermo Alfonso Jaramillo, quien durante la agitación contra la destitución fungió siempre como cabeza de la defensa del alcalde en la lucha por la restitución al cargo, afirma que un sector de la “clase política tradicional” se ha dedicado “desde el comienzo a tratar de sacar” a Petro del poder, porque se dio cuenta que hay un gran sector del país que lo quiere de presidente.