lunes, 15 de febrero de 2016

Fuga de empresas de Quebec

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Entre Fronteras
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Rona QuebecFoto: Pablo A. Ortiz / Grupo NM

I.

En medio de la muy mediatizada controversia surgida a raíz de la fuga de jovencitas de sus hogares, o de centros de readaptación, para irse tras los malos pasos que les trazan las bandas callejeras o criminales, se agregó  en estos días otra fuga, la de Rona.

Nos referimos a la empresa afincada en Boucherville, en el área del Gran Montreal. Pero decir que se ha «ido», como lo expresan algunos personeros políticos, tal vez es exagerado. Rona sólo ha cambiado de dueño, ahora es de la estadounidense Lowe’s, la que ha prometido que no va a mudar la sede social, ni va a cerrar las 530 sucursales, ni botar a persona alguna, a causa de la adquisición. A pesar de ello, los más desconfiados dudan de este tipo de promesas que tienden a diluirse con el tiempo, y porque creen que igualmente las decisiones de Rona serán tomadas en Carolina del Norte, sede de Lowe’s. ¿Pero interesa realmente eso, para la economía de la provincia?

Una cosa parece segura, que Lowe’s realmente está interesada en el mercado local, y eso debería ser un punto a su favor. Ella ha hecho todo lo posible y hasta lo imposible para quedarse con Rona. De una parte han pagado un precio que luce exorbitante (24 dólares por acción, cuando su valor era de 11,77). Un precio basado en una rentabilidad en un lapso de cinco años, algo que el propio presidente (o expresidente ahora) de Rona, Robert Sawyer cree «difícil de proyectar para 5 años». De otro lado, Lowe’s habría agregado cierta presión, al cuerpo ejecutivo de Rona, como sugiere el periodista François Poulio, en un artículo en Les Affaires, bajo el título: «Rona, ha tenido miedo de un bluff de Lowe’s».  El bluff (o verdad), no lo sabremos, era que si no aceptaban la oferta iban a poner unas 20 o 30 sucursales Lowe’s en Quebec, para hacerles competencia. En este contexto, como lo reconoce también Sawyer, habría sido «la décroissance» para Rona. Lo que no sabemos es si Lowe’s va a cumplir la promesa de mantener la marca Rona o va implantar la suya en todos los locales de la empresa quebequense. De ser así, verdaderamente el pez grande se habrá comido al pequeño.

Ahora bien, en los momentos que estábamos redactando este artículo, la Asamblea nacional de Quebec reiniciaba sus sesiones, y uno de los primeros temas de discusión fue la compra de Rona. Los más fervientes críticos de la situación son los jefes de los partidos políticos Coalition Avenir Québec (CAQ), François Legault; del Parti Québécois (PQ), Pierre Karl Péladeau, y la portavoz de Québec Solidaire (QS), Françoise David. Ellos culpan al gobierno provincial por «no actuar» y dejar «que las empresas quebequenses se vayan de Quebec». Piden la intervención de la Caisse de dépôt et placement du Québec o de Investissement Québec.

Es verdad que no sólo en Quebec, sino en todo Canadá, la intervención del Estado en las empresas privadas es frecuente; lo hacen para salvar los empleos, pero en el trasfondo también para salvarles el pellejo. Esta modalidad habitualmente se pone en práctica con las grandes empresas. Las pequeñas tienen una infinidad de oficinas de ayuda financiera, pero a decir verdad numerosas de ellas terminan por resolverse solas. La lógica empleada es comprensible, las grandes empresas son las que individualmente emplean más número de gente, aunque en sumatoria sean las pequeñas y medianas empresas, las mayores empleadoras de mano de obra tanto en Quebec como en el resto de Canadá.

Esta suerte de intervención del Estado, debe, sin embargo, enredar las opiniones de los sociólogos o politólogos, que no alcanzan a bien definir si el modelo canadiense es un capitalismo de Estado, un socialismo capitalista, un intervencionismo, o cualquier otro ismo. Para mi gusto, encuentro que efectivamente el país tiene un sector empresarial demasiado «oligopolizado» (de oligopolio, pocos concurrentes) y demasiado protegido (o controlado, tal vez).

II.

