viernes, 30 de marzo de 2018

Un viaje de regreso (tercera parte)

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VenezuelaFoto vía Pixabay

En esta tercera entrega quisiera seguir testimoniando cómo está viviendo el que se quedó. El que sigue en Venezuela. No estamos aislados de esos hechos: lo vemos en las redes sociales, lo escuchamos de nuestras familias y a pesar de que estamos afuera, a veces recibimos más información que los que están en el país.

Yo lo viví por dos semanas: las necesidades básicas de cualquier ciudadano no están cubiertas, la espiral inflacionaria hace que los ingresos se destinen en su mayoría a tratar de comprar alimentos, las medicinas quedan por fuera, sea por escasez y/o por alto costo, los servicios en su totalidad afectados, la seguridad no es tema de primera prioridad ni la salud, de allí en adelante las proyecciones son espeluznantes….en general pareciera que no hay nada que hacer, la Venezuela que conocíamos ya no regresa.

Me resisto a esa idea, a pesar de que lo experimenté. Por otro lado, uno de los objetivos de mi viaje era tratar de convencer al que pudiera de que tomara otro camino, pero entendí que es una decisión de vida para cada quien. A mí nadie me obligó a venirme aquí a Canadá, ni salí corriendo y es lamentable la partida de muchos sin ningún horizonte claro. Entonces viene la pregunta del millón: ¿qué se puede hacer?

En mi opinión, creo que un cambio de la estructura económica, política y social es la vía para que el país retome su curso, pero al parecer no va a ser tan radical, mucho menos transparente ni dentro de un marco jurídico respetable; igual pienso que una solución mesiánica, como a la que históricamente estamos acostumbrados, no vendrá en lo inmediato, entonces ¿qué le queda al ciudadano común, al que diariamente vive la escasez, inseguridad y falta de servicios?

Hablaba en mi segunda entrega acerca de la Antifragilidad que “…es más que resiliencia o robustez. Lo robusto aguanta los choques y sigue igual; lo antifrágil mejora.” (Del libro ‘Antifrágil’, de Nassim Nicholas Taleb). Según este autor, esta propiedad de Antifragilidad ha estado presente en los grandes cambios y revoluciones de la historia, ya que permite la adaptación a los diversos estresores en cada situación y si lo relacionamos con el venezolano común, tratar de ser antifrágiles implica aplicar alguna de sus estrategias; una de ellas se enfoca en que se puede ser feliz viviendo con menos. En teoría suena bastante interesante y diría yo que altruista, así como que yo decida no tomarme un café cada vez que pase por la franquicia más conocida de Canadá, esa sería mi opción de Antifragilidad; pero en Venezuela no es una opción, es la realidad de cada día y es una real injusticia. Pero me queda claro también que de esta experiencia aprenderemos y si no, miremos a Chile y sus cambios.

Seguir la tendencia de Antifragilidad entonces para mí sería mirar desde otra perspectiva la situación y con este aprendizaje forjar un cambio para seguir adelante. ¿Qué innovaciones vi en la práctica?  Por ejemplo, en muchos lugares se están valiendo de las transferencias electrónicas (si el internet y la electricidad lo permiten) al momento de cancelar, esto se traduce en que seguimos viendo la oportunidad en la crisis y para mí es buen signo.

Por otro lado, algunos psicólogos buscan tratar la situación como una depresión colectiva, donde se debe tomar cada día a la vez, salir de la rutina, hacer alguna actividad física que pudiera contrarrestar el estilo de vida de la población actual. Esto implicaría que todo aquel venezolano que lucha bajo condiciones de incertidumbre (es lo impactante del momento actual, todos los ciudadanos se han visto afectados en mayor o menor medida) para satisfacer las necesidades básicas de alimentación, vivienda o seguridad, busque llenar espacios con alguna actividad que lo haga producir endorfinas y que lo prepare para la siguiente jornada.

Yo le podría añadir: no olvidar la esperanza, no descartar la alegría y agradecer y valorar lo que tenemos; el compartir con el que menos tiene, tomar en cuenta la responsabilidad social en todas nuestras acciones. En mi viaje de regreso yo encontré otro país y es cierto que cada uno de los venezolanos que estamos fuera puede tener una visión distinta de la situación, pero en general todos estamos extrañando ese país lleno de oportunidades, propicio para el emprendimiento, con las fronteras abiertas para todo el que quisiera crecer, progresar y aportar.

Extrañamos a la familia y a los buenos tiempos, y padecemos de cómo ayudar de alguna manera a los nuestros. Ya no entendemos qué tantos ceros adicionales cuesta cada cosa, como tampoco entendemos cómo siendo un país donde existía un aparato productivo pujante, si bien mayormente de actividad petrolera, también existió la industria alimenticia, producción agrícola, automotriz, de tecnología, con niveles educativos de excelencia, demostrados a nivel mundial y pare de contar, ahora, por los altos niveles de desnutrición, nos comparan con regiones golpeadas históricamente, como África. Pero, aún con todo ese panorama, yo les invito a que no dejemos de soñar en que regrese ese país que queremos.

Soñar y en grande, soñar que volveremos a disfrutar de nuestras playas, de la majestuosidad del Salto Ángel, de los esteros del llano… Soñar que nuestras familias forjadas fuera de esas fronteras visitarán a Venezuela con un español conservado en honor a esa bella tierra y rendirán homenaje a sus orígenes. Y podrán contar orgullosos: “sabes, tus abuelos salieron de este país en momentos muy difíciles, donde nadie creía que la situación mejoraría y hoy ¡aquí estamos!, llevó su tiempo reinventarlo y no fue que hubo una guerra… bueno, sí la hubo, una guerra de intereses políticos que acabó cuando ganó la conciencia, cuando por fin se impuso el acuerdo, cuando nos dolió la tierra”.

Pareciera que mi viaje de regreso termina aquí, no porque el tema de Venezuela se agote, aún quedan muchas cosas por decir. Un amigo me preguntó si era que me regresaba a Venezuela definitivamente y a pesar de que mi familia es importante para mí, y me es difícil manejar el hecho de tenerlos lejos, aún me quedan retos por cumplir aquí en Canadá; como lo dije en mi primera entrega: dominar los idiomas, lograr un empleo fijo, terminar mis estudios, son algunas de las cosas que quiero alcanzar, pero lo más importante es disfrutar el trayecto, bendecir cada día y ver cada dificultad como un reto a superar. Otro amigo me hacía referencia, antes de venirme, de no olvidarnos de la alegría que nos caracteriza, llevar ese “ser chévere” bien en alto y tampoco olvidarnos de nuestro origen, conectarnos con el corazón a esa tierra que nos vio nacer y al mismo tiempo querer a esta nueva tierra que nos recibió.

Hasta un próximo viaje o hasta una próxima entrega.


Las opiniones expresadas en los artículos en Blogs NM son enteramente la responsabilidad de sus autores y no representan necesariamente la opinión de NM Noticias.

Belkys Lozada
belkyslo@hotmail.com

Venezolana, nacida en Valencia y guayanesa de corazón por su infancia transcurrida en Ciudad Bolívar. Inmigrante por voluntad propia, de profesión lic. en Administración, continúa trabajando en s...

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