jueves, 17 de marzo de 2016

La historia de Nicolás Montoya, declarado como «no admisible» para ser residente permanente de Canadá

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Canadá
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Foto: Captura de pantalla / YouTube

Casi cuatro años tiene la familia Montoya en Canadá. Los cuatro costarricenses llegaron a Toronto, Ontario, en junio de 2012, luego de que Felipe, antropólogo y académico, recibiera y aceptara una oferta para trabajar como profesor en la Universidad York. Alejandra, su esposa, siendo también antropóloga, decidió irse por las ramas culturales y comenzó a dar clases de flamenco, un trabajo que comparte con el de ser madre 24/7, de Tania (17 años) y Nicolás (de 13).

En estos cuatro años la familia Montoya ha vivido gratas experiencias, gracias a la ventaja de no sólo tener empleo en sus áreas, sino de vivir con la tranquilidad de saber que tienen un país de origen donde las cosas funcionan, en líneas generales. Costa Rica está entre los países latinoamericanos con mejores indicadores y es de hecho el más feliz de la región, de acuerdo con el reporte más reciente de felicidad mundial.

A pesar de las gratas experiencias en territorio canadiense y el deseo de permanecer en Canadá, la familia Montoya se va. En junio, los cuatro se regresan a Costa Rica, pues el único elemento que han encontrado discordante desde que decidieron instalarse en el país los empuja ahora a decir “nos vamos”: su hijo menor, Nicolás, tiene una condición especial (síndrome de Down), por lo que Inmigración Canadá lo ha declarado como no admisible para tener residencia permanente, a menos que los padres se comprometan a una serie de medidas que garanticen el cuidado del adolescente.

NM conversó con Alejandra para conocer más en profundidad sobre lo ocurrido con Nicolás, un hecho que ha generado titulares en la prensa anglófona canadiense y que ha despertado cientos de críticas entre la opinión pública y las asociaciones que trabajan de cerca con personas con síndrome de Down.

La solicitud y la respuesta de Inmigración Canadá

Una vez llegado el momento de solicitar la residencia permanente (ambos tenían previamente permisos de trabajo), la familia Montoya recibió el primer indicio de que el trámite podría ser complicado. “La persona que nos estaba asesorando nos hizo esta salvedad: ‘puede ser que tengan problemas por el caso de Nicolás’, pero nosotros no le creímos, porque este es un país de primer mundo”, narra Alejandra sobre cómo ocurrió todo.

La solicitud de residencia permanente de los cuatro miembros de esta familia marchó con toda normalidad. Llegado el momento, Inmigración Canadá solicitó los exámenes médicos. “Todos salimos muy bien, incluso Nicolás”, cuenta Alejandra, agregando que en el caso del niño solicitaron exámenes adicionales mientras el proceso continuaba.

Foto: Felipe y Nicolás Montoya

Foto: Felipe y Nicolás Montoya

Las advertencias sobre las complicaciones continuaron, pero los Montoya tenían esperanzas en que no había motivos para que su solicitud de residencia permanente se viera afectada por la condición de Nicolás. Sin embargo, el pasado 3 de marzo Inmigración Canadá envió una nota oficial informando sobre la no admisibilidad del niño. En la carta, se lee específicamente lo siguiente:

“Sobre la base de una revisión de su expediente, parece que usted o un miembro de su familia no cumple con los requerimientos para migrar a Canadá. He determinado que el miembro de su familia, Nicolás Montoya, es una persona cuya condición de salud podría, razonablemente, causar una excesiva demanda de los servicios sociales en Canadá”.

La excesiva demanda que Inmigración Canadá estima podría generar Nicolás es argumentada por el hecho de que, según sus cálculos, el niño necesitaría servicios anuales por un monto de entre 20.000 y 25.000 dólares, cuando el requerimiento per cápita anual estimado por las autoridades oficiales es de unos $6.387. Según sus evaluaciones, Nicolás, de 13 años, “actúa como un niño de 3 años”.

“Concluyo que el aplicante es inadmisible bajo la Sección 38 (1)(c) de la Ley de Inmigración, que prevé que ‘un extranjero es inadmisible en términos de salud si su condición de salud puede generar razonablemente una excesiva demanda del sistema de salud o los servicios sociales”.

En la misma carta, Inmigración Canadá advierte que antes de tomar una decisión final, la familia Montoya tiene la posibilidad de demostrar que tiene un plan para cubrir las necesidades del niño y que pagará por los servicios adicionales que Nicolás requiera. La decisión de la familia ha sido no firmar dicha declaración, por lo que su solicitud de residencia permanente será negada y ellos regresarán a Costa Rica.

“Decidimos irnos para Costa rica. Han sido dos años de incertidumbre. Estamos desgastados emocionalmente. No vamos a firmar esta declaración de Willness,  pues es aceptar lo que ellos nos están proponiendo”.

Foto: Captura de pantalla / YouTube

Foto: Captura de pantalla / YouTube

Para Alejandra lo que está ocurriendo con Nicolás es discriminatorio y contradice la propia Carta Canadiense de Derechos y Libertades, que vela y promueve por los derechos de todos los ciudadanos. “Nicolás es un niño sano, que no actúa como un niño de 3 años. Practica taewkondo, flamenco, natación, le encanta el fútbol y es muy querido en la escuela por ser supercolaborador”, comenta.

El apartado 15 de la Carta de Derechos y Libertades de Canadá establece que: «todos son iguales ante la ley y ésta se aplica igualmente a todos, y todos tienen derecho a la misma protección y al mismo beneficio de la ley, independiente de toda discriminación, especialmente de discriminación fundada en raza, origen nacional o étnico, color, religión, sexo, edad o deficiencias mentales o físicas».

“Yo después de estos tres años de estar decepcionada y cansada me quiero ir a mi país, donde sí se respetan los derechos humanos, aunque el apoyo recibido me ha levantado el ánimo y quiero defender los derechos de las personas con síndrome de Down”.

Esto sin dejar de mencionar que lamentan el hecho de que la opción que se dé sea exigir un plan y garantizar más recursos, aun cuando se trata de una pareja trabajadora que durante sus años en Canadá han pagado sus impuestos, es decir, son también contribuyentes, lo que debería garantizar la cobertura de cualquier requerimiento médico que la familia tuviera.

La lucha, asegura Alejandra, continuará aun cuando regresen a Costa Rica. Ésta empieza por eliminar el estigma que existe en torno a las personas con síndrome de Down. “Ellos no son enfermos”, asegura la madre, indicando que son personas con una condición especial, pero muchos de ellos gozan de una salud plena.

Para la familia Montoya también es necesario modificar las leyes de inmigración de Canadá de tal manera de eliminar estas cláusulas calificadas como discriminatorias.

Hay una petición en change.org para reunir firmas y así pedir a al Gobierno de Canadá que revise la Ley de Inmigración y Protección a Refugiados.

La familia Montoya tiene planificado regresar a Costa Rica a finales de junio de este año, desde donde esperan que Felipe continúe colaborando con la Universidad York y mantener la lucha para que Nicolás sea declarado como admisible a ser residente permanente de Canadá.

María Gabriela Aguzzi V.
gaguzzi@noticiasmontreal.com

Periodista. Las calles de Caracas, Venezuela, me llevaron a escribir sobre nuestras comunidades, una pasión que también he compartido en Montreal. Luego me especialicé en periodismo económico. Hoy...

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