domingo, 10 de abril de 2016

Elecciones en Perú

Publicado en:
Entre Fronteras
Por:
Temas:
bandera peruFoto: Flickr - nattydreaddd (CC)

I.

La alternabilidad

En estos tiempos de tantas falsas democracias, o de democracias convertidas en remedos de aristocracias debido a que sus gobernantes devienen en nuevas clases privilegiadas; o de «democracias dictatoriales», que es la nueva ola para apernarse en el poder, es un gran alivio y un motivo de celebración que en Perú se arribe este domingo a un periodo más de transición en el ejercicio del gobierno.

Aunque muchos tendrán sus críticas sobre la calidad de la democracia peruana, o de la democracia en general (algunas de esas críticas podrán ser bien fundadas, otras serán sólo debidas a razones ideológicas, lo que los llevará siempre criticar el modelo), lo que resaltamos aquí es el hecho puro y simple que un presidente le entregue la banda a un sucesor elegido libremente, en el tiempo que estaba señalado.

La alternabilidad, es para mí el más sublime de los principios del modelo democrático.

II.

Breve reseña del actual período democrático peruano

Para no ir muy lejos, diremos que desde 1968 hasta 1980, Perú estuvo bajo la egida militar; primero, por el liderazgo del general Juan Velasco Alvarado, quien impuso su revolución que tenía por slogan: «Ni capitalista ni comunista, sino comunitaria». Un régimen que se vendió muy bien, en una época que estaba de moda ser «revolucionario» y mejor aún si se trataba de un militar. Velasco Alvarado, fue reemplazado en la segunda fase del régimen (1975) por el general Francisco Morales-Bermúdez, quien a decir verdad, comenzó a desmontar lo que había montado Velasco, lo que constituyó el preludio del retorno a la democracia, que se produjo en 1980.

Desde entonces, se han sucedido ocho periodos presidenciales, siete completos y uno provisorio: Fernando Belaúnde Terry, en 1980; Alan García, en 1985; Alberto Fujimori, en 1990; repitió Fujimori en 1995, y aún forzó un tercer mandato consecutivo que lo ganaría con fraude, por lo cual no sobrevivió, renunciando y dando paso a un transitorio gobierno del presidente del Congreso, Valentín Paniagua. Este periodo nos mostró el pasaje por la vida política del país, de un Fujimori, ilustre desconocido, a una estrella fulgurante, tras devastar al grupo terrorista Sendero Luminoso, y restablecer el crecimiento económico (en 1995) que venía por debajo de los suelos tras la desastrosa gestión de Alan García; para luego mostrarnos a un Fujimori bañado en corrupción junto a su acólito Vladimiro Montesinos, y con grandes trazas despóticas.

Después de esta extraña era fujimorista, Alejandro Toledo arribó al gobierno en el 2001; luego en el 2006, vino otra vez Alan García, quien salió electo probablemente para evitar que ganara Ollanta Humala, entonces ruidosamente apoyado por el presidente venezolano Hugo Chávez. Finalmente, en el 2011, Humala logra acceder al gobierno, tras vencer a la hija de Alberto Fujimori, Keiko Fujimori.

III.

Humala y la institucionalidad democrática

He quedado sorprendido, y en cierto modo aliviado, del desempeño de Ollanta Humala. Un hombre a todas luces de pocas palabras, pero para algunos también de poco hacer. Su propia familia -su padre, su hermano preso Antauro, o Ulises- habrían deseado que su gestión estuviera imbuida por los principios etnonacionalistas que siempre han impulsado. Pero no, el enigmático militar prefirió mantenerse en bajo perfil, lo cual me parece fue muy conveniente para la estabilidad política y el crecimiento económico peruano.

Recuerdo que por tratarse de un militar, con ideas excesivamente regionalistas rayando en el chovinismo, y su aparente compromiso con Hugo Chávez (que es probable que lo haya habido, pero que supo sacudirse a tiempo) parecía que pudiera tentarse a seguir la trayectoria de los gurús venezolanos, lo cual habría sido destrozo para el Perú, como lo es el modelo para Venezuela.