Aprovechemos para recordar algunas «intervenciones», que han dado mucho que hablar en los medios de comunicación.

El pasado octubre del 2015, Investissement Québec, entidad financiera del Estado quebequense, se comprometió a inyectar 1,0 millardos de dólares americanos en la empresa montrealesa Bombardier, con el objeto de desarrollar y comercializar los aviones de la cSeries. Esa promesa de inversión se hizo a pesar que para el trimestre que cerró el 30 de septiembre, la empresa arrojaba una pérdida neta de 4,9 millardos de dólares estadounidenses. Ahora, que ya llegó el momento de desembolsar los dos tramos del dinero prometido, al gobierno provincial le tiembla el pulso para firmar la orden respectiva. Hay muchas alarmas sonando:

1) Insuficientes clientes reales, que demanden los aviones de la cSeries;

2) Las finanzas de la empresa no habrían mejorado gran cosa; y

3) El mutismo del gobierno federal de Ottawa, para responder a una demanda adicional de otro millardo que le habría hecho Bombardier, para el mismo sujeto. ¿Echará marcha atrás el gobierno? No creo, al final ambos gobierno -provincial y federal- terminarán apoyando a la empresa; hay muchos empleos en juego…

Aparte de esa promesa de ayuda que hoy está en veremos,  Bombardier consiguió tres semanas después otra ayuda; esta vez de la Caisse de dépôt et placement du Québec, que administra entre otros los fondos para el régimen de retiro de la población adulta. Dicha ayuda consiste en proveer 1,5 millardos de dólares estadounidenses a otra división de Bombardier, la ferroviaria. En ambos casos, las entidades públicas actúan no como prestamistas, sino como inversionistas, tomando parte de la propiedad de las empresas adquiridas.

Otro ejemplo: En el año 2000, la gigante Rogers Communications Inc, puso sus ojos en Vidéotron, empresa fundada en Montreal en 1964. Eso alarmó al mundo político y empresarial que lideraba los intereses quebequenses de entonces, y reaccionaron para impedir que Videotron «se fuera» a Toronto. Presentaron al director general de Videotron, André Chagnon, una oferta alternativa difícil de rechazar: 45 dólares por acción, en lugar de los 28,41 del competidor. Fue así como Videotron pasó a manos de Québecor, dirigida entonces por su propietario, Pierre Karl Peladeau, hoy líder del Parti Québécois. Para concretar la oferta se creó Québecor Média, y la operación se cerró en 4,9 millardos de dólares, repartidos así: Québecor colocó 1,7 millardos y la Caisse de dépôt et placement du Québec, 3,2 millardos de dólares USA.

Estaba previsto que la Caisse se retirase de la empresa una vez que recuperase su inversión, y algo más, me imagino. Pero, según leemos en un artículo de La Presse, del 25 de febrero del 2012, 11 años después de la transacción, todavía el valor de lo invertido andaba por los 2,3 millardos, a pesar del gran giro hacía el mundo multimedia y el fortalecimiento que significó para el grupo Québecor la adquisición de Vidéotron y su adicional grupo TVA. En el 2012, se realizó una operación financiera, mediante la cual la Caisse entregó una parte de sus acciones a cambio de obligaciones convertibles en acciones de Québecor, la casa madre. De este modo la propiedad de la Caisse en Québecor Média, quedó reducida del 45,3 % al 24,6 %, y se conserva así hasta hoy.

Lo anterior nos da pie para algunas reflexiones. 1) Es comprensible que la Caisse de dépôt et placement du Québec, que tiene la delicada misión de invertir los fondos de sus depositantes en operaciones seguras y rentables, se pregunte por qué no invertir en nuestras empresas locales para evitar que «se vayan de Quebec». Sin embargo, esta decisión, planteada en estos términos, es una decisión política y no necesariamente económica o financiera. Su precio a pagar puede ser muy alto, y tal vez irrecuperable, a pesar de las teóricas ganancias políticas. 2) ¿Qué pasaría si se desata una ola de compras, como muchos temen a causa de la debilidad del dólar canadiense?, pues no habría instituciones financieras suficientes para soportar  ese impacto. 3) A pesar de lo dicho, hoy en día hay industrias completas, entre ellas la aeronáutica, que vienen siendo sostenidas por los Estados, en distintos países. También hemos visto que las crisis económicas, cada vez más a menudo, obligan a los  Estados a intervenir para proteger la sobrevivencia del modelo económico y salvar los innumerables empleos. Una modalidad de solución que lamentablemente tiende a ser estructural y no circunstancial, como debía de ser.

