jueves, 3 de septiembre de 2015

Alan

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Mamá en Montreal Portada
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Foto: Captura de pantalla / Twitter -

Foto: Captura de pantalla / Twitter – @porliniers

Él podría estar ahí. En el parque, jugando con mi hija. Llenándose las manos de arena, inventando subir al tobogán por el lado por el que se baja. Su mamá podría estar diciéndole que no, que por ahí se baja, no se sube. Que debe aprender a compartir, a esperar su turno. Yo podría estar preguntándole a ella el típico “¿qué edad tiene?”. Ella podría responder “il a trois ans” sonriendo. Después, quién sabe cómo, podríamos terminar hablando de cómo llegamos las dos aquí. Yo le habría dicho “Venezuela”. Ella habría dicho Siria y yo hubiera hecho un enorme esfuerzo por disimular el sentimiento que oír eso me produciría, asintiendo. Tal vez le hubiera preguntado cómo se siente aquí… Tal vez me hubiera quedado callada, mirando a los niños. Quién sabe…

Hace unos días leí una nota que empezaba parecido a esta, en un diario español. Creo que fue ayer, pero no lo recuerdo exactamente. Porque todo pasa tan rápido y te vas enterando de los detalles con tanta velocidad, que ya no sabes nada con precisión. Porque tu cabeza y tus vísceras se han retorcido demasiado en torno a esta historia, que te tiene el alma apretada en un rincón. Porque te has preguntado mil cosas desde que viste esa foto. Esa imagen terrible en la que un niño pequeño, no demasiado mayor que tu hija, está ahí, tirado en la playa.

Cuando leí esa nota no sabía lo que ahora sé. Que la familia de ese nene pidió asilo en Canadá, el mismo país en el que yo vivo ahora. Entonces hubo esperanza. Pero se los negaron. Y ahora lo que hay es esto. Una imagen de un niñito tirado en la playa. La desolación. El horror. La nada. No hay nada.

Esa imagen se me va a quedar ahí, como se me han quedado tantas otras que he visto. Algunas que se produjeron antes de que yo naciera. Otras que se han ido generando durante los 40 años que llevo en este planeta. Esa imagen se va a quedar en mis archivos personales. De vez en cuando me va a despertar por las noches y me va a recordar que lo terrible y desalmado que puede ser este mundo.

Esa imagen que algunos han criticado que haya circulado, pero que yo prefiero haber visto y seguir viendo en mi cabeza, aunque me produzca este dolor. Porque esa imagen habla de lo que no hemos hecho. De la mentira repetida no mil, sino millones de veces en la que seguimos viviendo.

Sé que en algún lugar de este país debe haber al menos una persona que sabe lo que pudo haber hecho y no hizo. No tengo idea de cómo se pueda sentir ahora mismo. Pensará que estaba haciendo su trabajo. A lo mejor trató de hacer más y no le fue posible. A lo mejor no vio la familia y la historia detrás del caso, sino sólo el expediente, la carpeta amarilla apilada entre las muchas que debe tramitar, de 8 a 5, todos los días, en ese escritorio anodino. A lo mejor ve ahora lo que entonces no vio o no pudo ver. Pero ya es tarde.

Como mamá, inmigrante, que vino a este país buscando una vida que no podía tener en otra parte, no puedo evitar pensar en esto.

¿Qué pude haber hecho yo para que esa imagen no se produjera? ¿Qué pudiste haber hecho tú? ¿Qué fue lo que no hicimos? ¿Qué es lo que no estamos haciendo justo ahora?

Actualización: Tras varias idas y vueltas de la noticia, supimos finalmente que la familia de Abdulah Kurdi, el papá de Alan, no llegó a introducir su demanda de asilo. No lo hicieron porque la solicitud de Mohammad, un hermano de Abdullah, había sido previamente rechazada por las autoridades canadienses porque “estaba incompleta”, según ha señalado el Ministerio de Inmigración Canadiense en un comunicado.

Nunca tendrá sentido desear que la muerte de un niño no sea en vano. Eso no existe. La muerte de un niño es una cuota absurda, algo que simplemente no debería pasar.

Pero una cosa es cierta. Hace unos días, las noticias de los refugiados y los migrantes de las zonas en conflicto captaba la atención de los medios, pero muchos se atrevían a no leerlas, a pasar esa página. Hoy, con el dolor que nos ha producido esta tragedia, tiene que ser diferente. Todos tenemos que saber y pensar en esto. Todos debemos hacernos cargo. Por Alan y todos los niños que mueren todos los días sin ser captados por el lente de ningún medio.

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