miércoles, 22 de junio de 2016

Un acto totalmente reprochable

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Entre Fronteras
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Foto: Captura de pantalla / Facebook / Fierté Montréal

Los  hechos protagonizados por Esteban Torres, de alguna manera, nos obligan a decir algo, y acaso fijar una posición.

Alguna vez, y por otros asuntos, algunas personas nos dieron a entender que tratándose de un miembro de nuestra comunidad debemos asumir su defensa per se, trátese del delito que sea. Eso no es así, necesariamente. En el caso de Esteban Torres, el asunto es claro. Él ha cometido un acto totalmente reprochable.

Aunque no pretendemos asumir aires de inquisidores, pero sucede que en NM Noticias nos esforzamos día a día por enaltecer lo mejor de nuestra cultura latinoamericana y de su gente. De tal manera que actos como los protagonizados por Torres (nacido en Montreal y de origen venezolano) empañan nuestra labor, empañan a nuestra comunidad y empañan a los inmigrantes.

Torres, en su corta edad de 20 años, ha demostrado tener cualidades para superar sus propios retos de vida, como el hecho –relatado por él mismo– de haber sido «declarado» mujer a su nacimiento, pero que en su desarrollo se sintió siempre como hombre. Por otro lado, le tocó vivir durante un par de años en el centro de rehabilitación famoso por las fugas de sus inquilinos, el llamado Centre jeunesse de Laval. Allí Torres también experimentó su fuga.

Esteban Torres tuvo la oportunidad y el valor de testimoniar en la Asamblea Nacional de Quebec, el 15 de abril del 2015, exponiendo su caso y tratando de sensibilizar a los diputados para que establezcan las modificaciones a la legislación sobre los cambios de nombres relativos al sexo, discutidas en el marco del proyecto de ley 35. Ya Torres recibió su confirmación para su cambio de nombre.

Finalmente, en la vigilia por las víctimas de Orlando del jueves 16, en Montreal, ante una muchedumbre, otra vez Torres consiguió que le diesen la palabra, a pesar que no estaba previsto en el programa. Habló en el mismo estrado donde estaba a pocos metros el primer ministro de Quebec, Philippe Couillard, algunos ministros y otras autoridades. Pero allí, Torres, súbitamente, destruyó de un solo plumazo -o tal vez habría que decir de un «papelazo»- todo lo que había logrado, y de paso, como dicen los organizadores, «arruinó» una manifestación pacífica, convocada precisamente para protestar contra la violencia. El suceso ha recibido el repudio de la clase política y de miembros de la sociedad quebequense; y la prensa local lo ha abordado ampliamente. Un titular de un medio decía así: «Con el odio en los pulmones».

La agresión de Torres ocurrió apenas unas horas después que otro hombre «con el odio en los pulmones», asesinara en la vía pública a Jo Cox, diputada inglesa por el Partido Laboral, cuando tenía sólo 42 años; y a pocas horas también que el grupo terrorista Estado Islámico, sembrara la zozobra en 151 canadienses, tras publicar su «lista de la muerte».

Es verdad que Esteban Torres con su pequeño trozo de papel apuñado que le lanzó al primer ministro de Quebec no le habría provocado su muerte, pero lo que cuenta es el gesto. Su más absoluto desprecio por la autoridad, por sus instituciones y por la sociedad que ha acogido a uno de sus ancestros. La sociedad quebequense, y la canadiense en general, pueden no ser perfectas, pero no han llegado hasta aquí de gratis, les ha costado mucho, como para que se la quiera destruir por razones personales, o de un pequeño grupo, sin causas realmente justificadas.

Ahora bien, ¿quién es Torres? Lo que sabemos es lo que está hoy en todos los medios; pero sabemos poco de sus motivaciones profundas. ¿Acaso sólo se trata de un joven, que teniendo buenas razones para protestar contra el mundo se vio picado por ese bicho que ha existido toda la vida, y nosotros mismos lo hemos experimentado, que es el de la rebeldía juvenil? ¿O acaso pertenece a aquellos en quienes la picadura se ha trasmutado en «envenenamiento», tras mezclarse con ideologías que profesan la violencia, con lemas políticos, segregacionismos, luchas de clases, y sentimientos viscerales, creando un cóctel peligrosos que los hacen hasta despreciar sus propias vidas, y con mayor razón las de los demás?

Cualquiera sea la situación, Esteban Torres deberá ahora asumir ante la justicia las consecuencias de su proceder. Creemos, que a pesar de todo, el gobierno y la sociedad quebequense serán benévolos con él (que no significa que lo van a perdonar), y probablemente no será acusado penalmente, sino civilmente, porque así es esta sociedad que el mismo beneficiado por ella no alcanza a comprender.

Víctor Hugo Ortiz
victor@noticiasmontreal.com

Economista de formación y periodista de vocación. Estudió en Chile, Perú y Venezuela. Trabajó en los periódicos La Gaceta y La Industria de Perú y colaboró para los diarios La Prensa de Perú ...

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