III.

Pero volvamos al inicio. ¿Realmente se están fugando las empresas de Quebec? De ser así, ¿por qué se van?

Si consideramos los traslados de las sedes sociales de las empresas quebequenses hacia otras provincias o al exterior, las estadísticas demuestran que efectivamente Quebec ha perdido en este terreno, aunque no tanto como algunos lo suponen. Y su análisis depende de los períodos que se tomen.

Por ejemplo, hablando solamente de Montreal, en un artículo del Instituto Fraser, firmado por Hugh MacIntyre, se informa que de las 500 mayores empresas de Canadá -o sea  aquellas que generan las mayores riquezas brutas-, 96 tenían su sede social en Montreal en 1990.  Veintiún años después, en el 2011, solo existían 75, lo que representa una disminución del 21.9 %. Asimismo, comparando este número de sedes sociales en función de la población, estas representaban según el artículo, 2.9 por cada 100.000 habitantes de Montreal, en 1990, y para el 2012 ese índice era de 2.0 por cada 100.000 habitantes.

En otro informe del 2013 publicado por KPMG s.r.l./S.E.N.C.R.L., señala que de las 500 mayores empresas de Canadá en el 2001, 101 estaban en Quebec, y en el 2012, quedaban 96. Una pérdida de sólo cinco entidades, en cambio Ontario perdió en ese período 34 empresas o sedes sociales, para ser más precisos.

Finalmente otra información, tomada de Radio-Canada, y hablando de toda la provincia de Quebec y de todas las empresas, indicaba que en el 2012 la provincia tenía una tasa de 7.1 por 100.000 habitantes, mientras que Ontario se situaba en 8.4, y el promedio canadiense era de 8.1.

En resumen, hay pérdidas para la provincia, aunque quizás es exagerado hablar de fugas masivas. No obstante, algunas de ellas tal vez estén en estado de expectativa.

¿… Y por qué se van o por qué se irían?

Quizá por las mismas razones que tenemos todos los que emigramos: En busca de mejores oportunidades; o huyendo de un ambiente peligroso o no adecuado para nuestro desarrollo;  o porque  ciertos regímenes políticos nos asfixian y nos impiden avanzar; o simplemente porque somos tentados por alguna oferta interesante desde el exterior. El debate, en sí mismo es apasionado, y siempre quedará abierto. Algunos dirán que Quebec es una de las provincias con menos libertades económicas, como lo señala el estudio titulado Economic Freedom of North America 2014, basado en información del 2012. En él se explica que Quebec tiene una pesada administración pública, una fiscalidad elevada, programas sociales inabordables, relajadas relaciones de trabajo, vida inferior, menos empleos, etc.

De mi parte diré que es en estas causas, y otras no indicadas, que se deberían concentrar quienes defienden los más profundos intereses de la provincia. Es obvio que cuando hay ruidos nacionalistas, algunas empresas (y muchas personas) comienzan a inquietarse y a pensar en la huída. Por otro lado, el lenguaje, tanto verbal como gesticular, a veces elevado de irritación, que exhiben algunos personeros; o a veces éstos, mostrándose demasiados severos, como  queriendo resolver todo a punta de decretos y penalidades (llámese exigencias con el uso del francés, con el cambio de nombres de marcas al francés, con excesivas reticencias al inglés, cuando muchos la consideran la lengua de los negocios, etc., etc.), todas estas diligencias no siempre dan resultados, especialmente con aquellos espíritus libertarios.

No caigamos en soluciones al estilo del centro de jóvenes de Laval: cerrando la puerta con llave, para que nadie se fugue.

Víctor Hugo Ortiz
victor@noticiasmontreal.com

Economista de formación y periodista de vocación. Estudió en Chile, Perú y Venezuela. Trabajó en los periódicos La Gaceta y La Industria de Perú y colaboró para los diarios La Prensa de Perú ...

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