Aunque Humala se hizo rodear en los cuarteles de gente de su promoción y de su confianza, no cayó en tentaciones totalitarias. En lo político pudo sortear (o quizá le falló la estrategia) los devaneos de continuidad a través de su esposa Nadine Heredia, quien habría sido un hueso duro de roer en estas elecciones, si no fuera porque ella misma se enredara en una retahíla de escándalos que la apartaron del juego político.

IV.

Crecimiento y estabilidad política

Tras el tropiezo a la democracia que se produjo al final de la era fujimorista, la estabilidad política en líneas generales ha venido reinando en el Perú. Igualmente su crecimiento económico a tasas elevadas que ha sorprendido gratamente a todo el mundo. Organismos, como el FMI, señalan al Perú como una de las economías más pujantes de América Latina; y varias calificadoras de riesgo le han elevado su puntuación, como Moddy´s que pasó de una nota de Baa2 a A3.

V.

Pero, los viejos problemas siguen intactos

A pesar de lo dicho, el Perú sigue anidando los mismos viejos problemas. Y para colmo estos problemas siguen siendo la materia prima de los ofrecimientos de los políticos de todas las toldas.

La verdad es que el crecimiento económico, si bien ha permitido que muchos que no tenían trabajo ahora lo tengan, y que éstos ahora puedan acceder a productos o servicios a los cuales antes no podían, de allí a disfrutar de una verdadera riqueza relativa, dista mucho. Lo cierto es que el crecimiento ha ahondado las diferencias entre ricos y pobres. Este es un fenómeno sobre el cual los críticos del capitalismo tienen razón y compromete a todos los países desarrollados y a los que comienzan a desarrollarse. Es cierto que las diferencias siempre han existido, y seguirán existiendo. De lo que se trata es de acortar dicha brecha excesiva, sobre todo cuando aún hay mucha pobreza y miseria en un país, como es el caso de Perú, y últimamente agravado por un incremento del delito común, tanto velado como abierto.

Mitigar las diferencias es tarea del Estado, y no solo de un gobierno. Es tarea de todos los poderes y de los organismos que los secundan. En este contexto es probable que en el Perú, como en otros países con iguales problemas, no se haya hecho hasta hoy gran cosa sobre este aspecto, a pesar de las promesas electorales. Pero hay que tener cuidado de las formulas al estilo Robin Hood (vale decir quitarle al rico, para darle al pobre), ellas no hacen más que destruir las fuentes de riquezas o de empleo, y al final todos pierden.

Solucionar los viejos problemas, y los nuevos derivados del estancamiento o el crecimiento, es tarea para el futuro inmediato. Y, sin duda, es una ocasión propicia para ponerlos en primer plano cuando se trata de elegir a un nuevo gobierno, como es el caso hoy de Perú.

Buena escogencia.

Links recomendados:

Víctor Hugo Ortiz
victor@noticiasmontreal.com

Economista de formación y periodista de vocación. Estudió en Chile, Perú y Venezuela. Trabajó en los periódicos La Gaceta y La Industria de Perú y colaboró para los diarios La Prensa de Perú ...

Artículos relacionados

thumbnail
hover

Optimistas veremos la construcción de un...

¡Hola a todos! A los que alguna vez me conocieron o me permitieron ayudarles a encontrar su casa o apartamento donde vivir y ser feliz. Tam...

thumbnail
hover

COVID-19: más de 4 000 casos...

En Quebec hay 3 430 casos confirmados de COVID-19, de acuerdo con la información que dieron las autoridades provinciales este lunes. De ese...

thumbnail
hover

Yo soy el lanzador más lento...

De niño, como casi todos los muchachos del vecindario, me gustaba el béisbol. Jugar en una calle ciega cercana a mi casa era la más impor...