lunes, 4 de febrero de 2019

Difíciles y definitivas tareas a emprender por el Grupo de Lima

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Entre Fronteras
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La situación tensa que se vive en Venezuela y el compás de espera en el que se ha entrado, está trayendo consigo mucha inquietud en la gente de todas partes, y toda una suerte de especulaciones sobre el futuro inmediato de ese país.

De un lado está la tranquilidad y el optimismo que infunde Juan Guaidó, el presidente interino, quien además ha demostrado temple y madurez para empezar a manejar la peor crisis de la que se tenga conocimiento en Venezuela; y del otro lado, están los peores escenarios que se bosquejan, sobre todo aquellos que hablan de un «inevitable» enfrentamiento.

Los venezolanos opositores al régimen han demostrado una y otra vez que no quieren la confrontación, y eso tal vez haya alimentado las ínfulas de «eternidad» y prepotencia de la que hacen gala los jerarcas del régimen.

Se sabe que al lado de Maduro están aún las Fuerzas Armadas. Pero detrás de él, están otras fuerzas ocultas en cierto modo, como los cubanos, cuyo número exacto no se sabe (en algún momento Luis Almagro, secretario general de la OEA, dijo que eran 22 mil); están también varias bandas peligrosas, como la de los carteles de la droga, los disidentes de las FARC colombianas, los guerrilleros del ELN colombiano también, los grupos iraníes, los de Hezbolá y los rusos. En esta enumeración, no se puede dejar de lado a los «motorizados», dirigidos desde Miraflores y que hacen estragos a su paso;  y también están los delincuentes comunes, que se comportan más virulentos que nunca, gozosos ante la falta de autoridad, y que con su accionar contribuyen con el régimen a sembrar ese ambiente de terror y de encierro temprano en sus casas por parte de la población venezolana, en una suerte de implícito «toque de queda».

Ante este descrito panorama, tan peligroso para Venezuela como para la región,  ¿no se estará dando muestras muy tempranas de un triunfo que aún no se ha concretado? El régimen, a pesar de todo, sigue en Miraflores y no se sabe si se irá por las buenas, o por las malas.

Por lo tanto es de suponer que la salida de Maduro será el principal punto a discutir por parte de los integrantes del «grupo de Lima», que este lunes se reúnen de emergencia en Ottawa, Canadá. El análisis de este punto traerá consigo discutir la tan temida intervención militar externa, básicamente liderada por los Estados Unidos, que no forma parte del Grupo de Lima. Las declaraciones hechas por vicepresidente estadounidense, Mike Pence, y el secretario de Estado, Mike Pompeo, así como las del asesor de Seguridad de la Casa Blanca, John Bolton, parecen indicar que no dudarán en dar órdenes a sus marines para ir tras Maduro y varias otras fichas del chavismo para llevárselos hacia Guantánamo.

Se ha dicho que todas las opciones están sobre la mesa; es de suponer que esto incluye la utilización de la fuerza. Pero tal vez es diferente cuando se trata de una fuerza externa. Al respecto, ya el canciller de Perú, Néstor Popolizio, ha sido enfático al decir, que el Grupo de Lima se opone a una intervención militar; e inclusive las bases firmadas por los miembros del «grupo», no contemplan esta medida, sino las de la «negociación», el «consenso» y el restablecimiento «pacífico» del conflicto. A pesar de ello, debería haber estado claro entre los miembros del grupo, al empezar apoyar a la oposición, que esta opción llegaría en cualquier momento a ocupar sus agendas; y ojalá que la decisión a la que lleguen no divida al grupo y no contribuya a desalentar los esfuerzos del pueblo venezolano.

Debería estar claro, asimismo, que el «diálogo», que es una herramienta civilizada para resolver un conflicto pacíficamente, ha sido adulterado una y muchas veces por el gobierno chavista-madurista. Este gobierno no sabe respetar acuerdos y famosos diálogos los utilizó para ganar tiempo y reacomodar sus fuerzas para combatir precisamente las demandas de la oposición. El único diálogo posible hoy en día es el de «negociar» la salida del dictador, en aras de evitar un conflicto mayor. Pero esa opción tiene que tener  un límite en el tiempo.

Debería estar claro por otra parte, que a estas alturas que pedirle a Maduro que «convoque a elecciones», no es más que una estrategia para seguir manteniéndolo en el poder.  Bajo la égida del régimen chavista-madurista, es imposible tener elecciones fiables, porque no sólo el poder electoral está corrompido, sino que también lo está el poder judicial, que lo respalda. En las oficinas del Consejo Electoral hay que reorganizarlo todo, empezando por agarrar el padrón electoral y tratar minuciosamente de entenderlo, porque nadie sabe cuántos electores hay realmente en Venezuela, no se sabe cuál es impacto de las nacionalizaciones «exprés», de los muertos que votan, o de los vivos que aparecen muertos, o de los mudados a última hora hacia otras circunscripciones. Así podríamos seguir con un largo etcétera, y no terminaríamos tan rápidamente.

Víctor Hugo Ortiz
victor@noticiasmontreal.com

Economista de formación y periodista de vocación. Estudió en Chile, Perú y Venezuela. Trabajó en los periódicos La Gaceta y La Industria de Perú y colaboró para los diarios La Prensa de Perú ...

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