martes, 21 de agosto de 2018

Hijos inmigrantes: Con la nostalgia en los labios y la esperanza en la voz

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Conquistando horizontes
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Foto: Tim Gouw

En antiguas ediciones hemos hablado de los abuelos viajeros, de su duelo y el convivir en la distancia la relación de familia que se resiste a estar perdida. Esta edición está dedicada a los hijos de esos abuelos que entre culpas, angustias y esperanzas guardan, como si de un secreto se tratara, experiencias que tocan este proceso de ser inmigrante. Muchas veces nos decimos, no… ni le cuento a mi papá, si se entera se muere de tristeza”.

Pero estos abuelos saben, estos abuelos intuyen… Ellos saben que están en nuestras mentes, que no los hemos olvidado, que no hemos dejado de intentar que sigan a nuestro lado. Ellos saben que subimos esta montaña que no tiene cima, que es camino, que es reflexión, que es recuerdo, que es aprendizaje. Esta montaña inmensa llamada inmigración… Ellos nos educaron, nos amaron con su vida misma, dándonos ese pedacito de pan de azúcar remojado en café con leche para  cautivar con dulce el cariño materno; también nos llenaron de valores con la esperanza paterna y en consecuencia, siendo “hijos de madera fina”, cargamos con la lealtad de los recuerdos que quedan fijos en nuestra memoria. Para partir un día por una historia propia, no sin antes recordarnos que nos enseñaron a manejar esta bicicleta que rueda en esta vida de inmigrante, intensa de procesos.

Hoy como sus hijos queremos contarles eso que muchas veces desde la distancia nos guardamos en silencio. Es cierto, hemos venido a nuevas tierras, cargados de sueños, cargados de planes, eufóricos de poder partir, respirando logro por cruzar la otra orilla. Es verdad, al inicio el centro es partir y, al llegar, les hablamos de lo hermoso del paisaje, de las inscripciones en los próximos estudios, del sistema de transporte, de tanta gente diferente en el metro. Como hijos queremos mostrarle que valió la pena y que todo está bien…Sin embargo, pasado los meses de llegada, el proceso de integración obliga a adecuarnos a una realidad diferente a la que conocíamos y es desde esa realidad –a veces cruda- que se inicia una nostalgia, que varía dependiendo de los estilos de personalidad de cada quien.

La realidad de lo cotidiano al ser inmigrante se impone y en la mayoría de los casos nos vemos plenos de diligencias y estrés por cumplir con las exigencias gubernamentales, sociales y ambientales. Vemos personas corriendo por culminar todo el papeleo en el menor tiempo posible; vemos a otras corriendo por inscribirse en todos los recursos posibles y podemos ver a otras que perciben el proceso como angustioso y paralizante. No todas las personas respondemos igual, y cada quien tiene una capacidad que depende de sus recursos y habilidades previas; es esa bicicleta para montar esta montaña llena de caminos desconocidos, frente a un ambiente completamente diferente al que conocíamos. En este momento los vemos como retos, metas a cumplir, pero cuando aparecen obstáculos, las cosas pueden complicarse.

Una de las cosas que no mencionamos a estos abuelos, y que es una emoción frecuente en este proceso, es el hecho de tener miedomiedo a fracasar. Es un miedo que toma territorio frente a la posibilidad de tener que perder y nada más cierto, en este proceso de reconstrucción de una vida, que perder se hace parte del proceso de ser inmigrante. Cada vez que hay una elección hay una pérdida y es, frente a la pérdida, que nace el duelo… Así, vivimos esa nostalgia por las elecciones tomadas, la partida de la familia, de los amigos, de las viejas rutinas familiares perdidas en un pasado que no tiene cómo regresar.  No ha de extrañarnos historias donde el inmigrante comienza a ubicar en los nuevos conocidos a alguien que es igualita a su hermana, a su tía, a su mejor amiga y se frustra cuando se da cuenta que no responde como ella espera, pues esa persona que es igualita no es esa tía…entonces se vive una decepción y con suerte una aceptación de que un duelo por ellos se ha instaurado.

