lunes, 19 de octubre de 2015

Stephen Harper renuncia al liderazgo del Partido Conservador de Canadá

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Foto: Facebook / Stephen Harper

Foto: Facebook / Stephen Harper

Si tiene nueve años o menos en Canadá ha visto su cara casi a diario en algún medio de comunicación. Desde el año 2006, dos después de haberse convertido en líder del -entonces nuevo- Partido Conservador de Canadá, Stephen Harper fue el primer ministro de la décima economía del mundo (según el FMI). Pero hoy, a casi una década de estar en el poder, le toca decir adiós, al menos al liderazgo del partido. Una renuncia que se prevé anuncie próximamente.

Luego de conocerse que el Partido Liberal de Canadá resultó victorioso en estas elecciones federales, el presidente del Partido Conservador anunció que realizará un encuentro para nombrar un líder interino, a pesar de que el propio Harper no anunció su renuncia al liderazgo cuando se dirigió a los militantes.

Según The Canadian Press, Harper seguirá ocupando su curul en el Parlamento canadiense.

Stephen Harper es torontés de nacimiento, ciudad donde pasó sus primeros años y se graduó de secundaria, viviendo allí sus primeras experiencias en el mundo de la política. Pero en 1978 optó por el oeste canadiense para trabajar en la industria petrolera. Fue en la Universidad de Calgary donde obtuvo su licenciatura (1985) y su máster en Economía (1991), alma mater con la que mantiene una gran cercanía.

Siendo adolescente militó como liberal llegando a ser parte del ala juvenil de esa tolda política, llamada Young Liberals of Canada, pero el Programa de Energía Nacional de Pierre-Elliott Trudeau, padre del nuevo primer ministro, le hizo cambiar de perspectiva, uniéndose más bien a las filas progresistas. La ilusión allí también le duró poco, pues no estuvo de acuerdo con las políticas fiscales del entonces gobernante, Brian Mulroney.

Diciéndose decepcionado de ambas toldas políticas, Harper se suma al entonces Partido Reformista de Canadá -origen del Partido Conservador-. En éste  logra ir ascendiendo, promoviéndolo más allá del oeste canadiense, hasta convertirse en director de política. En 1988 se candidateó como parlamentario por Calgary West, pero perdió. Posteriormente se convirtió en el asistente ejecutivo de la parlamentaria Deb Grey, siendo su asesor jefe y su escritor de discursos.

Nuevas discrepancias lo hacen renunciar al cargo de director político, pero esto no impidió que fuera nuevamente candidato. En 1993, vence al parlamentario que se presentó para su reelección y llega así a la Cámara de los Comunes del Parlamento canadiense. En esos cuatro años como MP, Harper va logrando más prominencia dentro del partido, prometiendo y abogando por una mayor descentralización, punto que veía necesario para la modernización del país.

Al tiempo que abogaba por la descentralización Harper expresaba sus visiones conservadores sobre puntos que caracterizan el progreso alcanzado por Canadá. Por ejemplo, en 1994 se opuso a a los planes del entonces ministro de Justicia federal de dar beneficios a las parejas del mismo sexo, sin dejar de mencionar que también se pronunció en contra de los matrimonios homosexuales.

A pesar de visiones alineadas, Harper tuvo una relación tensa con su partido. Lo criticaba en público y sus relaciones con el creador de la tolda, Preston Manning, se fueron fracturando progresivamente.

La tensión cedió finalmente en 1996 cuando el entonces MP anunció que no sería candidato para las próximas elecciones federales. Y así fue. En su tiempo fuera del Parlamento, entre 1997 y 2000, Harper  fungió como vicepresidente y presidente de la National Citizens Coalition, un grupo  que hace lobby y campañas con agendas conservadoras.

Entre el año 2000 y el 2004, los conservadores canadienses vivieron tiempos de poca estabilidad. Fueron años en los que Harper habló abiertamente sobre su oposición al estatus especial de Quebec y prometió que el Canadian Alliance sería la opción federalista para la Belle Province.

En 2002 se convirtió en líder de la oposición oficial en Ottawa y dos años más tarde renunció a ese cargo para lanzarse en la carrera al liderazgo del Partido Conservador de Canadá. El liderazgo lo obtuvo y ese mismo año se debió medir con el líder de los liberales, Paul Martin, quien finalmente fue reelecto, pero con un gobierno minoritario. A pesar de la derrota Harper decidió seguir siendo el líder del partido, con el crédito que logró dar cierta estabilidad a los conservadores, uniendo al partido reformista y a la alianza canadiense.

Rumores de querer formar un gobierno de coalición junto con el NPD de Jack Layton y con el Bloc Québécois de Gilles Duceppe, para dejar a un lado a Paul Martin, rodearon el desempeño político de Harper en los años siguientes y, a pesar de la derrota vivida, los mismos conservadores dieron nuevamente un voto de aprobación para el líder de su partido. Mientras tanto, los escándalos en los que los liberales se vieron involucrados favorecieron en las intenciones de voto a los conservadores, llevando a Harper a asegurar que la tolda roja había «perdido la moral para gobernar».  Una moción de no confianza introducida por el propio Harper fue aprobada y ésta se convierte en la primera vez de la historia de Canadá en la que la oposición oficial logra sacar a un gobierno a través de esta herramienta.

Las elecciones federales fueron celebradas ese mismo año y Harper resultó victorioso, pero con un gobierno minoritario. Vinieron los años de tambaleo y crisis económica y aunque Canadá cayó en recesión, con todas las consecuencias que esto conlleva, fue junto con Australia uno de los primeros países en recuperarse.

En 2008 el mismo Harper pidió al gobernador general de entonces prorrogar el Parlamento, de tal manera de evitar un voto de confianza. La petición tuvo luz verde y así ocurrió hasta 2009. En 2010 el gobierno de Harper nuevamente pidió prorroga, argumentando en esta oportunidad la necesidad de tal medida para garantizar el desarrollo de su plan económico. En 2011 el gobierno de Harper no superó un voto de no confianza por lo que el Parlamento debió ser disuelto y unas nuevas elecciones federales fueron convocadas.  Pero, en lugar de ser derrotado, Harper llevó a los conservadores a un tercera victoria consecutiva, algo que no ocurría para un partido de derecha en 50 años.  No sólo Harper resultó electo nuevamente como primer ministro, sino que su gobierno fue desde entonces mayoritario, lo que permitió durante estos cuatro años pasar y aprobar polémicas leyes sin tener un freno de parte de la oposición.

Harper ha sido acusado a lo largo de estos años de querer centralizar el poder en Canadá. Otros lo acusan de querer instaurar en el país una cultura de guerra o de miedo similar a la que se vive al sur de la frontera, mientras otros tanto indican que Harper ha abogado por bajar impuestos a los más pudientes, castigando a la clase media. Sin dejar de mencionar, claro está, los escándalos del Senado en los que se ha visto envuelto, así como las políticas antimigratorias que generan el rechazo de comunidades neocanadienses.

Los analistas hablaron de un voto castigo para Harper. El propio líder del NPD, Thomas Mulcair, reconoció con humildad la victoria de Justin Trudeau y los liberales, aseverando que «los canadienses decidieron dar la espalda a Stephen Harper para obtener un cambio».