domingo, 27 de diciembre de 2015

España votó por la inestabilidad

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Pedro Sánchez vs Mariano Rajoy / Youtube

Las encuestas lo anunciaban mucho antes que las votaciones, pero el electorado persistió, eligiendo la inestabilidad.

España es hoy un pandemónium político, apenas interrumpido por los resultados de la tradicional Lotería de Navidad, con su muy típica manera de anunciarse (cada número a medida que va saliendo de la máquina de la fortuna, es cantado largamente por dos niños) y con la misma Navidad, que ha dado una tregua a la beligerancia de los partidos que intervinieron en las elecciones parlamentarias del pasado 20 de diciembre.

¿Por qué la emprendo contra el sacrosanto electorado? Porque como bien sabemos es él quien tiene la primera y la última palabra, tanto en democracia como inclusive en dictadura.

Estamos acostumbrados a echar pestes contra los partidos políticos y sus representantes, echándoles la culpa de todo; y muchas veces con razón.  Pero, no debemos olvidar que ellos son el fruto de la voluntad popular, la cual a menudo elige a los menos aptos. Veamos un ejemplo actual: Un personaje como Donald Trump goza hoy en día de una gran popularidad en los Estados Unidos, utilizando como arma política, la ofensa, la burla y hasta los odios racistas y culturales. Pero Trump no hace más que interpretar a un sector de las masas. ¿Se imaginan a un tal payaso dirigiendo los destinos de la primera potencia del mundo? Todo es posible.

Pero volvamos a España. El pasado domingo resultó electo como primera mayoría el Partido Popular (PP), actualmente en el poder, pero con insuficiente mayoría como para formar gobierno por sí solo. Una situación insólita desde que se retornó a la democracia, en 1977. El PP obtuvo 123 escaños en el parlamento.

El segundo puesto lo obtuvo el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), con 90 diputados. El tercero, Podemos, el partido del polémico Pablo Iglesias, con 69 sitios; siguiéndole Ciudadanos con 40; ERC-CATSI, 9; DL, 8; PNV, 6; Unidad Popular, 2; EH Bildou, 2; y CCA-PNC, con un diputado. La mayoría requerida para formar gobierno es de 176 escaños (mayoría absoluta), que como queda dicho ningún partido lo alcanzó.

El escenario del domingo 20 también fue anunciado por algunos medios como el fin del bipartidismo, otros como la emergencia de una España joven y renovada, y otros conjeturaban que la tendencia ya no era izquierda y derecha, sino juventud y vejez. El resultado no fue el fin del bipartidismo (ya que los dos partidos tradicionales, PP y PSOE, sacaron 213 escaños, sobradamente superior que la mayoría absoluta), pero sí se registró la insurgencia de dos partidos jóvenes (Podemos y Ciudadanos), de orientaciones totalmente opuestas, pero que incluso juntos no logran el relevo generacional.

Sucede que terminados los escrutinios electorales, los partidos opositoras a Rajoy, en lugar de permitirle formar gobierno, como es lo razonable en torno a la fuerza ganadora, todos se opusieron a ello, sobrevaluando sus logros  y queriendo pescar el poder en río revuelto. Los mercados locales e internacionales reaccionaron con una bajada de sus valores y una elevación de la prima de riesgo país. Durante la semana, estos síntomas se tranquilizaron un tanto, pero la Unión Europea ha hecho llegar sus preocupaciones ante los numerosos compromisos de España ante la Troika europea.

Tras un rechazo inicial, el partido del joven Albert Rivera, Ciudadanos, decidiò  formar gobierno  con el PP, pero ambos no alcanzan la mayoría absoluta. En esta ecuación falta el PSOE, como segunda fuerza política, con lo cual quedaría sellada una alianza imbatible, con 253 parlamentarios.

Pero no será así. A Pedro Sánchez, líder del PSOE, le han saltado las ambiciones de poder. Cree posible llegar a ser presidente del Gobierno , apartando a Rajoy, y encabezando una endemoniada alianza con Podemos y el resto de los pequeños partidos regionales y de izquierda, y con la abierta oposición de algunos de los barones del partido que mañana lunes, podrían ponerle freno a su poder de formar alianzas.

El panorama que intenta fraguar Sánchez, me hizo recordar el infausto papel de Rafael Caldera, en 1994, en Venezuela. Sus ambiciones de poder del líder social cristiano lo hicieron olvidarse de sus principios y su prestigio de gran demócrata, pactando con Dios y con el Diablo, para encabezar una alianza que el vulgo ha dado en llamar “el chiripero”, por la cantidad y pluralidad de los partidos que los integraban. Caldera mal gobernó con “el chiripero”, entre los años 1994-1999, que fue el preludio de la gran noche que envolvería a Venezuela a partir del fin de ese período. Una larguísima noche, aún sin amanecer.

¿Se repetirá la historia en España?… A partir de mañana se comenzará a saber.

Madrid, diciembre 2015 – victor@noticiasmontreal.com