miércoles, 21 de octubre de 2015

Por eso vivimos en democracia en Canadá

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Elecciones Canadá Elections

Foto: Elections Canada

Este año he participado en dos elecciones en Canadá. Provincial, en Alberta, el pasado 5 de mayo (por cierto, día de mi cumpleaños), y federal, ayer.

En ambos casos los electores votaron en contra y no a favor.

En Alberta querían acabar con 44 años de arrogancia y prepotencia del partido provincial Progresista Conservador, por lo que eligieron a la candidata del NDP. Así me lo han manifestado muchos amigos.

Ayer, contra casi 10 años de gobierno de Stephen Harper, según ellos, por dividir a la sociedad canadiense y crear ciudadanos de segunda clase pero con argumentos débiles sobre el manejo de la economía en momentos críticos a nivel global y en temas de política exterior. Escogieron al más cómodo y menos complicado, Justin Trudeau.

¿No me creen? Revisen las campañas desarrolladas las últimas dos, tres semanas en Canadá sobre el «voto estratégico», «voto inteligente», en los medios y las redes sociales.

No lo critico.

En principio, la gente vota según sus intereses. Sin embargo, he aprendido -gracias a un amigo- que las decisiones del electorado no necesariamente son correctas y dependen de los intereses, del juego de poder, del momento.

Afortunadamente, hasta ayer, siempre he votado por quien consideró debe ser gobernante y no en contra de alguien.

No voy a cambiar porque las ideas y los principios que me motivan en política están por encima de las circunstancias del momento. Así he sido toda mi vida.

Pero, a pesar de todo lo anterior, quiero ilustrar lo hermoso que es ser ciudadano de un país en donde la democracia y sus instituciones funcionan.

El proceso electoral fue totalmente civil. No hubo intervención, en ningún momento, de las fuerzas armadas. Los únicos momentos en los que vi algún tipo de fuerza, fue la policial,  de la Policía Montada del Canadá, y ocurrió cuando vi el anillo de seguridad del primer ministro saliente. Unos minutos más tarde, el anillo de seguridad del primer ministro electo

¿Contento con el resultado?

Por supuesto que no.

¿Contento con el proceso?

Por supuesto que sí.

Por eso vivimos en democracia.