miércoles, 30 de diciembre de 2015

¿Por qué no cumplimos nuestras metas? 8 motivos

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Foto: Flickr – angietorres (CC)

En esta época del año es común hacer un análisis del pasado, revisar los planes del futuro y fijar nuevas metas.  Muchas de esas metas se logran en tiempo y forma, pero hay un cierto tipo de metas que se reciclan, posponen y replantean año con año sin llegar a término.

Estas metas se vuelven una carga más que un deseo o una motivación.  ¿Qué es lo que sucede en realidad? ¿Por qué cumplimos unas metas, pero otras no?  Te sorprenderá saber que la respuesta está en la meta misma, en cómo la planteamos.

A continuación encontrarás 8 posibles razones por las cuales no siempre se cumplen las metas:

  1. La meta no está planteada en forma positiva. Las metas deben ser algo que sí deseas lograr, no algo que deseas dejar de hacer.  Las metas como: “ya no quiero fumar” o “ya no quiero subir de peso” están planteadas en forma negativa y por lo tanto también la mente.  La mente es como un niño pequeño que va a desear hacer cosas atractivas, felices y placenteras así que hay que darle buenos motivos.  Esto nos lleva al punto 2.
  2. La meta no se acerca al placer, sino que se aleja del dolor. No es lo mismo alejarse de lo que uno no quiere, que acercarse a lo que uno más desea. Por lo tanto hay que plantear en la meta el objetivo final.  Por ejemplo, es más motivadora la meta de “verse más atractivo” que “dejar de comer comida poco sana”.  En otras palabras, hay que explicarle al cerebro para qué está trabajando y esos motivos deben ser buenos y convincentes.
  3. La meta no es algo que se quiere hacer, sino que se tiene qué hacer. Si el corazón no está en ello, la meta no se va a lograr.  Es común que a veces tengamos tareas que no deseamos, pero debemos cumplir. Por ejemplo, hacer un papeleo para declarar impuestos es necesario, pero tal vez nuestro corazón no está en ello.  La forma adecuada de replantear la meta es pensar en lo que se quiere lograr con ello. Una forma de expresar esta meta podría ser: “tener la consciencia tranquila después de haber cumplido con un deber cívico” o “liberar la mente de pendientes”.
  4. La meta es inalcanzable. Lo que puede hacer que una meta sea inalcanzable es el marco de tiempo que se le concede, el nivel de exigencia, los recursos disponibles para lograr la meta, la rigidez del proceso para cumplir la meta y los factores externos como la economía, el clima o la situación social. Por ello, las metas deben ser razonables y flexibles.  Por ejemplo, yo puedo tener la meta de correr 40 minutos diarios, pero tal vez hoy tuve un contratiempo o estoy más cansada de lo normal.  Si mi meta es rígida, entonces no voy a correr hoy porque no tengo 40 minutos disponibles, pero si soy flexible, tal vez corra 10 minutos, que son mejores que cero minutos.
  5. La ganancia de no cumplir la meta es más grande que la de sí cumplirla. Cada decisión implica una renuncia.  Si se opta por hacer ejercicio, se renuncia a horas de descanso, sueño o esparcimiento.  A éstas últimas se les llama “ganancia secundaria” y son cosas que ganamos cuando no cumplimos nuestras metas.  Las ganancias secundarias a veces son imperceptibles para la persona, porque está asociadas con miedos, inseguridades, creencias, etc. Por eso es importante balancear la meta y hacerla poderosa, para que sea más atractiva que la ganancia secundaria y para que no implique un sacrificio que no sea sostenible en el mediano o largo plazo.  Por ejemplo, se puede establecer la meta de hacer ejercicio 3 veces por semana, en lugar de diario, y así será más fácil de cumplir.  Siempre se puede empezar con metas pequeñas y luego ir aumentando el reto poco a poco.
  6. La meta no se puede medir. Algunas veces las metas son tan abiertas que uno no sabe cuándo las alcanzó.  Por ejemplo, la meta: “ser mejor deportista” es muy amplia y siempre se podrá ser mejor. ¿Cómo saber que se llegó al nivel deseado? Para mejorar ilimitadamente, se tendrán que hacer renuncias importantes después de cierto punto.  Tal vez la meta de “ser mejor deportista” después de cierto nivel implica renunciar a la vida familiar, a la vida social, al descanso o al trabajo.  Es importante saber a qué se quiere renunciar para lograr una meta.  Habrá metas que valgan todas las renuncias, pero otras que no.
  7. La meta es demasiado ambiciosa desde un inicio. Es importante dividir las metas en pasos alcanzables por dos motivos: primero para organizar mejor el proceso y segundo porque el logro de una meta, aunque sea pequeña, motiva a dar el siguiente paso. Es mejor acumular éxitos chiquitos, que frustrarse por no conseguir una meta gigante.
  8. La meta se persigue en un ambiente inadecuado. Algunas veces es necesario rodearse de personas y ambiente adecuados para facilitar el proceso. El hecho de hacer ejercicio con otros, aumenta el grado de compromiso –aunque sólo sea desde el punto de vista social- para cumplir la meta.  Al estar con personas que siguen una meta común, hace que el camino sea más agradable.

El mejor momento para establecer nuevas metas es cuando se logran las actuales.  A veces un pequeño cambio en la forma de enunciar nuestras metas puede impactar en los resultados.

Me encantaría escuchar de todos, cómo han logrado metas difíciles y qué recomiendan.

Quédate conmigo y permíteme seguir aprendiendo de ti.