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A veces les contamos sobre otra raíz de duelo, una que responde más a un sentimiento relacionado con  la frustración del inmigrante. La frustración frente a la dificultad de adaptarse a las limitaciones de una nueva lengua. Se extraña poder expresarse en la lengua de origen, en defender ideas, en asumir  posiciones con todas sus comas y todos sus puntos, en afrontar conflictos con la misma fluidez que en la lengua materna. Esto, en ocasiones, nos hace inhibidos de enfrentarnos a ciertas situaciones por temor a no dar la talla o a ser criticados. El aprendizaje de los idiomas puede ser generador de angustias y decepciones.

Recuerdo una historia de otro tipo de duelo, el de la cultura perdida. Los hábitos y valores no tienen las mismas prioridades en las diversas culturas, la comida, los bailes… los rasgos de personalidad. Extrañamos eso que nos caracteriza y nos define, como sureños, latinos, africanos, etc. En este caso recuerdo una historia de una abuelita caribeña  que visita una ciudad en Canadá y no podía entender cómo todo era tan silente y calmado en el autobús. En el metro no  había risas estruendosas, nadie estaba hablando fuertemente por el celular y en la calle hasta los perros eran silentes y educados…Está claro que, la cultura marca nacionalidades y no es conveniente vivir en soledad desde una multiplicidad étnica. Extrañamos la cultura de origen y los grupos de pertenencia, por lo que necesitamos tiempo para adaptarnos a aceptar la cultura del otro que es tan válida como la nuestra. Siempre y cuando, claro está, no vaya en contra de los derechos humanos, pero eso es otro tema.

Para países como Canadá, el duelo por la tierra suele ser el más frecuente en las diversas etnias que les toca adaptarse a temperaturas extremas, donde el paisaje cambia de forma importante afectando la readaptación psicológica y física del que migra. El duelo por la tierra materna no solo es por el efecto del clima sobre la persona, es también por el efecto psicológico de esa tierra madre que provoca nuestra identificación con los orígenes y las raíces.

Confesar a los padres que el estatus social y económico ha cambiado para iniciar los pasos en nuevas tierras es de las partes más difíciles. En ocasiones es vivido con cierto sentimiento de frustración y fracaso de cómo después de ser un profesional reconocido, el inmigrante debe adaptarse a trabajos dignos pero para nada comparados a su estatus anterior. En algunos casos, es un golpe a la autoestima que ataca duramente al inmigrante. En la sociedad actual, el poder dado al dinero y al estatus llega a niveles elevados. En ocasiones el dinero compensa las frustraciones y son sinónimos de poder que sustituyen la identidad real de la persona. En consecuencia, perder lo que se ha obtenido y comenzar de cero es de los retos más intensos. Es reactivar una nueva mirada al interior de lo que somos, lo que fuimos y de lo que queremos ser. Es un duelo como el duelo del adolescente que se cuestiona qué quiere y a dónde quiere llegar. Ser mejor que antes, llegar a tener al mismo nivel que se tenía, son preocupaciones que afectan las relaciones de parejas y a hombres y mujeres por igual… Sin embargo, no olvidemos que el tiempo pasa, y los procesos de adaptación se instalan.

Hemos resumido muy rápidamente algunos de los elementos asociados al duelo en el proceso migratorio. Si comenzamos por aceptar que existe un cambio y que en este cambio hay decisiones que tomar, tendremos más claro que todo cambio nos lleva a un duelo, el cual variará en intensidad y forma. Existen diferentes duelos del inmigrante, a algunas personas les afecta más que a otras, por lo que dependen de sus capacidades y fortaleza psicológica. Está comprobado que no todas las personas que viven grandes eventos de estrés responden igual. Cada duelo es un proceso, sea un duelo sencillo o agudo. Lo real es que es un trayecto que bien llevado nos permitirá estar en un nuevo proceso de crecimiento. Y por lo general terminamos más fortalecidos y resilientes

Si estos procesos les preocupa no dude en pedir ayuda. Existen especialistas para apoyar y en ocasiones prevenir antes que grandes crisis aparezcan.

Mi mayor respeto por ustedes.

Por cualquier duda o comentario pueden escribir a kaisorak@hotmail.com o llamar al 514-967-2510.

Kaisorak Madriz
kaisorak@hotmail.com

Siguió sus estudios en Venezuela y está acreditada en Quebec. Articulista y conferencista en el campo de escuela para padres, intervención en crisis e inmigración. Entre sus talleres más conocido...

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