jueves, 12 de noviembre de 2015

Pequeña historia para los que nos hemos ido (o nos queremos ir)

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Familias Multibandera Portada
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Foto: Flicrk / Sergio Pani (CC)

Foto: Flicrk / Sergio Pani (CC)

Ella no quería vivir más en esa ciudad. En esa enorme urbe enloquecida. En aquella ciudad llena de gente donde ella se sentía tan sola.

El miedo la invadía todas las mañanas pensando si sería hoy el día en que me toca que me asalten, pensando desde la mañana que hay que poner la bolsa abajo del sillón del coche; que hay que bajar el seguro, que hay que estar pendientes. Recordando aquel par de experiencias donde los amantes de lo ajeno habían cruzado su camino. Nunca le hicieron daño. Pero eso le hizo aprender que había que ser cautelosos.

Ella estaba cansada de vivir esto todos los días y, encima, dejar por la noche una bata y unos zapatos por si tiembla. Pensar en no bloquear el camino a la puerta, tener todo lo necesario por si tengo que salir corriendo en la noche.

El terremoto en México en el 85 no la dejó indiferente. Tenía 12 años. Aquella mañana, al salir de casa, nadie imaginaba lo que había pasado. La llevaron a la escuela como todos los días. Cuando regresaron por ella, unas cuantas horas después, ella supo que algo estaba mal. Ella no lo sabía, pero su amigo, el miedo, había llegado a su vida.

En realidad a ella no le pasó nada ese día -ni nadie de su familia-,  pero no fue lo que pasó lo que le afectó, fue lo que pensó de lo que pasó lo que hizo que su amigo el miedo se fuera instalando.  Fue lo que pensaba que podía pasar por las noches al mirar a través de su ventana y tener que dormir sin ver llegar a su papá.

Si alguien le hubiese dicho que los pensamientos son solo eso, pensamientos, y no realidades… Si alguien le hubiese enseñado a vivir en el presente…

Tal vez ella no hubiese creado ese miedo y esa sensación desagradable que le molestaba todos los días por la mañana cuando se levantaba en su ciudad… ese sentimiento que se convirtió en urgencia por irse de ahí.

Hasta que lo logró… dejando atrás todo… todo lo que fuera con tal de irse… a vivir tranquila…

Ella no sabía el precio de esto, ni tampoco los regalos que esto le iba a traer; ella solo lo necesitaba; ella solo sabía que lo tenía que hacer.

Cuando nos vamos de nuestro país o de nuestra ciudad por una u otra razón tenemos una maravillosa sensación de libertad, de empezar de nuevo, es como una nueva oportunidad. Pero,  ¿qué pasa después?, ¿quiénes somos después de dar el paso?, ¿dónde queda nuestra familia, nuestras costumbres?, ¿dónde quedan nuestros miedos?, ¿cómo te relacionas con ello?, ¿estás en armonía?

¿Tienes dudas que resolver? ¿Tienes sentimientos encontrados? ¿Necesitas aclaraciones? Si tu respuesta es afirmativa a alguna de estas preguntas vale la pena que te tomes el tiempo de explorar.

Ana Elia López / Coach de latinos en el exterior

Aquí puede escuchar una entrevista de Iliana Bohème (Zona Creativa) a Ana Elia, a través de nuestros amigos de Ozónico.